Histórico
1 mayo 2010Ariel Judas

Paraguayos bonaerenses en el Mundial

El fútbol del continente americano está más acostumbrado a cumplir el rol de exportador que el de importador de talento. Sin embargo, desde el inicio de la clasificación al Mundial en la zona CONMEBOL la federación paraguaya parece haber optado por la captación de jugadores nacidos en Argentina (con o sin vínculos tangibles con la patria guaraní) para llegar a la cita de Sudáfrica con el equipo más competitivo que esté a su alcance.

Néstor Ortigoza puede ser calificado con toda justicia como uno de los mejores futbolistas del presente Torneo Clausura de Argentina. A partir del buen juego que Claudio Borghi imprime a Argentinos Juniors, el volante central se ha convertido en el objeto de deseo de River y Boca, los dos colosos que buscan comenzar el Apertura con nuevos aires. Ortigoza nació en San Antonio de Padua -una ciudad del Oeste del extrarradio de Buenos Aires- pero desde hace aproximadamente un año es legalmente ciudadano de Paraguay, gracias a los vínculos que lo unen a ese país por vía paterna. El mediocentro que estuvo muy cerca de defender los colores de la selección del país en el que nació hoy -tras haber jugado dos partidos oficiales con la Albirroja- se proyecta como un probable titular en el equipo guaraní que jugará el próximo Mundial.

En la plantilla del Wolfsburgo hay un futbolista porteño. Pero que a los efectos legales y federativos no computa como argentino. Es el volante Jonathan Santana, quien en 2007 obtuvo la ciudadanía de su madre, pese a haber nacido en Buenos Aires y a haber desarrollado prácticamente toda su carrera en clubes de Buenos Aires. Desde la última Copa América, Johny ha sido regularmente convocado por Gerardo Martino para jugar en la selección de Paraguay.

Jonathan Fabbro es un mediocampista nacido hace 28 años en la capital argentina, y que a lo largo de su carrera ha pasado por equipos de Brasil, España, México, Chile y Colombia. En 2007 llegó a la primera división de Paraguay, donde fue contratado por el Guaraní. Un año más tarde el jugador que debutó en Argentinos Juniors vivió una de sus mejores temporadas como profesional a fuerza de goles, de buenas actuaciones y de su regularidad. En ese momento, a instancias de las autoridades del club -y con el guiño de la federación guaraní-, Fabbro inició las gestiones para adquirir la ciudadanía paraguaya. El proceso finalizó con éxito el pasado 24 de Marzo.

Clorinda es una ciudad de la provincia argentina de Formosa. Allí nació Sergio Aquino, un polifuncional futbolista que desde hace años juega para el Libertad de Asunción. El volante del equipo gumarelo, ciudadano paraguayo por adopción también, es otro de los extranjeros que es tenido en cuenta por Tata Martino para los compromisos de la selección.

Este cuarteto kurepa (la palabra guaraní que -a veces de manera irónica, a veces con afecto- sirve para identificar al argentino) cuenta con serias opciones de representar a Paraguay en la Copa del Mundo, si se confirman los rumores que desde hace semanas circulan en ese país. Y el componente Made In Argentina seguramente aumentará cuando la federación publique la lista de sus 23 jugadores con la más que segura inclusión de Lucas Barrios, el delantero del Borussia Dortmund que -de una manera bastante rocambolesca- es desde hace apenas unos días seleccionable para la Albirroja.

La campaña de clasificación al Mundial de la selección paraguaya (brillante, especialmente en la primera mitad) tuvo en la actuación del delantero Salvador Cabañas una de sus bazas más potentes. Chava estaba llamado a ser un jugador destacado en Sudáfrica 2010, pero el atentado que casi le cuesta la vida ha dejado su carrera profesional en suspenso. La baja del goleador del América de México supuso (supone aún) un durísimo mazazo para el hincha guaraní. Más allá de los logros de jugadores como Tacuara Cardozo o Roque Santa Cruz en Europa, Cabañas ha sido una pieza clave en el entramado preparado por Gerardo Martino sobre el terreno de juego, sino que a lo largo de la eliminatoria ha actuado como alma mater del equipo nacional.

El vacío sensible que dejará el delantero de las Águilas en la selección no pudo encontrar mejor relleno que el aportado por la federación paraguaya con el fichaje de Lucas Barrios. La Pantera, un hombre-récord del gol en las últimas dos temporadas, es uno de los mejores premios consuelo que cualquier equipo mundialista podía conseguir prácticamente en la escalerilla del avión que lleva a Sudáfrica. El delantero primero se cercioró de que Diego Maradona no contaba con él para la Albiceleste. Luego coqueteó con la selección de Chile, un país en el que Barrios recibe el trato de figura tras su brillante paso por el Colo Colo. Pero la aparente falta de interés de Marcelo Bielsa, y algún obstáculo legal que se interponía entre el jugador del Borussia Dortmund y el pasaporte del país austral acabaron por frustrar el intento.

La necesidad, algún hecho desafortunado, y el espíritu mercenario de algunos futbolistas han posibilitado que hoy hasta cinco jugadores nacidos en Argentina puedan jugar la Copa del Mundo con la selección de Paraguay. Cuestiones filiatorias y administrativas aparte, no me gusta demasiado la idea de que esto suceda. Pero si muchas selecciones de Europa lo han hecho con anterioridad, está claro que la federación guaraní (que ha demostrado ser dueña de una gran capacidad de persuasión) y los jugadores que la representan están en todo su derecho de mantenerse y profundizar en esta materia, en la que los equipos nacionales sudamericanos han sido hasta ahora una suerte de terreno virgen.

Muy cerca de la frontera entre Argentina y Paraguay, en la capital de la provincia de Formosa, hace algo más de dos décadas nació Raúl Bobadilla, un delantero que se formó en la cantera de River Plate, pasó por el fútbol de Suiza, y que ahora es uno de los jugadores más destacados del Borussia Mönchengladbach de Alemania. Hace apenas unas semanas alguien dejó caer en México que la madre del delantero es mexicana, y que los ejecutivos de la FEMEXFUT seguían de cerca la evolución de un futbolista bastante interesante, y que comenzó a ser presentado a la afición azteca como una suerte de arma secreta de Javier Aguirre para el próximo Mundial.

Tan potente fue el rumor que el secretario técnico de la federación mexicana, Néstor de la Torre, llegó a admitir que se tenía controlado a Bobadilla, de quien se dijo incluso que contaba con el pasaporte del país norteamericano, lo que podría haber hecho mucho más sencilla su incorporación a la selección. Nadie sabe a ciencia cierta quién hechó a rodar esta versión. Tampoco se sabe exactamente por qué De la Torre dijo lo que dijo (¿Miedo al ridículo, tal vez?). Lo concreto es que hace apenas unos días atrás el atacante habló con la prensa para desmentir en primer lugar que tuviera cualquier tipo de lazo familiar con México, y en segundo término para dar por tierra con las versiones que indicaban que había sido entrevistado por algún emisario de la FEMEXFUT.

En el fútbol que se juega pasaporte en mano, la federación paraguaya ha demostrado que se ha convertido en toda una especialista. A su par mexicana -pese a los más o menos recientes antecedentes de importaciones del Tri como Sinha, Guillermo Franco y Matías Vuoso- por estas horas le toca vivir la vergüenza de haber sido víctima de una novatada.

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