Análisis e historias del fútbol internacional contadas por los mejores especialistas.

Mundial 1934: Y Mussolini conoció el fútbol…

Benito Mussolini jamás fue un entusiasta del fútbol pero a través de él encontró el camino más corto para conseguir el apoyo popular que necesitaba para la consolidación de la primera dictadura fascista europea instaurada por él en su país. Así se convirtió en el primer dictador que se sirvió del fútbol con fines políticos, utilizando todo su poder para conseguir la idealización fascista del fútbol y la “squadra azzurra”. Para ello puso al frente de la selección a Vittorio Pozzo, un técnico que creó un equipo para la ocasión, que abogaba por una táctica sencilla y eminentemente ‘resultadista’, basada en la corta posesión del balón, el pase largo y el fútbol directo y poderoso. Todo ello sazonado con la psicología del también conocido como “el Sanador” figura y personaje indiscutible de la historia del fútbol.

“Il Duce” por tanto se encargó personalmente de tener todo muy atado para convertir aquel mundial en la mejor propaganda fascista. Los arbitrajes sufridos por España en cuartos y el “Wunderteam austriaco” en semifinales ante el conjunto anfitrión sembraron una seria duda sobre la limpieza del torneo. Y es cierto que Mussolini manejó los hilos en la sombra y dio algún que otro empujoncito para que Italia fuera campeona, pero sería injusto menospreciar a un gran equipo que cumplió las expectativas de la mano de Vittorio Pozzo.

Con estos antecedentes y bajo la sombra de la duda que se respiraba en los corrillos futbolísticos, el 10 de junio en el Stadio Nazionale PNF Roma se disputó la final entre Italia y Checoslovaquia ante 50.000 espectadores. El encargado de dirigir el partido fue el sueco Ivan Eklind,  una polémica designación pues en semifinales ante el “Wunderteam austriaco” este mismo colegiado ya se había encargado de pasar la mano en el gol de Italia, anotado en claro fuera de juego.

En el palco de autoridades el aparato de gobierno, encabezado por Mussolini, la amenazadora mirada de “Il Duce”, que no estaba dispuesto a aceptar una derrota y que para ello mandó un serio aviso al general Vaccaro, presidente de la Federación Italiana de Fútbol y a esos futbolistas a los que consideraba «soldados al servicio de la causa nacional»: “Italia debe ganar este campeonato a como dé lugar. No es una sugerencia, general, es una orden que no voy a consentir que se desobedezca”.

Con cinco incorporaciones de oriundos como Guaita, Orsi, Monti, Demaría y Guarisi,-reclutados a través del plan del Duce- Italia contaba con una gran formación dirigida por un técnico que tenía muy claro lo que se jugaba y como lo tenía que hacer para cumplir las expectativas del dictador. El mero hecho de repasar la línea ofensiva de cinco bastaba para comprobar el calado de aquella selección: Guaita, Meazza, Schiavio, Ferrari y Orsi

Enrique Guaita era un wing de velocidad inenarrable, remate potente y mucha personalidad. ‘Peppino’ Meazza díscolo por naturaleza fue el primer ídolo de la afición transalpina, uno de los ‘calciatoris’ más queridos de antes de la Segunda Guerra Mundial, habilidoso técnicamente, cerebral, generoso en el pase y un consumado goleador. Angelo Schiavio era un delantero potente, un tren de mercancías que utilizaba su fuerza para arrollar y hacer goles. Mumo Orsi, era un wing izquierdo virtuoso, de gran velocidad y potente disparo. Giovanni Ferrari era el mezzala metodista que completaba el quinteto ofensivo. Y no olvidemos a Luis Monti, el mediocentro y el histórico marcaje que le hizo a Sindelar en semifinales.

Por su parte el conjunto checoslovaco dirigido técnicamente por Karel Petru contaba entre sus filas con futbolistas de gran talla y entre ellos Oldrich Nejedly, un futbolista muy completo, con mucho olfato, sentido táctico del juego, talento y sobretodo una preparación física muy notable, algo no muy común en una época en la que quizás los grandes cracks se valían solo con la habilidad para triunfar. Otro grande de aquella selección era el guardameta Frantisek Planicka, “el Zamora del Este”, el capitán, un portero sensacional, que con sus intervenciones justificó la fama que le precedía. Svoboda era posiblemente el futbolista con más talento y experiencia de aquella selección, la inteligencia, el hilo conductor del juego ofensivo. Vladimir Puc era el puntero, el wing izquierdo, un jugador rápido, muy veloz y tremendamente intuitivo.

La Italia de Vittorio Pozo se dispuso sobre el terreno de juego en posición piramidal, el clásico 2-3-5 al que los italianos llamaban “El Método”. Con Ivan Eklind bajo seria sospecha se dio comienzo a una final que pronto generó sensaciones tremendamente emotivas en ambos equipos puesto que Planicka con grandes intervenciones se encargó de abortar una y otra vez las acometidas de Italia, insuflando así aire y confianza a Checoslovaquia, que no estaba dispuesta a ser una mera invitada en aquella idealización fascista del deporte. Así consiguieron llegar al descanso con empate a cero y el miedo instalado en el palco del Nazionale.

En el descanso del partido, un enviado de Mussolini se personó en el vestuario italiano y entregó al seleccionador azzurri, Vittorio Pozzo, una nota manuscrita en la que decía:

− Señor Pozzo, usted es el único responsable del éxito, pero que Dios lo ayude si llega a fracasar.

Inmediatamente el entrenador se dirigió a los jugadores con el siguiente mensaje: “No me importa cómo, pero hoy deben ganar o destruir al adversario. Si perdemos, todos lo pasaremos muy mal”.

La tensión se podía cortar con cuchillo, más aún cuando en el 70 de partido los checos se pusieron por delante en el marcador gracias a un fenomenal tanto en un ángulo muy cerrado de Vladmir Puc e incluso pudieron hacer historia llevándose el título ante las mismas narices del Duce pero aquel balón, aquella ocasión que generó el talentoso Svoboda en el 73 y que podría haber decidido el título se fue al travesaño. En cambio Pozzo tiró de manual e hizo un cambio de posición colocando a Schiavio a la derecha y a Guaita en el centro del ataque, logrando así la reacción y el empate, que llegó gracias a un potente chut de Orsi, a tan solo nueve minutos del final. Una reacción que sufrió un serio revés con la lesión de Meazza en el tiempo extra, pero que tuvo su definitiva confirmación a los cinco minutos de la prórroga, cuando Guaita desde el ala envió un gran pase a Schiavio, que batió a Planicka e hizo el gol que le dio el título a Italia y posiblemente la salvación.

Al día siguiente, los vencedores asistieron a la ceremonia de celebración que el líder fascista les había organizado, todos vestidos con el uniforme militar. “Il Duce” había logrado su propósito, pero siempre nos preguntaremos qué hubiera pasado si aquel balón al travesaño de Svoboda hubiera acabado en el fondo de la portería de Combi.

Todas las Finales de los Mundiales

Síguenos también desde Twitter y Facebook

Comentarios (10)

Comentarios

Mark | 26.05.2010 a las 21:54
1

Odio que se utilice el futbol con vienes políticos. No creo que sea un utensilisio para el poder ni para reflejar los pensamientos partidistas de aquellos que manejan los hilos.

2

[...] View original here: Mundial 1934: Y Mussolini conoció el fútbol… | El Enganche [...]

Rubén | 26.05.2010 a las 23:22
3

Afortunadamente estas cosas ya no pasan. O eso creo. Es triste que se utilizara el futbol de este modo y se manipularan los resultados.

Dante | 26.05.2010 a las 23:31
4

En realidad, el Metodo lo implementó Carlo Carcano unos años antes en la Juve (que tenía 1/3 del seleccionado y 5 jugadores en la final de Roma), no ciertamente Vittorio Pozzo. Tampoco es que Italia lo tuviese tan fácil, en 1934 jugar contra Checoslovaquia y Austria era como hacerlo hoy con Brasil y España…

5

[...] Ir al artículo original Leave a Reply [...]

Mariano Jesús Camacho | 27.05.2010 a las 2:16
6

@ Dante
Conozco el tema del que hablas sobre la Juve del Quinquenio de Oro -entre 1930 y 1935- que utilizó el citado esquema táctico “El Método”, pero creo que no debe ser atribuido a Carcano sino a Vitorio Pozzo -aunque no sea una idea original suya-. Y es que como anglófilo empedernido aprendió y estudió los sistemas tácticos en Inglaterra. Es una historia larga que arranca en la primera década de 1900, cuando Pozzo descubre al mediocentro del Manchester United Charlie Roberts, es entonces cuando queda impresionado con la idea de un esquema con dos centrales y un medio organizador. Partiendo de esta base y cimentada en las ideas tácticas que pone en práctica luego Herbert Chapman, y se desarrollan también gracias a las ideas de Hugo Meisl en Viena, Pozzo evoluciona hacia su propio sistema, ese digamos 2-3-2-3 o WW. Confiando menos en el mediocentro y quizás más en los interiores -en este caso Meazza y Ferrari, una táctica surgida de la mezcla del 2-3-5 y la W-M.
En todo caso un tema de profundo estudio y controversia como podemos observar.
De la misma forma coincido contigo con la potencia que citas de selecciones como el Wunderteam austriaco y Checoslovaquia, es precisamente por ello por lo que recalco que Italia era una gran selección, pero estarás conmigo con el hecho de que si no se cita la intervención del Duce -y su alargada sombra-, sería como otorgar un premio a la mejor película o al mejor guión sin citar al guionista.

Saludos.

Dante | 27.05.2010 a las 22:49
7

Es cierto lo que dice sobre Mussolini, pero nombrando su participación a secas da a entender que la Nazionale la hubiese tenido demasiado fácil y no fue así, de hecho, en la final contra Checoslovaquia habían esbirros de Mussolini en las cercanías de los hogares del seleccionado luego de la amenaza realizada el día anterior. Si el calendario del torneo hubiese sido estructurado de tal modo que los claramente favoritos (Checoslovaquia y Austria) fuesen eliminados y no hubiesen jugado contra Italia los dos últimos partidos, sería otra cosa…

En Italia no se habla mucho del tema, de hecho, en las escuelas todo el periodo fascista hacia la post-guerra se resume en apenas cinco líneas. Probablemente eso fue un factor que explica el significado del mundial de 1982…

Mariano Jesús Camacho | 27.05.2010 a las 23:40
8

@ Dante
En este punto coincidimos plenamemente, para los chicos no debió ser nada fácil por ello quise reflejar las presiones a las que estuvieron sometidos. En referencia a ello la bella historia que ha relatado Francisco Ortí sobre Planicka y Schiavio me parece lo suficientemente esclarecedora.
Por eso siempre he defendido que el conocimiento de la historia es crucial para las futuras generaciones independientemente de si esta pertenece a un periodo brillante u oscuro de la misma -que posiblemente podría pensarse que es mejor olvidar- pero que se debe conocer para no volver a caer en los mismos graves errores que nos llevaron a tan penosa situación. En España también sabemos de esto por experiencia propia.
Un abrazo amigo.

seba | 23.06.2011 a las 20:55
9

y la primera final mundial donde ta?

Deja un comentario

Un desarrollo de Pedro Puig