Histórico
27 mayo 2010Jesús Camacho

José María Mateos, nuevos conceptos

Decía el legendario Gilera que la historia de las selecciones es la historia de sus seleccionadores y en parte tenía mucha razón, pues sus selecciones son en definitiva el reflejo de su trabajo, su estilo, el de los equipos que dirigieron y conformaron. Quizás por ello fue tan importante para el fútbol español la etapa de dirección técnica de José María Mateos Larrauri como seleccionador único, pues el bueno de José María se dedicó única y exclusivamente a ser seleccionador, a escoger los mejores futbolistas, a los que se encontraban en mejor momento, calculando su adaptación al conjunto teniendo también en cuenta las características de los rivales.

Y es que tras la debacle de Amsterdam ante los italianos urgía dar un golpe de timón que hiciera retomar el buen rumbo de la nave española. Un golpe de timón efectuado por José María Mateos, que además ejerció como Rosa de los Vientos de una selección que navegó por mares tranquilos durante cuatro años.

Cuatro años de nuevos conceptos surgidos de la experiencia y el estudio de un titulado en derecho y un periodista de vocación, profesión que acabó  eligiendo como modo de vida y en la que acabó destacando. Afición y vocación que le condujo al periodismo en 1908, año en el que inició su andadura profesional como Redactor jefe de  “El Porvenir Vasco”. Periodismo que  le llevó al fútbol puesto que pronto comenzó a despuntar en la elaboración de artículos deportivos y en especial notas futbolísticas. Profesión que ejerció de forma definitiva desde 1910, cuando se marchó ya como redactor jefe, de deportes, a “La Gaceta del Norte” hasta su jubilación.

Y con este perfil logró acceder al cargo de seleccionador, que desempeñó desde marzo de 1929, cuando debutó con una contundente victoria (5-0) en Sevilla ante Portugal, y concluyó un 21 de mayo de 1933 en Madrid con una goleada record (13-0) ante la selección de Bulgaria.

Cuatro años y dieciséis partidos en los que José María Mateos logró  introducir nuevos conceptos, pues su selección exhibió un fútbol más conjuntado, dando más sensación de equipo. La razón, su acertada decisión de contar con tríos, parejas o grupos por línea compuestos por futbolistas del mismo club.

De esta forma el seleccionador conseguía que el fútbol de la roja fuera más fluido, compenetrado y sólido, especialmente por la apuesta por tríos como la inolvidable tripleta defensiva del Real Madrid constituida por Zamora, Ciriaco y Quincoces. En otros encuentros contando con la línea media íntegra de un gran Athlétic de Bilbao o en su caso ‘tirando’ de la “Delantera mítica” bilbaína compuesta por Lafuente, Iragorri, Bata, Chirri II y Gorostiza. Líneas de lujo que se completaban con futbolistas de la categoría de Gaspar Rubio, Ventolrá, Piera, Samitier, Regueiro…

Una positiva etapa en la que caben destacar históricos momentos como el vivido un 15 de mayo de 1929 en Madrid. En una primaveral tarde de San Isidro vivida en el viejo Chamartín en la que España dio buena cuenta de una selección que aún no había sido vencida en el Continente. La Pérfida Albión, los inventores y sus más diestros practicantes, un duelo dirigido por un colegiado de lujo llamado Mr.Langenus, juez belga que pasaría a la historia poco después por ser el primer referee en dirigir la primera final del Campeonato del Mundo disputada en Uruguay.

Histórica victoria que reforzó el prestigio del fútbol español, un vibrante (4-3) que marcó una inolvidable jornada primaveral en la que Gaspar Rubio hizo dos tantos, mientras que Lazcano y Gouburu hicieron los otros dos. Carter -dos- y Bradford maquillaron para los ingleses, que se excusaron en el calor y la dureza del terreno de juego para justificar la derrota, pero que en todo caso supieron felicitar deportivamente a los españoles.

Precisamente y en referencia a Mr.Langenus su figura me permite enlazar con la decisión más polémica -y a mi juicio menos afortunada- de José María Mateos durante su etapa como seleccionador, aquella que nos dejó fuera del primer Campeonato del Mundo disputado en 1930 en Uruguay.

Y es que al parecer un informe realizado por José María Mateos en el que argumentaba su negativa a afrontar el desplazamiento y la larga travesía de veinte días en barco para llegar a Uruguay, hizo desvanecer la buena predisposición a disputar el torneo de Pedro Díaz de Rivera, Marqués de Someruelos, por entonces presidente de la Federación Española.

En cualquier caso este hecho no debe empañar la buena trayectoria al frente de la selección, en la que se vivió otra histórica victoria sobre Italia (2-3) en Bolonia, con goles del madridista Luis Regueiro -dos- y el azulgrana Ventolrá. Igualmente destacable fue la gira efectuada por el Reino Unido, donde se produjo la dulce venganza de los pross, que nos barrieron (7-1) en el mítico estadio de Wembley, incomparable marco en el que el legendario Dean nos hizo el séptimo.

Una histórica derrota que curiosamente dio paso a una no menos legendaria y contundente victoria en Dublin (0-5) sobre Irlanda. Un partido en el que Blasco -portero suplente de Zamora- dejó para el recuerdo una actuación memorable y en el que Luis Regueiro, hizo dos goles antológicos. Choque del que cuentan las viejas crónicas que España tiró de orgullo y la ya legendaria “furia española”.

En definitiva aquí queda está positiva etapa del periodista seleccionador, que concluyó con la citada goleada sobre Bulgaria (13-0) en mayo de 1933, que rompió todos los registros goleadores de una selección rodeada ya por el aura legendario de la furia.

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