Histórico
11 mayo 2010Jose David López

Hodgson, inglés errante en equipo errante

Visión 2020 es un programa de regeneración para el distrito londinense de Croydon, en el sur de la capital inglesa. Bajo esa renovación se quiere promover la zona como centro social, comercial y cultural, pues desde hace años, el territorio es proclive a problemas raciales y violentos. Croydon representa la parte industrial, el germen de desarrollo mal entendido por la sociedad y un epicentro sobre el que trabajar en busca de mejoras sustanciales para quienes allí habitan. Todos luchan diariamente para salir adelante. Esperanzas, nuevas metas e ilusiones por delante.

Hace ya 62 años de aquello, pero en esas calles nació uno de los nuevos héroes de la ciudad. 15 proyectos en su carrera, 8 países sobre los que intentar explicarlo y grandes títulos logrados en campeonatos de menor trascendencia, colocan al Roy Hodgson en el mejor momento de su complicada trayectoria. Ahora, el de Croydon se sitúa a la altura de Soni Ericsson o Virgin como principal atracción de un barrio, el de Hammersmith and Fulham, donde es el nuevo rey. Su gran hazaña, hacer del Fulham una referencia en Europa en un 2010 de auténtico ensueño. Un año para la historia del inglés errante en el club más errante de toda Inglaterra.

Empezar tu trayectoria como entrenador siempre es mucho más complejo si en años anteriores, como futbolista, sólo has podido ganarte la vida en equipos perfil excesivamente bajo. Sin una cita que haga referencia a una tarde mítica o una noche goleadora del joven Hodgson, su primera opción ya como técnico le apareció con apenas 29 años, con el desconocido fútbol sueco como test a esas inquietudes y con el Halmstad como banco de pruebas para tan humilde trabajador. El experimento está aún hoy considerado uno de los éxitos más sorprendentes del fútbol escandinavo pues en cuatro años levantó dos campeonatos nacionales. Un equipo bregador de zona baja convertido en líder indiscutible. No tuvo suerte en el Bristol en su regreso a ‘casa’, tampoco al volver a Suecia con el Orebro, pero el más reconocido Malmo le ofreció un proyecto serio que aprovechó a lo grande. En cinco años sumó sendos campeonatos ligueros y dos ‘dobletes’. Le ofrecieron un contrato de por vida y le pusieron su nombre a unos pasillos del Swedbank Stadion pero se negó y se marchó a Suiza. Con el Neuchatel logró vencer en Europa a Real Madrid o Celtic. Su gran caché le sirvió para que la Federación le ofreciera el banquillo de la selección helvética, a la que llevó a dos de sus momentos más gloriosos, la clasificación para USA 1994 y para la Eurocopa de Inglaterra en 1996. Tal fue su apogeo que llegó a colocarse un mes como tercera mejor selección del planeta según FIFA.

Su carácter nómada iba a encontrar la gran oportunidad de su vida. El poderosísimo Inter de Milan, por entonces, absolutamente instalado en un periodo de transición y renovación no sólo deportiva, sino institucional. No logró relanzar el proyecto neroazzurri pero aprendió técnicas defensivas y la importancia del poderío físico adaptado al juego, lo que iba a explotar después. De nuevo, la puerta de la Premier se abría para él pero como ya le ocurriera en su primer intento en suelo patrio, el desastre en el Blackburn Rovers fue mayúsculo y rompió el buen prestigio que había logrado anteriormente. Tanto, que cuando se habló de él como nuevo seleccionador inglés post-Eriksson, aquellos días en Ewood tumbaron sus opciones.

Un año en el Grashopper, una campaña de oro estrenándose en Dinamarca con un Copenhague al que hizo campeón liguero y copero, así como breves estancias en Udinese y Viking o en la selección de Emiratos Árabes, redondearon un currículum cosmopolita como pocos. Tras dos etapas como seleccionador, sin embargo, aceptó el reto de Finlandia, con quien logró buenos resultados en la fase clasificatoria a la Eurocopa 2008 y quedó muy cerca del milagro. Esos registros, teniendo en cuenta su historial de gestión internacional y sus terribles ganas de volver a Inglaterra para poder asentarse definitivamente en su país, que hasta entonces siempre le había dado la espalda, le llevó a Fulham.

En Craven Cottage, a apenas 40 minutos de su barrio natal, ha desarrollado la que para quien escribe, es la historia más esperanzadora del fútbol inglés en los últimos tiempos. Llegó en diciembre de 2007, cambió la cara al equipo tras numerosos proyectos fallidos y llegó a las tres últimas jornadas con la única obligación de sacar nueve puntos y rezar para que ciertos resultados le acompañaran. No sólo lo logró remontando un 0-2 en contra en el primero de ellos, sino que al año siguiente colocó a los Cottagers en séptima plaza de acceso a Europa League, cosechando la clasificación más honrosa del club en toda su historia. Para mejorar lo inmejorable teniendo en cuenta la modestia del club más humilde de Londres (en Premier) y el único que no ha ganado nada en sus largos 131 años de historia, ha trabajado desde el silencio.

Arrancó el curso en julio, dejó por el camino al campeón Shakhtar, no cedió ante la Roma, superó a la Juventus, al campeón alemán Wolsfburgo y hasta al Hamburgo anfitrión en la final que pisará sorprendentemente este jueves. Queda un paso más para que la recién iniciada historia de la Europa League se escriba en letras románticas, las de un errante inglés (Ferguson pide para el el premio a técnico del año) capaz de rubricar su firma en cinco idiomas. Un bohemio en el club más ambulante de toda Inglaterra.

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