Histórico
13 mayo 2010Jose David López

Europa League: Los nombres de la final

Forlán: Uruguayo, Uruguayo, Uruguayo… Clave en Estambul, clave en Anfield y clave, desde luego, en el partido más importante del Atlético de Madrid en la era moderna. El goleador más en forma del club desde que Baltazar, Hasselbaink o Vieri intentaron llevar sus goles a las míticas finales, ha logrado lo que nadie, ser el protagonista con dos goles en la noche que todos los rojiblancos soñaban. Un fichaje irremplazable en el tiempo. Era mito. Ahora es leyenda eterna en el Calderón.

Assunçao: ¿Cuántas veces hemos escuchado que faltaba autoridad en la medular rojiblanca? Las mismas, cientos, que hablaban esta semana de que la gran baja del Atlético para la finalísima iba a ser el no autorizado Tiago. No fue el luso pero sí el brasileño. El ex del Oporto mostró su mejor cara en un partido donde el control fue netamente rojiblanco y, para permitirlo sin sobresaltos, destrozó cualquier atisbo de intención ofensiva del Fulham. Es cierto que fue él quien peinó en el desafortunado tanto de Davies, pero supo reponerse a lo grande. Su mejor partido como atlético.

Quique Flores: Aún recuerdo (y así se lo hice saber), una larga conversación durante la Eurocopa 2008 donde mi compañero Francisco y yo, discernimos en nuestro concepto de Quique Sánchez Flores. Hizo rebelde al Getafe, le dio continuidad al Valencia y ahora recupera el honor para los del Manzanares, Anoche, si me alegré por alguien, fue por él. Ha levantado a un equipo alicaído, le ha hecho campeón de la nada y, encima, ha sacado a dos-tres canteranos que el club aprovechará eternamente. Una temporada difícil que ya terminará en éxito seguro. Felicidades Quique, el sueño ya está cumplido.

Bobby Zamora: Tenía la misma historia de amor con el gol que finalmente acompañó a Forlán en la última noche pero Bobby, determinante hasta Hamburgo, no llegó en forma. Tocado durante toda la semana con molestias físicas, el corpulento goleador cottagers apenas aguantó 60 minutos sobre el terreno de juego. No consumó su gloria pero el gol que mantuvo con fe a los de Hodgson salió de sus botas y del peligro que supuso para Perea durante la primera mitad. Fue su año, pero no su noche.

Roy Hodgson: El errante capaz de obrar milagros en rincones inhóspitos del planeta fútbol no coronó su obra maestra y el sueño del Fulham tendrá que esperar. Quizás se mostró demasiado rácano defensivamente y hasta se le puede criticar su actitud en los cambios pero murió en la orilla, con sus conceptos bien armados y fiel a lo que le llevó a la finalísima, la fuerza de un colectivo unido que, pese a la derrota, pasará a la historia. ¡Grande Fulham¡ ¡Grande Roy¡

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