Histórico
4 mayo 2010Jose David López

England forgives you, Steve McClaren

No hay cánones para los festejos que se acumulan en este final de campaña en Europa. Se trata de abrazarse al compañero más cercano, de buscar la conexión con esa afición que ha seguido demostrando su pasión hasta el instante final y de reflejar con caras de felicidad o lágrimas de alegría, todas esas sensaciones por las que se peleó durante meses. Levantar un título requiere unos pasos. Hay que cantar, duchar al presidente, dar la vuelta olímpica con el trofeo en las manos y, desde luego, zarandear al míster que tanta presión ha tenido que soportar en sus espaldas.

En Enschede, el carácter novato del Twente en estas ‘guisas’ campeonas se reflejó a la perfección en la celebración de su primer título de Eredivisie. Tocaba ganar, no había margen de error y quizás por ello (y por la victoria del Ajax que no les permitía distracciones), la percepción del éxito no llegará hasta días posteriores. Imágenes para el recuerdo pero con el impacto del humilde principiante. Total imprevisibilidad, máxima espontaneidad y un grupo fusionado en torno a la figura de quien más sufrimientos ha afrontado en los últimos años, su técnico, su guía: Steve McClaren.

Los diarios de todo el mundo recordarán a Bryan Ruiz por su capacidad goleadora y esas dotes de atacante alternativo que han revolucionado a toda Europa y citarán a un N’Kufo veterano que antes de marcharse a la MLS coronó los esfuerzos de tantos años en hacer a su Twente campeón. No olvidarán la velocidad de Stoch en banda izquierda, la mística romántica que levanta el veteranísimo Boschker bajo palos, la curiosa primera Eredivisie de Kenneth Pérez (ya que ha jugado en Ajax, AZ y PSV pero no había logrado ese título) o el futuro espléndido que tiene el central brasileño Douglas. A todos los analizamos hace poco. Pero por encima de todos ellos estará Steve, un personaje repudiado por su propio país tras una desgraciada etapa como seleccionador inglés que no sólo le hizo perder el respeto ante sus compatriotas, sino que le obligaron a abrirse camino lejos de la Premier. Hoy, colecciona ofertas.

McClaren, humilde centrocampista en su etapa como futbolista (sólo tuvo continuidad con el Hull en categorías inferiores), tuvo que trabajarse muchísimo una oportunidad en los banquillos respetados del fútbol inglés. Tanto, que durante seis años, dedicó sus esfuerzos post-retiro a aprender de todos aquellos que ya se habían empapado del deporte rey en las islas. Fue asistente en Oxford, segundo técnico en el Derby County y hasta ayudante de Alex Ferguson en el Manchester United. Fue esta última prueba la que le colocó en primer plano y cuando en 2001 el Middlesbrough se quedó sin técnico, le ofrecieron el puesto a aquél pelirrojo de que ‘Fergi’ hablaba en tono amistoso y profesional. En 2004 tocó cielo tras conseguir la Carling Cup e incluso les llevó dos años después a la finalísima de la Copa de la UEFA. Aquello le coronó como el técnico inglés más exitoso del nuevo siglo, el primero en alcanzar un trofeo nacional desde 1996 y el pionero en alcanzar una hombrada europea de ese calibre desde 1984. Elogios todos ellos que le hicieron ser un dios en Teesside, de donde salió aquella noche de Eindhoven rumbo al que iba a ser el mayor reto de su vida, dirigir a la selección inglesa.

No hace falta a estas alturas recordar que entró como mano derecha de Peter Taylor y Sven Goran Eriksson, que encontró su trono cuando el sueco falló en Alemania 2006 y que, posteriormente, pasó a la historia por no ser capaz de clasificar a los pross para la Euro 2008. Condenado por su país, reo de una fase donde dejó en evidencia el mal estado del fútbol británico y repudiado ante sus compatriotas, Steve se vio obligado a buscar nuevos horizontes para reencontrarse consigo mismo y con aquella confianza que había perdido entre tanto sentimiento de culpabilidad.

Joop Munsterman, el presidente del club, el mago de las finanzas en Twente, lo llevó de la mano de su proyecto ganador (que incluía remodelación del estadio De Grolsch y un plan de viabilidad económica), otorgándole plenos poderes pues McClaren se convirtió en mánager y director deportivo. Una vertiente inglesa que primero le bastó para ser segundos en la Eredivisie del pasado año y que ahora, tras avisar con buenos partidos en Europa, le coronó como héroe de una Eredivisie que ya nunca le olvidará. Redimido de sus pecados y consciente de que los sueños Tukkers se han hecho realidad, el de York maneja ya ofertas de la misma Premier que lo repudiaba hace unos meses e incluso de un Wolfsburgo que quiere rentabilizar la imagen del míster del momento. England forgives you, Steve.

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