Histórico
29 mayo 2010Jesús Camacho

El Doctor García Salazar

La etapa al frente de la selección de José María Mateos, tuvo su continuación en la figura de Amadeo García de Salazar Luco, insigne personaje de la sociedad y el fútbol vitoriano de la época. Con este recuerdo histórico cerramos el periodo histórico de la selección española de la preguerra, aquel que finalizó con el buen trabajo del Doctor Amadeo García Salazar, que ejercía como dermatólogo en la consulta que tenía en la ciudad de Vitoria, donde por cierto se ganó a pulso su gran prestigio y pudo acceder a la presidencia del colegio de médicos de Álava. Pero antes de llegar a su destacado papel al frente de la selección debemos repasar con detenimiento la enorme notoriedad que adquirió García Salazar en su crucial aportación al fútbol vitoriano.

El Doctor García Salazar jugó un papel esencial en la Fundación del CD.Alavés en 1921, club en el que dejó patente su buen ojo para el fútbol, llegando a convertir al conjunto vitoriano en equipo referencia de la época en la ciudad. Tanto en su faceta técnica como en su faceta directiva -secretario del club- demostró sus conocimientos, pues en aquellos finales de los años veinte incorporó al conjunto vitoriano a futbolistas que marcaron época en la historia del club.

Jugadores como el portero Tiburcio Beristáin, Ciriaco Errasti o Jacinto Quincoces. El recuerdo de un gran Alavés con Beristáin en la portería, Ciriaco y Quincoces en defensa y Fede, Antero y Urquiri en la media, que llevó al conjunto vitoriano a Primera División e hizo famoso el apelativo “El Glorioso”.

Su inmaculada trayectoria en Vitoria le abrió las puertas de la selección española, a la que llegó para suceder con acierto a José María Mateos y del que mantuvo con muy buen criterio los aspectos positivos de aquella etapa. Trasladó a la selección juegos hechos, líneas por club, tríos y dúos de compañeros que se conocían a la perfección.

Con García Salazar la selección vivió una de las mejores etapas de su historia, ofreciendo un dignísimo papel en el Mundial de Italia de 1934, en el que España fue eliminada tras dos polémicos partidos ante los anfitriones, en los que ambos colegiados quedaron bajo seria sospecha.

Una España dirigida científicamente por un personaje de corta estatura pero de enorme grandeza humana y futbolística, pues aunque España fuera eliminada, hay derrotas que honran y triunfos que avergüenzan. Y aquella España de Ramón Encinas -al que Amadeo García le encomendó la dirección técnica en aquella cita- destacó entre otras cosas por la divinidad de Zamora, por la presencia en la media de un trío de calidad conformado por Cilaurren, Gamborena y Fede, por la eficiencia en ataque de un delantero de leyenda llamado Lángara y la aportación de otros como Regueiro, Gorostiza, Iragorri…

Hablamos de una época en la que la rica cantera vizcaína demostraba su supremacía en el fútbol español. Una selección que participó por primera vez en un Campeonato del mundo y vivió uno de sus mejores momentos con la histórica victoria en octavos sobre Brasil. Partido disputado en Génova en el que la efectividad de los Lángara -que hizo dos tantos- y compañía, se impuso al juego preciosista de la Brasil de Leónidas “el Diamante Negro”. Sin duda un bonito duelo que acabó con victoria española 3 a 2 y en el que Zamora detuvo una pena máxima a un genio llamado Leónidas.

Luego en cuartos se produjo la injusta eliminación y la penosa actuación del colegiado belga, Beert, que evitó la derrota italiana, primero concediendo un gol dudoso a Ferraris -previa acción antirreglamentaria de Schiavio sobre Zamora-, segundo anulando un gol de libro a Lafuente y tercero permitiendo la excesiva dureza italiana, cuestión esta última que influyó de forma crucial en el destino español en el Campeonato.

Y es que aquel primer partido disputado en Florencia acabó con empate a uno, por lo que tuvo que disputarse un partido de desempate en el que la historia se volvió a repetir. España e Italia se volvieron a ver las caras en esta ocasión con el arbitraje del suizo Mercet y significativas bajas por lesión que mermaron al combinado español, que tuvo una vez más a un enemigo en la figura del colegiado.

Otra más que dudosa actuación de Mercet, que anuló un gol a Campanal por presunto fuera de juego y concedió gol a Meazza en una clamorosa acción antirreglamentaria sobre el guardameta Nogués -que suplía a Zamora lesionado-. Colegiado suizo que por cierto fue suspendido por le Federación de Fútbol de su país a su regreso, y allanó el camino hacia la final a los de Mussolini.

Triste final para España, que pese a ello regresó con la cabeza muy alta y fue  recibida de forma triunfal, con el considerado como mejor portero del mundo en sus filas -Zamora-, con el mejor defensa -Jacinto Quincoces- y con la ya tradicional y legendaria furia que les identificaba. Una agridulce experiencia para García de Salazar, que siguió en el cargo hasta el estallido de la Guerra Civil Española en 1936, cuando por motivos obvios puso fin a una etapa de 12 partidos, con 6 victorias, 2 empates y 4 derrotas.

Su figura sin duda trascendente en el fútbol español y vasco de la época, pues además de su trabajo en la selección española y en el Alavés, hay que destacar su etapa como seleccionador del combinado de Vasconia, así como su condición de precursor de la Selección de fútbol de Euskal Herria.

Hoy en día, una plaza situada junto al Estadio Mendizorroza le recuerda y nosotros le rescatamos del olvido para desempolvar las viejas crónicas que cubren la etapa del médico seleccionador, que indudablemente hizo un buen diagnóstico y fue un buen médico de cabecera para la roja.

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