Histórico
9 mayo 2010Jesús Camacho

Bitonha, crónica de un suicidio en Bahía

El ser humano es catalogado como animal racional pero paradójicamente recurre con demasiada frecuencia a la irracionalidad atentando contra su propia vida en un no menos paradójico y valeroso acto de cobardía o en su caso de desequilibrio mental. Profundizando un poco más en el tema y respetando el derecho que todo individuo posee  a disponer de su propia vida y persona, creo ver en este acto un claro síntoma de debilidad. Una huida hacia delante sin vuelta atrás, como decía Goethe: “Hace falta mucho valor para ser tan cobarde. Es la valiente decisión de un cobarde, el suicidio sólo debe mirarse como una debilidad del hombre, porque indudablemente es más fácil morir que soportar sin tregua una vida llena de amarguras”.

Es el temor a la vida sobre la muerte, un acto voluntario que ha generado desde siempre un debate tan eterno como la humanidad, pues en mi opinión siempre existirán excepciones -eutanasia, desequilibrio mental- que si no justifican tan drástica decisión al menos contribuirán a su comprensión. Y viendo el resultado de la veraz pero insólita historia que os relataré a continuación, eso es justamente lo que debió sentir nuestro desafortunado protagonista para tomar tan drástica como errónea decisión: Bitonha.

La historia arranca un 2 de julio de 1934 en el estado brasileño de Bahía, en Campo da Graça, donde se disputaba un partido de fútbol de carácter amistoso entre los equipos de Bahía y Vitória. Un amistoso con sabor y ambiente de derbi histórico, el que se vive en uno de los veintisiete estados brasileños.

Partido que transcurría dentro de los cauces de la normalidad -con victoria 2 a 1 de Bahia- hasta que Vivaldo Tavares señaló una pena máxima a favor de Vitória. La crónica de un penalti que aunque pueda parecer increíble se cobró una vida. Lanzamiento desde el punto fatídico que el atacante Barbosa en una primera instancia erró, siendo este atajado por Nova, portero tricolor. Una acción que hizo estallar de alegría a la hinchada de Bahia pero que fue invalidada por el colegiado Vivaldo Tavares, porque según su criterio el guardameta bahiano se había adelantado. Por ello ordenó repetir la pena máxima y en esta ocasión -que pudo ser invalidada por la invasión del área de varios futbolistas- Barbosa no falló, convirtiendo el empate ante el estupor y las protestas generalizadas de la grada y los jugadores de Bahia.

El escándalo estaba a punto de estallar y al término de los primeros 45 minutos, un futbolista de Sport Club Bahia llamado Antonio Fernandes da Costa y conocido como Bitonha entró en el terreno de juego propinando un puñetazo en el ojo al colegiado, que se defendió de la agresión con una patada al aire que no llegó a su destino. Entonces se formó una pelea multitudinaria que abrió paso a una confusión que vivió su punto final con la llegada de los protagonistas a los vestuarios, donde se aguardó la reanudación del partido y se produjo otro hecho crucial para el fatal desenlace de esta insólita historia. Durante aquel intervalo de tiempo Bitonha fue detenido y conducido a prisión.

Mientras tanto, en Campo da Graça el partido se reanudó y finalizó con el triunfo del equipo rubro-negro 4-3, con goles de Pelágio, Ito y Nestor para el Bahia y Gradim (2) Barbosa y Almiro para el Vitória. Todo esto hubiera quedado en simple anécdota de no haber acontecido lo que aconteció en el día inmediatamente posterior al escándalo. Cuentan las crónicas históricas que al día siguiente Bitonha quedó en libertad, y al abrir el periódico se sintió tremendamente avergonzado viéndose en portada como principal protagonista de una noticia que tuvo gran repercusión para la prensa local. La presión que sintió fue tan grande que le confesó al Dr. Odilon Jorge Franco Sobrinho, -también jugador de Bahia- que sentía vergüenza al andar por la calle y rondaba por su cabeza la posibilidad de suicidarse. Algo que su compañero jamás imaginó que podía llevar a cabo y que para sorpresa de todos llevó a efecto.

Poco después de la visita de su amigo, sobre las 11:00h del 03 de julio de 1934, Bitonha jugador amateur, socio-fundador y torcedor apasionado del Esporte Clube Bahia se quitaba la vida ingiriendo una importante y mortal dosis de cianuro de potasio. Tenía tan solo 23 años y como tarjeta de despedida previa al suicidio, dejó una carta destinada a su madre Maria da Conceição Fernandes. En ella declaraba sus últimas voluntades, como la de dejar una cantidad de dinero para su amigo Gambarrota -compañero suyo de Bahia-, además de acusaciones a terceros y agradecimientos al Dr. Fernando Tude, Secretario del Esporte Clube Bahia, por su excelente comportamiento para con él y su familia.

La huida hacia adelante se había consumado y la paradoja tomaba forma sobre el papel cuando por segundo día consecutivo, Bitonha volvía a ser portada de la prensa bahiana, aunque en esta ocasión engrosando las páginas de sucesos y decesos. Diario da Bahia titulaba en su portada: “SUICIDOU-SE UM JOVEM SPORTMAN BAHIANO. Bitonha, do Sport Club Bahia, ingeriu grande dóse de cyanureto”. Y es que Bitonha pasó por alto lo más importante, que la vida -tan maravillosamente jodida- podría ofrecerle la posibilidad de resolver su situación, presentándole soluciones inmediatas o futuras.

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