Histórico
13 abril 2010Ariel Judas

Tiki Tiki y Cappa en, ¿Hay alguien ahí?

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Pocos meses después de haberse despedido de la afición quemera, Ángel Cappa se apresta a desembarcar nuevamente en Buenos Aires. En esta oportunidad para hacerse cargo de River Plate, un grande del fútbol mundial que necesita cuidados intensivos. No solo para volver a sus momentos de grandeza, sino para escapar -por increíble que parezca- a la posibilidad de perder la categoría.

Si hay algo que le sobra al fútbol argentino es vértigo. En Europa la cuota la aportan Leo Messi, Carlos Tévez, Gonzalo Higuaín y el resto de la Legión Extranjera celeste y blanca. Dentro de las fronteras del país sudamericano, donde a veces queda la sensación de que el juego se ha escurrido bastante, la velocidad la impone la urgencia, la necesidad de resultado, lo efímero de los ciclos.

Unas fechas antes de que terminara el Torneo Apertura 2009, Ángel Cappa renunció a su cargo de entrenador de Huracán y regresó a España, donde tiene fijada su residencia desde hace tiempo. Su gestión de algo menos de doce meses de duración al frente del Globo -con el que quedó subcampeón en el Clausura del año pasado- terminó de una manera abrupta.  A los ojos del gran público -y con el beneplácito de una porción relevante del periodismo especializado- el bahiense pasó de ser el mentor del llamado fútbol que le gusta a la gente (un rótulo que pudo sostener mientras tuvo bajo sus órdenes a dos brillantes jugadores como Matías Defederico y Javier Pastore), a ser un director técnico sujeto a la realidad de una plantilla de limitado talento. Cuando las cartas vinieron mal dadas Cappa optó por retirarse. Y antes de facturar su equipaje a Barajas, calificó al corto reinado del Tiki Tiki como “lo mejor que le pudo pasar al fútbol argentino en los últimos veinte años”. En ese momento critiqué el análisis poco objetivo que el entrenador hizo. Y volvería a repetir mis comentarios si el bahiense efectuara nuevamente una aseveración de ese calibre.

Pero, al mismo tiempo, no puedo negar que veo en el rápido regreso de Ángel Cappa a la liga argentina una noticia positiva. De no mediar sopresas de último momento, quien es uno de los mejores tertulianos y comentaristas de fútbol en idioma español se hará cargo del primer equipo de River Plate y volverá a prestigiar a la competición. Una de las instituciones más grandes de América Latina que, mientras nos encontramos en la recta final del Clausura 2010, mira de reojo y con preocupación al calendario que deberá disputar luego del Mundial, que puede ser la campaña más llena de angustia de su historia contemporánea.

El llamado promedio del descenso es un artilugio creado por la federación argentina para facilitar a los equipos grandes la permanencia en la primera división. Para que un equipo consolidado en la máxima categoría se enfrente a la posibilidad de tener que jugar en el Nacional B es necesario acumular tres años completos de malos resultados. Eso es lo que viene pasado con Racing desde hace años, y es lo que seguramente pasará con River a partir del próximo Apertura, pese a la obtención de un título de liga en 2008 bajo la conducción de Diego Simeone.

Ángel Cappa, que reemplazará a un desahuciado Leonardo Astrada -testigo de la incapacidad de su equipo de anotar un solo gol en los últimos cinco partidos-, tendrá como mandato principal el de sumar los puntos necesarios (unos 70, más o menos) para que los de la banda roja salgan de las cercanías de la zona de promoción desde donde comenzarán la temporada 2010/11. No tengo dudas acerca del grado de aceptación que la sola mención del nombre del nuevo entrenador genera en la afición riverplatense, tradicionalmente considerada como de paladar negro en el universo del fútbol argentino. Pero también estoy seguro que en los próximos meses el millonario estará más pendiente del resultado que de la calidad del juego de su equipo.

En un momento de estabilidad deportiva la contratación de un entrenador como Cappa por parte de River no hubiese generado sorpresas. Pero frente a un año completo plagado de necesidad y de urgencia por sumar resultados positivos, el fichaje se transforma en un interrogante, en una apuesta, más que en un remedio con efectos más o menos seguros. El nuevo entrenador del equipo del barrio de Núñez se ha manifestado una y otra vez en contra de transitar por una competición en base a la mera suma de resultados positivos, disquisiciones técnicas o tácticas al margen. Por el contrario, don Ángel postula que solo a través del fútbol bien jugado (un concepto subjetivo, pero que puede entenderse como el balompié de toque, con elaboración, sin esquivar la floritura técnica) puede llegarse al resultado positivo. Puestos a elegir, a todos nos gusta más un equipo generoso y agradable a los ojos que uno rácano. Pero, ¿Cuánto tiempo tendrá Cappa para conseguir que sus futbolistas jueguen bien y, al mismo tiempo, ganen los puntos que River necesita?

El nuevo cuerpo técnico tendrá  algunos handicaps importantes en su nuevo trabajo. El más importante de ellos será el que plantea el plantel que le será confiado. Uno de los más pobres y faltos de recursos de toda la historia de River. Es obvio que Ángel Cappa pedirá la llegada de jugadores de calidad. Algunos nombres (la mayoría de ellos suenan a operaciones fuera del alcance de la actual economía millonaria) ya han comenzado a circular en las últimas horas. Pero también es bastante patente que en el club no hay dinero, y que muy probablemente el entrenador y sus ayudantes tengan que arreglarse con lo que quede en el Monumental tras la finalización del Clausura. El otro obstáculo de entidad será la permanente referencia a Ramón Díaz, el preferido por los aficionados para suceder a Astrada. El Pelado es el entrenador más exitoso de la historia riverplatense, pero -por diversos motivos- no está de momento en los planes del presidente Daniel Passarella, quien claramente se ha volcado por la opción de contratar al ex estratega de Huracán. Ante un hipotético mal inicio de campeonato Cappa y el Kaiser se verán acosados por la omnipresente figura de Díaz.

El nuevo entrenador de River tendrá a su favor los casi tres meses de pretemporada de los que dispondrá para poner a punto a sus jugadores. También contará, previsiblemente, con el respaldo de algunos pesos pesados de los medios de comunicación que lo han apoyado mientras fue el adalid del Tiki Tiki.

Ángel Cappa se enfrenta a un desafío interesantísimo. Sus convicciones, sus postulados futbolísticos, su forma de entender el juego, se juntarán con las necesidades de un gigante en horas muy bajas. El método de trabajo del entrenador puede ser funcional y terapéutico para un paciente agudo como es River. Pero no hay que perder de vista al estado y a la dinámica que arrastra el equipo, capaz de transformarse en una paradoja y en una zona de impacto para la escala de valores del técnico.

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