Histórico
11 abril 2010Jesús Camacho

Pitágoras, el fútbol y el FC Barcelona

cruyff-guardiola

Pocas horas después de una nueva victoria azulgrana en el Bernabéu con goles de Messi y Pedro y cuando aún no están decidida ni Liga ni Champions decido retomar un antiguo post en el que creo se define la filosfía del conjunto azulgrana. Siempre contando con la posibilidad de que el Barça pueda aún morir con sus ideas a la orilla de la gloria pero también pocos días después del nombramineto de Johann Cruyff como Presidente de Honor del club, figura clave y legendaria que agradeció el cargo honorífico con escuetas palabras pero sintiéndose tremendamente feliz de haber podido cumplir su gran sueño futbolistíco: la enseñanza y docencia esférica a las futuras generaciones.

“Si Pitágoras hubiera tenido la suerte de vivir en esta era, hubiera sido entrenador de fútbol, porque el fútbol es geometría, apertura y cierre de espacios, movimientos lógico matemáticos”. La cita es anónima y goza de la virtud de unir cultura y deporte, de llegar al fútbol a través de la cultura citando a un legendario personaje universal como Pitágoras de Samos, filósofo y matemático del siglo VI a.C. que impartió su filosofía científica en Samos y Crotona. Para él, todo era matemática, y su docencia estaba dirigida a todo tipo de personas, sin ningún tipo de discriminación social, racial o de género, tan solo con la condición de pertenecer a su escuela iniciatica.

Su estudio y clasificación de los números resulta esencial en la evolución de las ciencias exactas y su escuela creó el Teorema por el que es conocido universalmente, el “Teorema de Pitágoras”. Aunque en su docencia y en su escuela pensaban que el mundo estaba configurado según un orden numérico, donde sólo tenían cabida los números fraccionarios a través de su símbolo dieron con el número aureo.

Partiendo de esta base y de esta cita os propongo el sano ejercicio contrario, desde el fútbol llegar a la cultura. Por ello me gustaría hablaros de Pep Guardiola, un magnífico técnico disfrazado de gran futbolista. Perteneciente a la escuela iniciatica de Cruyff –como Pitágoras de Tales de Mileto- el de Santpedor puede ser catalogado como filósofo o romántico del fútbol pero con la salvedad de que su filosofía está trabajada en base matemática. Tras todas aquella bellas y buenas palabras que hablan sobre la estética del fútbol, sobre la llegada al éxito y a la victoria a través del buen juego subyace un trabajo de muchos años, de escuela, cimentado en los conocimientos adquiridos en su carrera como jugador, en la que tuvo la sabiduría de captar el mensaje de su maestro y acaparar las influencias positivas de todos sus técnicos.

Por ello y con la pequeña dosis de fortuna que necesitan todos los genios para triunfar, se saltó el bachillerato y pasó de la antigua y desaparecida EGB a la Universidad. Y allí en su primer año de carrera comenzó -como Pitágoras- a construir un instrumento científico musical llamado Fc.Barcelona –monocordio-, con el que verificó su teoría musical, su teoría futbolística. Su equipo a través del trabajo comenzó a crear la Música universalis, a demostrar la armonía musical, la relación precisa entre esta y los números, o lo que es lo mismo la relación precisa entre la estética, el buen fútbol -aquellas bellas y filosóficas palabras- y la victoria.

De esta forma y con un sextete histórico completó la base de su estudio, de su trabajo y el de la escuela iniciatica de Cruyff, aquella que tiene en Guardiola a su discípulo más aventajado pero tras la que subyace el trabajo de numerosos preparadores y técnicos anónimos que trabajan a diario desde el primer equipo hasta el último conjunto de las secciones inferiores del club.

Con semejante base de trabajo tras lo que se puede ver, Pep Guardiola ha afrontado un reto aún mayor, el de superar a su maestro manteniendo o mejorando el nivel, posiblemente sin el lustre de los éxitos conseguidos durante el ejercicio pasado –difícilmente igualables- pero trabajando en la perfección matemática y musical a través la afinación pitagórica. Esa es su próxima meta, aquella en la que Pitágoras de Samos creía y con la que verdaderamente llegó a la inmortalidad, pues aunque el sabio griego creyera firmemente en la trasmigración de las almas, fue la trasmigración de la enseñanza la que lo encumbró.

Y es que: “Aunque las enseñanzas de una persona sean muy buenas, para que cobren vida deberán ser transmitidas a personas de valor que sean capaces de grabar estas enseñanzas en su corazón, compartir la intención del maestro y llevar a cabo el proceso de aprendizaje con toda su vida. Por eso la relación Maestro-Discípulo es la única que permite al ser humano mejorar su vida y la sociedad”.

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