Histórico
19 abril 2010Ariel Judas

Let It Be en Boca Juniors

Riquelme-PalermoHace apenas unas horas reflexionaba acerca del escaso o nulo vínculo que existe entre el periodismo deportivo que se piensa, se habla y se escribe en español y la cultura rock. Y se me ha ocurrido hacer mi aproximación, mi ensayo, mi prueba. Lennon y McCartney. Palermo y Riquelme. La disolución de The Beatles. La muerte deportiva de uno de los mejores equipos de la historia moderna del fútbol sudamericano. Y un mantra liberador, que pide -más o menos cordialmente- que las cosas fluyan. Que se las deje ser.

Por estos días se cumplen cuatro décadas de la separación de The Beatles. El último registro discográfico firmado en conjunto por los Fab Four salió al mercado cuando la banda de rock que más corazones y consciencias ha tocado en el planeta era apenas un manojo de contratos que debían cumplirse. El deterioro en la relación personal, los celos profesionales y el agotamiento creativo a nivel colectivo llevaron a que John, Paul, George y Ringo decidieran poner fin al sueño en 1970. Desde el título -Let It Be- Lennon y McCartney, y en menor medida también Harrison y Starr, pedían a su grey que se los dejara ser. Que se les otorgara espacio y tiempo para procesar y aceptar su disolución como entidad colectiva. Como si intentaran explicarnos que continuar siendo Beatles les dolía en el cuerpo.

En otra rama de las bellas artes, en otra época, y -por supuesto- en otra escala, Martín Palermo y Juan Román Riquelme ensayan su Let It Be al frente de Boca Juniors. El canto del cisne xeneize no será un éxito de ventas, eso ya se puede anticipar. No veremos en la tele escenas de histeria colectiva. Ni desmayos. Pero algún lagrimón se escapará de la emocionada mirada del hincha. Seguro.

El pasado -cercano, palpable, pero que se escurre entre los dedos- ha sido bueno. Muy bueno. El Loco y el Torero han sido dos de las principalísimas figuras que han hecho de la escuadra boquense el equipo que más títulos ha ganado en todo el continente americano a lo largo de la última década. Hoy, veteranos, son dos de los últimos representantes de esos años dorados que, insisto, están a la vuelta de la esquina aún.Y, tras muchos años de diferencias privadas y desmentidas públicas, han decidido sacar a la luz -o se han visto obligados a hacerlo, en primera persona o gracias a algún mensajero- el conflicto que desde hace tiempo mantiene dividido al vestuario del primer equipo azul y oro.

El recelo mútuo que existe entre Palermo y Riquelme tiene varias aristas. Como bien explica Juan Pablo Varsky, comenzó en el campo económico, se extendió al vínculo y el grado de aceptación que las dos figuras tienen con el núcleo duro de la 12 -los ultras de Boca-, y fue quemando recorrido, como una mecha, dejando a un lado y al otro de la carga explosiva a prácticamente todos los jugadores que han pasado por la Bombonera en los últimos años.

Hace apenas unos días el delantero que con 36 años puede llegar a la Copa del Mundo con la Albiceleste se convirtió en el máximo goleador histórico de Boca. Con dos tantos, el Titán rompió de un mazazo la casi eterna marca legada por Roberto Cherro muchas décadas atrás. De manera irónica, Román -que sirvió una de las anotaciones- no saludó a Martín. De manera notoria y silenciosa, se mantuvo al margen. A la vista de todos. Exponiendo -casi como nunca había ocurrido antes- el quiebre en el vínculo entre ambos jugadores.

Riquelme lo dejó patente en la cancha. Y Palermo lo hizo ante los medios de comunicación. Hace mucho tiempo que no dialogan. Y hace aún más tiempo que la tropa que responde a uno y otro dentro del vestuario está sometida a un enorme desgaste. Aunque el presidente de Boca logre reconciliarlos de cara a la galería. Aunque se produzca la improbable renovación del enganche y del delantero, el sueño -este sueño, iniciado por Carlos Bianchi como entrenador hace ya mucho- ha terminado. Para siempre.

Como ocurrió con John y Paul en la terraza de Apple Records, Román y Martín entregan al público xeneize sus últimas actuaciones en conjunto. Como The Beatles, han tenido en el Carlos Bianchi-entrenador (no confundir con el Virrey-secretario técnico, de una actuación absolutamente ruinosa) el equivalente a George Martin, el productor, ingeniero de sonido (genio) que supo disimular los errores de juventud de los cuatro de Liverpool y que los llevó a su máxima expresión. Bianchi -que también tuvo que lidiar con las peleas entre estas vacas sagradas durante su gestión- supo minimizar el roce del conflicto, domar las rabias que aún eran domables, y hacerlos brillar.

Esta historia también tuvo sus particulares Yoko Ono. ¿Fue la artista polirrubro uno de los causantes de la disolución de la pareja creativa que firmó decenas de hits como Lennon-McCartney? No lo sabemos realmente, aunque mucho se especula sobre ello. Chelo Delgado, Guillermo Barros Schelotto, Rodrigo Palacio, Luciano Figueroa, Pato Abbondanzieri… todos han jugado en algún momento u otro ese rol.

De una manera convulsa, la afición de Boca despide a uno de los mejores equipos que el club ha tenido en su historia. Por logros, por juego, y por integrantes. Sin urgencias -bajo el mando de Carlos Ischia se ganó el Apertura 2008-, pero con la necesidad de volver a las competiciones sudamericanas tan pronto como sea posible, la nación azul y oro tal vez comience a acercar las ramas al fogón. Es necesario hacer fuego nuevo. Reinventarse. Aún a costa del sacrificio de nombres tan grandes como los de Palermo y Riquelme. Let Them Be.

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