Histórico
22 abril 2010Jose David López

Hamburgo y la tozudez del anfitrión

hamburgo

Hace unos años, un amigo periodista sacó entre ‘cañas’ una conversación delicada. Opinaba sobre una curiosa forma de morir y cuestionaba el poder destructivo del agua cuando un cuerpo golpea el H2O. No soy físico, ni siquiera me habría planteado algo así de no ser porque él mismo me pasó un enlace con una noticia que aseguraba la muerte de un hombre tras colisionar contra el agua desde unos metros. Improbable pero real. Un israelí había fallecido cayendo tan sólo al vacío desde unos 5 metros. La única pega que rompía mis cábalas era que se había golpeado directamente en la cabeza. Perdió la vida al instante y demostró que, pese a la aparente vulnerabilidad del líquido más útil del planeta, un choque puede ser mortal.

Esta teoría llevada al deporte rey se demuestra a la perfección en equipos que no encuentran facilidades ofensivas, que se atascan a la hora de crear peligro y que son incapaces de encontrar soluciones creativas. Chocan una vez tras otra contra el muro que, manteniendo un mínimo carácter competitivo y colocación táctica, muestra carencias. No existen rivales menores, enemigos complicados ni defensas infranqueables, sino falta absoluta de guión constructivo y capacidad para desbordar. Un muro, una farola, un coche…, la tozudez e ineptitud está por encima de todo. En Hamburgo llevan varios años padeciendo esta dinámica. Chocar una vez tras otra por falta de argumentos para definir, cansa pero, sobre todo, termina matándote. Por más que sea agua lo que aplaque el golpe, al final, lo pagas…

Y es que aunque estemos hablando de un campeón de Europa (1983), de una entidad con grandes iconos en su historia (Horst Hrubesch, Kevin Keegan, Uwe Seeler) y de un auténtico gigante social en la Bundesliga, el Hamburgo lleva muchos años en el ostracismo del segundo escalón continental. A grandes rasgos, ese aspecto debilita sus opciones como plantilla respecto a aquellos a los que un día retaba cara a cara. Ahora se ha perdido regularidad, no existe un guión sobre el que trabajar con paciencia y, año tras año, se destruyen los dubitativos pilares creados con el último inquilino de su banquillo. Tienen un estadio cinco estrellas (el majestuoso Nordbank Arena), una masa social enorme y buenas intenciones en el mercado de fichajes (reducido pese a todo por ser la Bundesliga un torneo menor) pero no existe lógica en la elaboración del bloque.

Los Rothosen, necesitados de un jugador experimentado pero con mentalidad de cerebro y dotes de mando en la medular, destinaron tal misión a Zé Roberto. Vaya por delante que me parece uno de los extranjeros que mayor rendimiento ha dado en Europa en la última década pero a sus 35 años ya asó su momento de gloria. Esa tarea no sólo se le puede quedar grande, sino que le deja demasiado aislado, solo y naufragando en el mar de dudas que plantean el resto de compañeros. Al brasileño se le pide demasiado y sus piernas no están ya para tener profundidad, recorrido y potencia destructiva. A su lado se han colocado, como comodines, el aguerrido Rincón o el combativo Jarolim (intocable), pero estas soluciones sólo pueden reflejar más incapacidad distributiva. Un equipo con un acusado juego directo, físico, lleno de disparos lejanos como única válvula de escape y anclado en un sistema de juego arcaico.

Gastan demasiados millones en jugadores que deberían dar el salto definitivo en su rendimiento (Jansen, Castelen, Rozenthal) y que caen constantemente lesionados pero, sobre todo, el diferentes versiones de atacantes. No falta ni una vertiente. Desde definidores como Van Nistelrooy hasta rematadores por naturaleza como Petric, veloces como Guerrero o tibias promesas como Berg. Sin embargo, la deuda con el fútbol, con la esencia de intentar crear para superar con argumentos atractivos y plausibles al rival, queda en el olvido un verano tras otro. Sólo las apariciones del joven extremo Elia, el desborde del revulsivo Pitroipa y los potentes disparos de Jansen o Trochowski, han mantenido una ligera estabilidad institucional (aunque algunos se hayan liado a botellazos con su propia afición).

El intento de renovación (enésima) con Bruno Labbadia, tampoco tendrá un futuro a largo plazo y sólo su clasificación para las semifinales de la Europa League (sufriendo en cada eliminatoria), mantiene con vida el proyecto. Lejos del título en la Bundesliga, sólo predestinados a una final que les tendrá como anfitriones, motivo por el que lo han dado todo en esta competición (deben superar este miércoles al Fulham) y con una tesis sobre la insuficiencia a la hora de sobreponerse al rival, para el Hamburgo cualquier rival es engorroso. Da igual que al final de la caída sólo haya agua…

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