Histórico
18 abril 2010Jesús Camacho

La “Delantera Stuka” del Sevilla

stukas

La historia nos depara a veces situaciones caprichosas y es bastante curioso el hecho de que la mejor o segunda mejor (si tenemos en cuenta la etapa del ”Arrebato” sevillista) época de la historia del Sevilla haya estado comprendida en el periodo de entreguerras sufrido desde 1937 a 1946. Y es que en seis temporadas el conjunto sevillano se codeó con los mejores equipos de España y de no haber mediado una convulsa situación nacional e internacional posiblemente habría dejado su sello también en Europa. Al menos en cuanto a lo que enfrentamientos internacionales se refiere, puesto que la Copa de Europa aún no existía y la Copa Latina fue instaurada en 1949.

En cualquier caso aquel equipo sevillista no pudo tener repercusión internacional porque la historia deparó la continuidad del armisticio en otros frentes, primero europeos y más tarde con todo el mundo implicado en la contienda. En este periodo de la historia resulta curioso comprobar cómo el principio de la guerra civil coincide con el logro de la primera Copa de España para el Sevilla, y el final de la guerra y el principio de la Segunda Guerra Mundial con la consecución de la segunda Copa. Llegando aún más lejos podemos comprobar cómo coincide también el final de la contienda continental con la consecución del primer y hasta el momento único Campeonato de Liga en la temporada 45-46.

La vieja patina del tiempo

Por ley de vida son pocos los viejos aficionados que aún pueden recordar aquel periodo mágico de la historia del club pero no cabe duda de que han sido ellos los que han mantenido viva la llama de aquellos extraordinarios jugadores que dejaron su sello en la historia. Ellos, la vieja hemeroteca de la prensa y los libros de la ‘historia futbolística’ Alconero, Félix, Mateo, de la “Delantera Stuka”, de los Busto, Joaquín, Villalonga (el gran Diego Valor), Juan Arza, Juan Araujo… nos han permitido conocer un Sevilla por entonces floreciente y en la cresta del fútbol nacional. Viejos relatos a los que al retirarle la vieja patina del tiempo nos sorprenden con el brillo de los

Delantera Stuka

Es precisamente en este punto en el que encontramos una delantera que me gustaría recordar y a la que le dedico este pequeño retazo histórico, la que fue conocida como “Delantera Stuka”.

Aunque también se les conoció como la “Línea del miedo”, como cuenta el mítico Juan Arza y como no podía ser de otra manera a la delantera de este Sevilla de entreguerras se colocó le colocó el sobrenombre de un bombardero alemán de “la artillería volante de la Wehrmacht”, como se lo conocía al Ju-87. Stuka, la abreviatura alemana de “Sturzkampfflugzeuge” o bombardero en picada, que se convirtió rápidamente en el apodo de ese avión tan peculiar pero eficaz. Haciendo un símil con la devastadora eficiencia del citado bombardero se aludió a una delantera que causó (con todo el respeto que le tengo a los que sufrieron en la guerra) tanto terror como aquel temido aparato volador que tuvo la supremacía aérea a nivel internacional y arrasó numerosas ciudades. Quizás para algunos no sea afortunado el símil militar pero teniendo en cuenta el momento internacional que se vivía por entonces, cayó por su propio peso en un deporte en el que a menudo se alude a símiles militares para referirse a acciones o posiciones en el terreno de juego. Como por ejemplo “fusilar al portero”, delantero (artillero, panzer), retaguardia (defensa)…

La famosa línea delantera fue la compuesta por López, Raimundo, Pepillo, Campanal y Torrontegui y Berrocal, completando un sexteto para cinco posiciones. Precisamente y sobre la composición de la verdadera “Delantera Stuka” surge una controversia y es que para algunos la verdadera fue la compuesta por López, Pepillo, Campanal, Raimundo y Berrocal y para otros la compuesta por López, Torrontegui, Campanal, Raimundo y Berrocal. En cualquier caso de lo que no cabe duda es que eran seis grandes futbolistas para cinco posiciones puesto que el polivalente Torrontegui peleaba la titularidad con Pepillo, una circunstancia que generó un intenso debate en la época.

López era un jugador fenomenal y muy listo, un gran extremo; Raimundo y Pepillo que eran dos futbolistas de gran calidad, pura clase y talento; Guillermo González del Río García, Campanal, “el gordo” un futbolista arrollador, enérgico, al que se le tachaba de demasiado voluminoso pero que cada vez que remataba demostraba su espectacularidad, su precisión y lo que es más importante que era un fuera de serie, completaban el sexteto para cinco puestos Torrontegui y Berrocal. Sus características eran técnica, suavidad y casi perfección, las cuales adornaban un fútbol de lujo y eficiente. El sistema que empleaban era agresivo y ofensivo con tan solo dos defensas y nada menos que cinco delanteros.

Un gran equipo

No cabe duda de que aquella línea atacante acumuló todos los elogios y pasó a la historia pero sería tremendamente injusto olvidar a las restantes líneas de un gran equipo en definitiva. En este punto encontramos a porteros magníficos como José Guillamón y Busto, una defensa impenetrable con Joaquín por la derecha y Diego Villalonga por la izquierda y una media de lujo compuesta por Alconero, Félix y Mateo o la también formada por Torrontegui, Félix y Alcázar.

Don Ramón Sánchez Pizjuán

De la misma forma no quisiera pasar por alto el trabajo realizado por el presidente Ramón Sánchez Pizjuan (el mejor de la historia del club con permiso de Del Nido) que hizo una inestimable labor cuando en España estalla la guerra civil, consiguiendo preservar a toda la plantilla para evitar que vayan al frente, y con la ayuda del directivo Antonio Sánchez Ramos y el entrenador Pepe Brand montan una gran plantilla, enormemente competitiva para afrontar en las mejores condiciones posibles, la temporada de la posguerra (la 39/40). Y no solo hicieron eso sino que consiguieron conformar un gran equipo que no tardó en marcar una época.

Una Copa de España e históricas goleadas

En aquel año de 1939 conquistaron la Copa y fueron subcampeones de Liga a un solo punto del Atlético Aviación y haciendo 17 tantos más que el equipo madrileño.

Aunque ya habían demostrado sobradamente su eficiencia y autoridad sería en la temporada 40/41 en la que se haría acreedor a una fama bien merecida. Y es que en aquella campaña el Sevilla dejó para el recuerdo goleadas históricas. Especialmente con unas impresionantes goleadas al Barcelona, 11-1 (que motivó improvisar un nuevo número en el marcador), con 4 goles de Campanal, 3 de Torrontegui, 2 de Raimundo y 1 de Berrocal, 10-3 al Valencia (record de goles marcados en un solo partido), 8-3 al Hércules, 0-4 al Oviedo en Asturias, 0-3 al Zaragoza en Aragón, y un espectacular 5-4 al Real Madrid en Nervión. En definitiva un año en el que el gol de aquella “Delantera Stuka” eclosionó y les colocó en las portadas de los medios de difusión a nivel nacional. Para hacerse a la idea del espectáculo que ofrecieron estos futbolistas en la Liga española tan solo con ofrecer el dato de que llegaron a anotar 33 goles en cuatro partidos ya es suficiente.

En la 41/42 siguieron ofreciendo fútbol y goles pero se puede considerar como una temporada poco brillante de los “Stuka”, al acabar en una discreta sexta plaza pero dejando para el recuerdo dos goleadas 10-0 al Real Oviedo, 7-2 al Hércules.

En la temporada 1942/43 volvieron a rayar a gran nivel ofreciendo un gran espectáculo, conquistando nuevamente el subcampeonato liguero y dejando para la historia sendas goleadas al eterno rival 2-5 en Heliópolis y un aún más rotundo 5-0 en Nervión. Fue un año agridulce puesto que en aquella temporada se produjo la marcha a la Federación española del mejor presidente de la historia del club, Ramón Sánchez Pizjuán, que desde la distancia siguió amando y ayudando al Sevilla y al fútbol andaluz.

“El niño de oro”

En la 43/44 se produjo otro hecho crucial para la historia del Sevilla, la llegada al club de Juan Arza, “el niño de oro”, uno de los mejores jugadores de la historia del club que daría tardes de fútbol de lujo en Nervión. Una temporada en la que bajo la dirección técnica del irlandés O’Donell (que no llegó a convencer) fueron nuevamente subcampeones a tres puntos del campeón, el Atlhétic de Bilbao.

La temporada 44-45, es la peor de las últimas al ocupar el Sevilla el puesto 10º y es que de forma gradual el equipo de los “Stukas” entró en claro proceso de transformación.

Ramón Encinas y el “Pato” Araujo

El técnico que llevó a cabo la citada transformación fue Ramón Encinas, que en la campaña 45/46, inteligentemente decidió quedarse con los mejores y reforzar a conciencia los puestos más endebles del equipo. Como por ejemplo con la llegada del tercero de los hermanos Guillamón, Fernando que a la postre sería el que más rendimiento daría al Sevilla y, especialmente con la vuelta de Juan Araujo tras el forzado exilio al que le sometió el mister O´Connell cuando lo envió a Jerez.

Sin duda la aportación del gran Juan Araujo en esa temporada iba a ser decisiva, tan decisiva como la acción que completó al conseguir el gol en las Corts y que convirtió al Sevilla en Campeón de Liga. Y es que el Sevilla llegó a la última jornada con 35 puntos a Les Corts, a un punto del Barcelona con 34 puntos. Fue allí en aquel escenario y en el minuto siete de partido en el que un certero centro de López es enviado al fondo de la red barcelonista por la cabeza de “pato” Araujo. Un gol que tras el empate definitivo le dio a la postre el primer y único título de Liga de la historia al Sevilla.

Ramón Encinas contó esa temporada con una plantilla compuesta por Busto y Paquillo como porteros. Joaquín, Berridi, Lucas, Bonache, Villalonga y Antúnez como defensas, Herrera, Alconero, Iturbe, Ovidio, Mateo, Eguiluz, Félix, y Clemente como medios y Acedo, Araujo, Arza, Belmonte, Campanal I, Campos, López y Guillamón como delanteros.

En definitiva seis años de ensueño en un momento histórico convulso que acompañó paradójicamente a un gran equipo que se convirtió junto a aquel Athlétic de Zarra, Gainza, Panizo e Iriondo, en el mejor conjunto español de este periodo de entreguerras y por extensión uno de los mejores conjuntos europeos de la época.

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