Histórico
21 abril 2010Jose David López

El Bayern, Van Gaal y los juveniles inexpertos

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Hay una ley no escrita en el fútbol que parece claudicar a favor del carácter nacional y patriótico de los clubes. Los aficionados quieren resultados, éxitos y títulos por encima de todo, pero su alegría será máxima si aquellas gestas se logran con jóvenes, o no tan jóvenes, que un día salieron de la raíz de la entidad, del primer escalón en la pirámide, de aquellos campos de tierra que desprenden humildad. Gusta crear historias en torno a ‘La Masía’, ‘La Fábrica’ o Mareo, por citar algunas, pues allí nacen aquellos predestinados a levantar el orgullo del pueblo que te anima semanalmente.

Todos y cada uno de los jugadores, sean de donde sean, han salido de alguna cantera, pues sus cualidades fueron perfeccionadas en algún rincón del mundo, con técnicos expertos que en la mayoría de los casos pasaron décadas atrás por situaciones similares. Ese sentimiento tiene auténticos devotos en los banquillos. Entrenadores que son tildados de revolucionarios pues tomaron los riesgos de dar rienda suelta a la juventud, el desparpajo y la alegría que emana todo juvenil cuando está ante sus primeros compases profesionales. Puedo asegurar que Caparrós dirige personalmente a sus ‘cachorros’ cada lunes o que Guardiola ha sido el mejor psicólogo para una generación de cracks adolescentes que disfrutarán los culés durante muchos años. Pero también, que el exceso de presión o confianza depositada en estos adolescentes, puede ser el peor de los remedios ante una necesidad inmediata. De esto saben mucho en Múnich. De esto sabe mucho un tal Louis Van Gaal.

El técnico holandés es un auténtico especialista en inversión de futuro, en moldear jóvenes promesas y en perfeccionar la maquinaria de trabajo más acorde a lo que demanda el mercado. No obstante, ha sido el centro de operaciones en el Ajax (líder indiscutible en formación de jóvenes), pasando a la historia tras ganar la Champions League de 1995 con un equipo plagado de quienes años atrás habían pulido sus virtudes a la sombra del primer equipo. Hablamos de Seedorf, Kluivert, Van Der Sar o los hermanos de Boer. Además, profundizó en el Barcelona posteriormente, conociendo el estupendo trabajo desarrollado en el actual campeón de Europa con las promesas. A él le debemos los debuts de hombres determinantes como Xavi, Puyol, Iniesta o Víctor Valdés, entre otros. Allá donde fue, siempre mostró su lado más generoso con los ‘novatos’ a quienes realza la moral antes de exigirles máxima entrega y rendimiento. Prosiguió en el AZ y este verano no tardó en demostrar que en Múnich, ya como entrenador del Bayern, sus doctrinas partían de la misma base.

Dio el empujón definitivo a un Thomas Muller al que apenas habíamos visto en anteriores temporadas en minutos de ‘basura’ o en partidos coperos. Hoy es internacional absoluto con Alemania y referente del futuro proyecto de uno de los gigantes mundiales. Decidió confiar en un desconocido Holger Badstuber, al que colocó de central por delante de un experto como Demichelis. Ahora es un fijo en los planes del monstruo bávaro y pieza angular para el futuro. Hasta aquí parecería que su vinculación con las promesas asegura satisfacciones a cualquiera que examine su historial pero exigir a quien simplemente no está preparado, es un riesgo amenazante, una osadía que puede definir un partido o, lo que es peor, dejarte por el camino en una competición de primerísimo nivel. Estas sensaciones, mucho más amargas, las está conociendo el míster holandés después de torpedear a su plantilla con la indecisión, el despropósito y la duda de no saber quién es el verdadero lateral izquierdo del Bayern.

A principios de campaña el puesto iba a ser para Pranjic, un carrilero de grandes cualidades ofensivas que logró la friolera de 20 goles el pasado curso en el Heerenveen. Ante la falta de confianza, le dio minutos a otro refuerzo propiamente solicitado, el de su compatriota Edson Braadfheid, sin la contundencia como para ganarse un hueco en el equipo y obligado a marcharse al Celtic cedido en invierno. Es más, Lahm, capaz de jugar en ambas bandas, recibió el silencio cuando la plantilla preguntó acerca de la disponibilidad del internacional para ser la solución ‘B’. Sin embargo, estas inseguridades le hicieron cometer el error más grave de toda su campaña bávara, recurrir al recurso que siempre le había funcionado: la cantera.

La lesión del citado Babstuber le puso en jaque y confió grandes responsabilidades en partidos de Champions a dos inexpertos como Diego Contento y David Alaba. Y se demostró que no siempre pueden existir remedios ‘caseros’ a la altura de lo que el guión exige. El primero fue zarandeado en varios partidos de Bundesliga pero el austriaco, de sólo 17 años, fue un constante peligro en la eliminatoria ante la Fiorentina, donde los extremos violas destrozaron una vez tras otra sus carencias defensivas. Tal fue el punto en que aquella noche el joven defraudó, que Van Gaal no ha vuelto a confiar más en él ni en su compañero juvenil, desangrados  incluso por la prensa. Ambos tienen mucho que mostrar, que disfrutar pero también que mejorar y desarrollar. Porque no es oro todo lo que reluce y porque, desde luego, no todas las promesas pueden llegar a dejar de serlo. ‘Parches’ hay muchos. Cracks, muy pocos.

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