Histórico
14 abril 2010Jose David López

Dit is de Twente Eredivisie

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Aprovechamos el más que probable título del Twente en la Eredivisie 2009-2010 (está a dos jornadas de lograrlo salvo catástrofe que se complicó este mismo martes), para meter el bisturí en la historia, los personajes y la temporada del nuevo campeón holandés.

Un alto número de exiliados, un dialecto de nombre singular (Twents) y extraordinarios ferrocarriles que desarrollaron la zona a finales del siglo pasado, bien podrían ser el plano general de mil y una ciudades del planeta. Sin embargo, sólo en uno de ellos se encontró oro de repente, de la nada, de la cantera más insospechada y de aquél suelo inerte que parecía lastrar los progresos de sus gentes. Fue en los años 50, al oeste de la región de Twente, en la frontera holandesa con Alemania.

Desde ese momento, los más intrépidos situaron en el mapa a Enschede, principal ciudad de la zona, como epicentro para sus intentos de explotación del deseado metal. Otros, los deportistas, quisieron aprovechar ese impulso de dinero para levantar al modesto club de la ciudad (fundado en 1965 por la unión de Sportclub Enschede y Boys Enschedese), que luchaba por hacerse un hueco entre los grandes y que necesitaba que el brillo de aquél oro milagroso, reafirmara sus objetivos futbolísticos. Reflejo de la fortuna o de la caprichosa suerte del destino, lo cierto es que el estallido de la pedriza coincidió con los primeros éxitos del Twente que, ahora, más de medio siglo después, vuelve a ser famoso por su esplendor. No sobre la cantera de Losser, cuna de aquél oro, sino por el firme caminar de los Tukkers, casi campeones del fútbol holandés.

Tras aquella determinante fusión entre las dos vertientes de la ciudad, el club relanzó su poderío de la mano del técnico Kees Rijvers, que durante seis campañas siempre les mantuvo en la élite, sin caer más allá del quinto puesto y luchando en el torneo copero. Era la época de mitos como Epi Drost, Eddy Achterberg , Kick van der Vall y Pahlplatz Theo, que estuvieron muy cerca de su primer título en 1974, cuando tras una estupenda campaña, cayeron en la última jornada liguera ante el Feyenoord, que salió campeón. Ese recuerdo prosiguió un año más pues gracias a aquella participación en UEFA, los Tukkers (rojos en holandés), extendieron sus alas al viejo continente ganando a la todopoderosa Juventus en semifinales y sólo errando, de nuevo, en la noche clave ante el Borussia Mönchengladbach.

Tras esos éxitos, el club entró en crisis, descendió en 1982 y aunque regresó un año más tarde, no volvió a encontrar aquella dinámica optimista. Su estilo, bronco, lento y con jugadores muy físicos, le hizo ganarse el apodo del ‘Boring Twente’. No fue hasta el nuevo siglo donde volvió a ser noticia. Primero por la quiebra de la empresa financiera que suministraba buena parte de su mantenimiento anual y, segundo, mucho más agradable, por volver a dejarse notar en una final de Copa nuevamente perdida. Poco después, Fred Rutten (actual técnico del PSV), inició el trabajo del que ahora se siguen aprovechando los que llegaron tras el germano pues fue él quien inició un proyecto serio, estricto en cantera y con control económico de sus gastos en fichajes. Rutten tenía total control pues antes de sentarse en el banquillo, había ocupado cargos como jugador, gerente y director deportivo, lo que le facilitó el contacto con todas las ramas del club.

Aprovechando esta dedicada y progresiva labor, llegó sorprendentemente, Steve McCLaren (si finalmente gana la Eredivisie será un nuevo técnico inglés que gana lejos de su país y el último desde 1996 con Robson en el Oporto). El ex seleccionador de los pross, con la reputación por los suelos en su país tras la debacle que les dejó fuera de la Euro 2008 (jamás se vio apto para el puesto tras el cese de Eriksson), entendió que nadie iba a darle más opciones en la Premier y que le tocaba bajar algún peldaño y empaparse de otras culturas futbolísticas. Su aterrizaje en Enschede no obstante, suponía un fuerte estímulo para un club en pleno crecimiento como alternativa al dominio de los ‘gigantes’ holandeses. En su primer año, llegó al segundo puesto liguero y cayó, por enésima vez, en la final, esta vez copera. Una campaña después, su primer test resultó fallido pues, a pesar de merecer mucho más, fracasó en su intento de meter al Twente en la fase final de la Champions (cayó contra el Sporting de Lisboa en el descuento, aunque después le hubiera esperado la Fiorentina). Tocaba olvidar, pasar página y centrarse en la Eredivisie, que aún elogiaba al estupendo AZ de Louis Van Gaal, sorprendente campeón que había destrozado la dinámica del fútbol oranje.

La reacción fue instantánea, plena en decisión y con la gallardía de quien se sabe en un momento dulce. Tanto que los Tukkers no cedieron una sola derrota hasta la jornada 22 (siendo goleado por el Ajax), sumando sólo cuatro empates por el camino y demostrando su fortaleza ante los supuestos favoritos. Aquello sirvió para que el equipo ganara en confianza, se creyera realmente su nuevo estatus de equipo capacitado para increpar el orden holandés y levantara respetos entre sus rivales. “La energía y nuestra actitud de ayudarnos como bloque unido, debe ser nuestra referencia”, dijo el míster desde el principio. McClaren (ya tentado para regresar a la Premier), que jamás fue un técnico demasiado ofensivo, arrancó la campaña con mayor atrevimiento del esperado pues no tardó en diagnosticar que lo más positivo del estilo holandés es la facilidad de espacios y la fragilidad de las defensas rivales.

Lo reflejó en sus tres principales activos ofensivos. Un punta tanque, un extremo con velocidad y profundidad y otro con movilidad y llegada que, además, ha roto favorablemente todas las previsiones. O lo que es lo mismo, el potentísimo N´Kufo como referencia por centímetros y experiencia (lleva once goles pese a ser la peor campaña anotadora de sus últimos años), el diminuto pero hábil Stoch en banda izquierda (lleva ocho goles) y el auténtico crack y milagro para los de Enschede, Bryan Ruiz. El costarricense, crack revelación del año en Europa, lleva la friolera de 23 goles. De cabeza, por potencia, con calidad o por inteligencia, el ex del Gent, ya está en la agenda de los grandes del continente. Tras ellos, la creatividad y la magia la pone el hispano-danés Kenneth Perez, que agota su visión de juego por el bien de un bloque al que hace jugar.

La falta de fondo de armario y recursos de nivel para ampliar las alternativas de la plantilla, evitó que la Europa League conociera el proyecto de McClaren (cayó ante el Bremen), a pesar del buen desempeño realizado por jugadores humildes en estado de gracia. Es el caso del lateral Stam, el veteranísimo portero Boschker o el creciente Janssen, que junto a las nuevas apuestas de cara al futuro (Osei, Vujicevic, Rajkovic, Kuiper y sobre todo el interesante central Douglas), intentarán mantener a salvo el boceto de plan futurista que con tan buenos argumentos se ha creado en el Arke Stadion. Hoy (si nada se trastoca demasiado en estos díez días) toca disfrutar, festejar y gritar su versión del You’ll Never Walk Alone por el Twente. Mañana y siempre, recordarles pues en un fútbol tan equitativo como el actual, lo suyo es una soberana heroicidad.

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