Histórico
30 abril 2010Ariel Judas

Cruz Azul o la (mala) suerte del (sub) campeón

El empate sin goles le aseguraba, por fin, la obtención de un postergadísimo título al Cruz Azul, uno de los equipos más populares de México. Minuto noventa, todo bajo control. Muchos nervios. Balones maltratados. Ganas de que el tiempo pase rápido y el maleficio se rompa. Minuto noventa y uno, lágrimas de emoción contenida en la sufrida afición de la Máquina. Minuto noventa y dos. Gol. Imposible de soportar. En tiempo de descuento el delantero paraguayo Edgar el Pájaro Benítez hace estallar a los locales, los hinchas del Pachuca. Los Tuzos fueron los responsables de rematar el sueño Celeste, que suma nada más y nada menos que cinco finales perdidas en los últimos dos años.

Hace una semana, en su casa del Distrito Federal, el Cruz Azul podría haber dejada vista para sentencia la serie final de la Liga de Campeones de la CONCACAF. Al término de la primera mitad en el partido de ida la Máquina Cementera se imponía cómodamente al Pachuca por 2-0. Parecía muy claro que los jugadores de Enrique Meza conseguirían ampliar el marcador, y dar tranquilidad a la afición que había llenado el Estadio Azul. Los hinchas venían de pasarlo muy mal en la goleada de los Gallos Blancos de Querétaro, por la anteúltima jornada de la temporada regular del Torneo Bicentenario. Pero el equipo de la camiseta celeste se confió demasiado, y permitió que en el segundo tiempo los Tuzos descontaran. Con una mínima ventaja en la final internacional, Cruz Azul comenzó el pasado fin de semana con la clasificación a la Liguilla Final al alcance de su mano. Con la posibilidad de revertir el mal resultado en la Concachampions en su casa, Pachuca no dependía de sí mismo para poder jugar los play-offs de la primera división mexicana.

“Si algo puede fallar, fallará” creo recordar que estipula una de las Leyes de Murphy. Y la Máquina Celeste volvió a vivirlo esta semana. El pasado fin de semana dejó escapar una victoria ante Chivas de Guadalajara, y terminó dependiendo de la suerte del América para seguir avanzando en el Bicentenario mexicano. Casi contra todo pronóstico, las Águilas birlaron a sus vecinos una plaza en la lucha por el título. Pachuca fue todo lo contrario. Se impuso a domicilio a Tigres en El Volcán y logró colarse entre los ocho mejores equipos del campeonato.

El Cruz Azul -máximo candidato en las apuestas previas a luchar por el Torneo Bicentenario, junto con el Monterrey- se quedó fuera de juego demasiado pronto, pese a haber sido el equipo que más dinero gastó en incorporaciones difíciles de objetar. Desde hace algunos años, el hiriente mote de Subcampeonísimo comenzó a ser aplicado por el mundillo futbolero mexicano para referirse a la situación difícil de explicar que los Cementeros viven cada vez que últimamente afrontan partidos trascendentes.

La que ya puede ser calificada como la leyenda negra del club capitalino habla de un equipo que, pese a haber disputado varias finales a nivel local e internacional, solo ha podido celebrar la obtención de un título en las últimas tres décadas. La mala suerte ha tenido bastante que ver en algunos casos, pero la falta de efectividad del Cruz Azul en tiempos recientes se ha convertido en objeto de estudio. No solo la poderosa escuadra del D.F. cayó en la pasada final de la Liga de Campeones de la CONCACAF ante el Atlante, sino que además perdió la final del Apertura 2009 frente al Monterrey, la del Apertura 2008 contra el Toluca y la del Clausura de ese mismo año ante el Santos Laguna. Si a estos malos momentos sumamos el recuerdo de la caída en la final de la Libertadores 2001 ante Boca Juniors, la sola mención de los partidos finales se vuelven un auténtico calvario para los muchos seguidores de la Máquina.

Ni un entrenador que está entre los tres mejores de México, como Enrique Meza. Ni el fichaje del extranjero de mejor rendimiento en ese país, como Christian Giménez. Ni la llegada de una de las figuras del pasado Brasileirâo, como el defensa Edcarlos Conceiçâo. Ni el tirón mediático de Maxi Biancucchi. Ni la calidad goleadora de Emanuel Villa. Ni la personalidad de Cristian Riveros. Ni la veteranía de Gerardo Torrado. Ni la seguridad en la portería de José de Jesús Corona. Nada ha servido para evitar un nuevo y contundente fracaso del Cruz Azul en este primer semestre de 2010. Será interesante ver cómo desde los despachos de los ejecutivos se intentará dar fin a una de las dinámicas negativas más curiosas y persistentes del fútbol latinoamericano.

Párrafo final para el Pachuca, un equipo que parecía estar digiriendo de mala manera (en términos futbolísticos) las salidas de Ojitos Meza y Chaco Giménez al Cruz Azul, pero que -finalmente- termina mucho mejor de lo que esperaba la primera mitad del año. De estar prácticamente condenado al despido, el entrenador Guillermo Rivarola ha recibido un importante tubo de oxígeno con este título internacional y el pase a los play-offs del Bicentenario. Quedan dudas, sin embargo, de cara al Mundial de Clubes del próximo mes de Diciembre (un torneo que el equipo disputará por tercera vez en su historia). ¿Estará el estratega argentino al mando de los Tuzos en los Emiratos Árabes Unidos? ¿Optará la directiva por dar corte a esta conducción, como reclaman muchos aficionados en el Estadio Hidalgo? El Pachuca Club de Fútbol es uno de los equipos más antiguos de la primera división mexicana, pero de ninguna manera es uno de los más populares del país.

En esta última década, la entidad presidida por Jesús Martínez Patiño ha registrado un verdadero salto de calidad, que merece ser destacado. Ha ganado los títulos de Invierno de 1999 y 2001. El Apertura 2003, y los Clausura de 2006 y 2007. A nivel internacional, se adjudicó la Copa Sudamericana de 2006 (fue el primer equipo mexicano que ganó una competición organizada por la CONMEBOL), la Liga de Campeones de la CONCACAF (o sus precedentes) de los años 2002, 2007 y 2008, y la Super Liga 2007. Un palmarés difícil de igualar para cualquier equipo de la región. Incluyendo a los poderosos como América, Chivas, Pumas o este desconcertante Cruz Azul de los partidos finales.

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