Histórico
28 abril 2010Francisco Ortí

La filosofía Mourinho acaba con el Barcelona (1-0)

El Barcelona de los seis títulos, el de la filosofía virtuosa, el de Lionel Messi, el de los canteranos  descarados quedó convertido en escombros ante un grupo de gregarios adiestrados por el mejor estratega de Europa. José Mourinho volvió a demostrar que pizarra en mano es capaz de deactivar a cualquier rival. El impermeable planteamiento del técnico portugués, sumado a la tradición italiana, fue un trago demasiado amargo para un Barcelona acostumbrado a las delicatessens, y acabó con el morboso sueño azulgrana de ganar la Champions League en Santiago Bernabéu.

No hubo que esperar demasiado para conocer la hoja de ruta diseñaba por José Mourinho. La actitud de Julio César, haciendo eterno un saque de puerta a los dos minutos de partido, evidenció que la consigna del Inter de Milán era perder todo el tiempo posible. El empate sin goles era válido para costear el billete a Madrid y no hacía falta buscar más, así que los italianos tejieron con maestría una tela de araña defensiva en la que quedó aprisionada la filosofía del Barcelona (vídeos a continuación).

Lionel Messi quedó exiliado porque se le cortó el suministro de balones. Zlatan Ibrahimovic, desquiciado desde que a las primeras de cambio le convirtieron la camiseta en jirones, mostró su rostro más opaco. Xavi se vio continuamente obligado a dar pases largos y sin poder combinar con velocidad. El entramado defensivo nerazzurri era perfecto. El Barcelona estaba deactivado. Tan sólo Pedro parecía conocer el antídoto para la pizarra de José Mourinho, aunque con un rival como Maicon tuvo problemas desarrollar con comodidad su juego.

La expulsión de Tiago Motta, descerebrado como en su etapa en España, no provocó una mejoría azulgrana, si no que aumentó el blindaje del Inter. Con un hombre menos, Samuel Eto’o y Diego Milito multiplicaron sus esfuerzos defensivos para convertirse en laterales cuando los catalanes tenían el balón. Pep Guardiola no encontraba la manera de superar el muro italiano y movió ficha. Maxwell entró por Milito para dotar de más veneno a la banda izquierda, mientras que Bojan y Jeffren fueron apuestas a la desesperada.

El Barcelona jugó volcado en ataque, superpoblando la zona de vanguardia, pero si escasa velocidad moviendo el balón facilitaba el trabajo del Inter de Milán. Lucio, Samuel y Chivu apenas sufrieron para contener el ataque azulgrana, que ya llegaba debilitado por el exhaustivo trabajo de Esteban Cambiasso en la medular. Conforme se acercaba el final del encuentro el asedio azulgrana incrementó la intensidad a costa de la pérdida de criterio. El desorden en el ataque culé provocó que Gerard Piqué acabara como delantero y dejara en evidencia a Ibrahimovic con una roulette en el interior del área con el que rompió a Julio César para marcar a puerta vacía.

El gol de Piqué alimentó recuerdos pasados en el barcelonismos. El gol de Andrés Iniesta en Stamford Bridge sobrevoló el área del Inter de Milán, pero sin el manchego sobre el terreno de juego no hubo quien asumiera el papel protagonista en la épica y el insuficiente 1-0 se perpetuó para conducir al Inter de Milán a la final de la Champions League donde le espera el Bayern de Munich.

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