Histórico
30 marzo 2010Francisco Ortí

Bayern, Solkjaer, Barcelona

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Llevo en el mundo del fútbol mucho tiempo, unos 50 o 55 años desde que comencé a entrenar, y nunca en mi vida he visto algo similar a lo que sucedió en ese partido“. Estos funestos recuerdos están descritos por la acreditada voz de Franz Beckenbauer. El legendario jugador alemán se refiere a la final de la Champions League de 1999 que tuvo lugar en Barcelona entre el Bayern de Munich y el Manchester United.

Alemanes e ingleses volverán a verse las caras con los cuartos de final como telón de fondo, pero el morbo de lo sucedido once años atrás en el Camp Nou estará presente. “Desde la final de 1999, jugar contra el Manchester United siempre ha sido una gran emoción. Fue un gran golpe en aquella época. Este duelo tiene historia y lo espero con ganas“, reconoce el presidente del Bayern Karl-Heinz Rummenigge, quién durante esa etapa ejercía de vicepresidente. Y es que por muchos partidos que disputen Bayerm y Manchester United, cada vez que vuelvan a cruzarse sus caminos se evocará a aquella final de inesperado desenlace.

Durante la campaña 1998-98 el Bayern paseaba su superioridad física tanto por Alemania como por Europa. La seguridad bajo palos de Oliver Kahn, el cerebral trabajo de Lothar Matthäus, el esfuerzo de la pareja Effenberg y Jeremies, la magia de Scholl, y los centímetros de Jancker convertían al Bayern en una temible apisonado construida con maquinaria cien por cien alemana. En la primera fase del torneo se deshizo del Brondby, del Barcelona, y quedó por delante del Manchester United, con quien empató en ambos envites. En el camino hacia la final pasaría por encima de Kaiserslautern y Dinamo de Kiev. La final de Barcelona supondría la coronación a una gran temporada, y a la carrera de Matthäus, quien estaba ante su última oportunidad de levantar la ‘Orejona’.

El Manchester United, en cambio, llegaba muy mermado al Camp Nou. Habia sufrido un camino muy duro para alcanzar la final, enfrentándose al Inter de Milán en cuartos, y a la Juventus en la semifinal. Además, la semana previa al viaje a Barcelona había sido durísima. “Tuvimos tres encuentros en nueve días”, recuerda Peter Schmeichel, portero por entonces del Manchester United. “Jugamos con el Tottenham en la Premier League y teníamos al Arsenal pisándonos los talones. Si ganábamos a los spurs ganábamos el campeonato. Nos habíamos enfrentado al Newcastle el sábado en la final de la FA Cup y después obviamente el partido ante el Bayern de Múnich”, relata el danés.

El balance de tan dura semana para el Manchester United dejó dos títulos, pero también dos bajas importantísimas para la final. Paul Scholes y Roy Keane, los dos hombres que movían a los Reds Devils, se perderían el duelo ante el Bayern. Este fue un factor clave en los primeros minutos de aquella final. El Manchester United saltó al césped del Camp Nou completamente perdido. Beckham sería el encargado de suplir a Scholes. Ryan Giggs se mudó a la banda derecha, y la izquierda fue de Blomqvist. “En los primeros compases, lo que teníamos que hacer era buscarnos el uno al otro“, asegura Schmeichel, quien vio como a los seis minutos Mario Basler adelantaba a los alemanes en el marcador.

El Manchester United reaccionó tras el gol alemán y mejoró su rendimiento. Andy Cole y Yorke recibían cada vez má balones, pero el empate no llegaba. Ferguson dio entrada a Teddy Sheringham, pero tampoco funcionó. Así que miró al banquillo y vio unos ojos que le miraban con impaciencia. El escocés lo vio claro. “Sal y haz lo que sabes“, le dijo. “Tuve el presentimiento de que algo grandioso me iba a suceder“, confiesa el receptor de las palabras de Sir Alex, Ole Gunnar Solkjaer.

El delantero noruego era suplente habitual en el Manchester United y un recurso para las segundas partes. Era el revulsivo oficial de Sir Alex Ferguson. Así, que el técnico escocés apostó por él en los últimos minutos del final de Barcelona. Su entrada cambió totalmente la cara del conjunto inglés y fue el inicio de la épica remontada. A los 91 minutos, un saque de esquina se convirtió en el último cartucho para los ingleses. Hasta Schmeichel subió a rematar, pero fue Sheringham quien recogió el balón para mandarlo a la red.

La euforia de apoderó de los mancunianos, que creyeron que la remontada era posible, mientras que los alemanes se vieron seriamente tocados. Los de Hitzfeld ya se imaginaban levantando la copa cuando el tanto de Sheringham rompió sus sueños. Y aún les faltaba por vivir la peor parte porque a los 95 minutos los ingleses forzaron un nuevo saque de esquina. Y sucedió lo impensable. Solkjaer, posiblemente el jugador más bajito sobre el terreno de juego, se coló en el área y marcó el tanto que le daba la Copa de Europa al Manchester United.

La gente me para por la calle y me dice ‘gracias por regalarme la mejor noche de mi vida‘”, presume Solkjaer. “Tanto si hubiera marcado 50 tantos como 500 con el Manchester United, ese gol de la victoria siempre se recordaría, ya que sirvió para ganar la Liga de Campeones de una forma sensacional“, agrega el noruego. Este triunfo provocó, además, que el Manchester United firmara un trébol histórico ganando Premier, Fa Cup y Liga de Campeones. Once años después los dos protagonistas de esa histórica final vuelven a cruzarse. Ya no quedan supervivientes de áquel partido, pero su recuerdo es inmortal.

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