Histórico
2 marzo 2010Ariel Judas

Un país, muchas naciones, dos selecciones

donovanHace unos días, mientras escuchaba una tertulia sobre fútbol en una cadena de radio de España, noté el grado de sorpresa de uno de los participantes de la misma, quien no se terminaba de creer que, luego de los sudafricanos, los aficionados estadounidenses sean quienes ya han adquirido el mayor número de entradas para el próximo Mundial.

La conversación tomó la avenida del tópico. Y se reseñó -por enésima vez- que los yankees no son futboleros, y que probablemente las cifras entregadas por el comité organizador de la Copa del Mundo no fueran correctas. Nuevamente, el prejuicio y la falta de información consiguen imponerse. Si se lo mira con mayor detenimiento, el fútbol de selecciones en Estados Unidos es mucho más rico y diverso de lo que en primera instancia uno puede suponer.

Un país, muchas naciones, dos selecciones. Un país-continente como Estados Unidos alberga un montón de realidades diferentes dentro de sus fronteras. En sus orígenes, en el pasado más o menos reciente y en la actualidad, su sociedad se ha nutrido de la inmigración que ha llegado y sigue llegando desde todos los rincones del mundo. Esto, llevado al ámbito del fútbol de selecciones, se materializa en un menú muy nutrido. Además de Inglaterra y Escocia (dos opciones que seguramente forman parte del razonamiento más lógico), los equipos nacionales de algunos de los países europeos como Irlanda, Portugal, Italia y Grecia cuentan con una importante masa de aficionados en la Costa Este.

Equipos como Honduras, El Salvador o Guatemala suelen presentarse en ciudades como Los Angeles, Tampa, Washington DC, o New York en estadios abarrotados de aficionados que los alientan y animan como si estuvieran en casa. El interés aumenta exponencialmente cuando los que llegan para participar de algún bolo son los equipos nacionales de Ecuador o Colombia.

Pero estos representativos no dejan de ser invitados en el mercado estadounidense, que tiene -como no sucede en casi ningún otro sitio del mundo- dos selecciones a las que considera como propias: la oficial, el conjunto de las Barras y las Estrellas, y la oficiosa, el Tri.

El fútbol de Estados Unidos vive su mejor momento histórico. Lo que el equipo de Bob Bradley ha conseguido en la pasada Copa Confederaciones deja claro que los Yanks -sin ser aún una potencia a nivel de la alta competición internacional- ya no pueden ser considerados un equipo de categoría inferior o un rival fácil en un torneo como un Mundial. Del supuesto once titular, solo Jonathan Bornstein actúa en un equipo de la Major League Soccer. El resto de sus teóricos integrantes está jugando en el Viejo Continente, y una gran parte de ellos son titulares en sus respectivos clubes. Algo que -salvo en el caso de Brasil, Argentina y Uruguay- no se repite en otras selecciones de América.

El Tri es -comercialmente hablando- la selección más potente del mundo, junto con la de Brasil. A los 110 millones de personas que viven en México, hay que sumarles al menos otros 30 o 40 millones de personas que viven en los Estados Unidos y que consideran al equipo entrenado por Javier Aguirre como su representante en la Copa del Mundo.

El fútbol mexicano tiene un enorme grado de popularidad en Estados Unidos. La primera división azteca tiene en este país una cobertura mediática infinitamente más generosa que la que recibe la MLS, la teórica máxima categoría de este país. Y lo mismo ocurre con la selección, una verdadera máquina de facturar millones de dólares de este lado del río Grande. De hecho, es válido decir que, en una proporción importante, el representativo de México es uno de los actores que más dinero reporta a las arcas de la Major League Soccer.

La MLS -a través de varios emprendimientos comerciales- no solo se ocupa de hacer crecer su competición, sino que también está interesada en el negocio que el fútbol pueda generar a otros niveles. Así como varios clubes europeos -como el FC Barcelona- han firmado acuerdos de cooperación con el campeonato norteamericano (por el cual cada verano cruzan el Atlántico para realizar parte de su pretemporada en esta parte del mundo), lo mismo ocurre con la selección mexicana, que desde hace tiempo es el equipo número uno en venta de localidades, camisetas y merchandising en el mercado del fútbol de los Estados Unidos.

Si bien existe un creciente grado de preocupación en el seno de la federación de este país, que ve como el equipo nacional -el que tiene a Landon Donovan como máxima figura- va perdiendo terreno y condición de local en su propia casa frente al vecino del sur, no tengo la sensación de que esta situación vaya a cambiar en el futuro inmediato. México seguirá jugando en Estados Unidos llenando estadios como lo ha hecho hasta ahora, y generando sumas de dinero considerablemente superiores a las que podría recaudar dentro de sus fronteras. La federación mexicana no quiere ni puede darse el lujo de desaprovechar una condición irrepetible: la de contar con la selección que representa a dos países, uno de ellos el mercado más potente del mundo.

Así que la verdad es que las cifras difundidas desde Sudáfrica son correctas. Los seguidores y los periodistas que lleguen al Mundial desde Estados Unidos serán amplia mayoría. Aunque no todos alentarán al representativo yankee.

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