Histórico
25 marzo 2010Jose David López

La profesionalidad del fantoche Ribery

ribery

Las propinas, ese elixir para camareros y acomodadores del sector servicios, vive épocas alarmantes. Se trata más bien de una filosofía en la que se da por supuesto que el trabajador debe ganar un sueldo digno y suficiente, sin necesidad de que los clientes les aporten extras. Son profesiones que siempre tuvieron ese impulso financiero, pero estudios recientes aseguran que ofrecer propina humilla a la persona que la recibe y se trata de un reconocimiento de inferioridad del otro y por lo tanto un comportamiento éticamente incorrecto.

Esta relación, llevada al fútbol, podría ejemplificarse en el servicio y atención que un club (camarero) le da a un jugador (cliente). Todo va bien hasta que toca pensar en la propina, equivalente a una renovación de contrato. Esos euros extras que en la barra de un bar son mínimos pero que en el deporte rey son miles o millones, condicionan ese comportamiento, que roza el esperpento en algunos casos. El jugador ha recibido un trato intachable, ejemplar y digno de los mejores escenarios pero, cegado, sólo piensa en sí mismo, dejando por el camino una larga lista de momentos donde se dedicó a despreciar, faltar el respeto y degradar a quienes, no olvidemos, le pagan mensualmente cantidades estratosféricas. El prototipo ideal del jugador engreído es, sin ninguna duda, Franck Ribery.

El extremo francés del Bayern de Múnich se hizo un nombre en Marsella, el punto de partida de tantos y tantos compatriotas. Su llegada al Velodrome respondía al de un fichaje menor, absolutamente secundario e intrascendente pues no olvidemos que venía del Galatasaray, donde fracasó estrepitosamente y con cientos de polémicas. Encontró su lugar y creció enormemente en las dos únicas campañas que brilló en la Ligue 1 y en 2007 fichó por el Bayern a razón de 25 millones de euros, cifra que rompía cualquier gasto anterior en el mercado del cuadro muniqués. En el Allianz se ha convertido en estrella mundial por su velocidad, disparo desde media distancia y capacidad de desborde. Sin embargo, sus lesiones, irregularidad y falta de compromiso con la entidad han ido creciendo conforme pasaban los meses hasta convertirse en un auténtico ídolo de la rumorología.

Ribery decidió un buen día convertirse en jugador de portada pero no por sus méritos futbolísticos, sino por sus desafortunadas aunque intencionadas declaraciones a los medios. No recuerdo el día en el que el galo habló bien de su equipo, de lo importante que ha sido en su carrera ni, desde luego, de los grandes deseos que tiene preparados para colocar al Bayern de nuevo entre los más grandes. Jamás escuché palabra del extremo que incitara a una meta con los bávaros, a un reto personal por crecer junto a quien le ha dado la oportunidad más importante de su vida y, por descontado, tampoco lo ha reflejado con grandes actuaciones sobre el césped en los últimos tiempos. Ribery ejemplifica la actitud más pancista y egoísta que jamás he observado en este ‘circo’ que por momentos es el fútbol de hoy en día.

El ‘crack’ de Boulogne perdió hace tiempo el derecho a ser escuchado, al menos por quienes defendemos el amor o, al menos, cierta profesionalidad con el escudo que representas y los ahorros de los que te alaban. Scarface, (otro invento de la prensa para comercializar su imagen), no respeta al Bayern, lleva meses riéndose de sus colores y besuqueando su propio ego, ese que para él estará a la altura de los grandes del balón pero que para muchos otros apenas discurre a ras de suelo. Un día decide dejarse querer por el Chelsea, al día siguiente dice que acabar de blanco es su elección y al otro que el Barcelona no le disgusta. Lo peor es que su agente conoce la explotación ideal para un caso así, donde el jugador no busca otra cosa que hacerse notar y aparentar ser un súper clase al menos ante los medios. Porque, sin engañar a nadie, hablamos de un buen jugador pero no de uno de los grandes de verdad. ¿No estarán hartos en Múnich?

Ribery lleva disputados esta campaña 575 minutos donde ha anotado tres goles, un rendimiento menor que auténticos defenestrados para Louis Van Gaal como Pranjic, Klose o Altintop. Las lesiones lo han frenado pero no han sido capaces de parar sus constantes deseos de aclarar su futuro, ese que nadie le pregunta, que a pocos le interesa pero que él se encarga de querer hacer portada diariamente. Ha perdido fuelle, físico, forma y llegará al Mundial con lo justo, pero un par de destellos y un curso acelerado de marketing desde Sudáfrica, le darán un impulso extra en forma de traspaso millonario. Una propina con muchos ceros. La propina del fantoche.

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