Histórico
10 marzo 2010Francisco Ortí

God save David

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Inglaterra es un país de tradición heráldica y gusto por la liturgia. Amante de las tradiciones y del respeto de los símbolos. Cada rincón del país tiene su icono, su propio héroe del que estar orgulloso. Londres aloja a la reina Isabel. Liverpool presume de haber dado a luz a los Beattles. Y Manchester tiene a David Beckham. El niño mimado de Inglaterra regresa este miércoles a Old Trafford después de siete años de periplo cosmopolita, pero lo hará vistiendo una camiseta diferente a la del Manchester United. Beckham saltará al escenario del Teatro de los Sueños como actor de reparto del AC Milan, villano en la representación de esta noche, y sus intenciones no son buenas: quiere colocar al conjunto italiano en los cuartos de final de la Champions League.

Siempre ha sido mi sueño poder jugar en el Manchester y nunca habría pensado poder jugar con una camiseta distinta. Ahora volver a Manchester como jugador del Milán será emocionante“, declara Beckham en las horas previas al encuentro más difícil de su carrera. Siempre correcto, el inglés de diestra de oro promete que no celebrará si marca gol, aunque no puede ocultar que apagará durante noventa minutos su corazón mancuniano para luchar por los objetivos de su equipo. “Siempre seré un seguidor del Manchester y ésta, quizá, es la primera vez en mi vida que deseo que pierda“, confiesa.

De rostro añinado, cuerpo apolíneo, inmaculado vestir y casado con una estrella de algo todavía por descubrir, Beckham no encaja en el prototipo de jugador idolatrado sobre un terreno de juego. Sin ir más lejos, basta con echar una ojeada a los dos ídolos futbolísticos actuales de la ciudad de Manchester: Wayne Rooney, por los Red Devils; y Carlos Tévez, en el bando citizen. Pero la comunión de Beckham con Manchester y el United no se produjo por su físico, ni por sus millones, sino todo el camino que ha recorrido hasta que llegó a cumplir su sueño, siguiendo un guión propio de las novelas de Nick Hornby.

Y es que el Spice Boy no siempre fue el perfecto caballero inglés en el que se ha convertido. David nació en Leytonstone, un barrio de Londres. Creció en un hogar humilde desde el que se enamoró del Manchester United. Pese a que la capital de Inglaterra alberga decenas de equipos de fútbol de primer nivel (Arsenal, Chelsea, Tottenham,…) el pequeño David eligió al Manchester United para hacerle un hueco en el corazón. Durante su infancia visitaba asiduamente Old Trafford junto a su padre para animar a los Reds Devils y soñaba con que algún día sería él quien provocara el fervor en las gradas.

Tras iniciarse en la escuela del Tottenham, Beckham por fin logró dar el salto a las categorías inferiores del Manchester United a los catorce años, y en 1991 formó parte del programa de entrenamiento para jóvenes del club mancuniano. Desde sus inicios en el club de Manchester comenzó a destacar, ganando la FA Cup juvenil, y en 1995  -previo paso por el Preston North End- se ganó un puesto en el primer equipo, bendecido por Sir Alex Ferguson, siempre acertado en la elección de canteranos.

Así comenzó su etapa de doce años con los Diablos Rojos en la que cosechó una Liga de Campeones, una Intercontinental, cinco Premier Leagues, dos FA Cups, y dos Community Shields. Su entrega sobre el terreno de juego y, sobre todo, una diestra que convirtió en arte los lanzamientos de tiro libre transformaron al humilde chico de Leytonstone y un icono mundial. Y él sólo quería jugar algún día en el Manchester United. A los 35 años, con un Mundial en el horizonte y su retirada en ciernes, Beckham regresa al estadio donde un día soñó con triunfar, aunque nunca pensó que sería vistiendo la camiseta del Milan.

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