Histórico
26 marzo 2010José Mendoza

El Sevilla pierde el norte

manolo_jimenez

La brújula del Sevilla ha quedado estropeada. Un club modélico a la hora de tomar decisiones ha tenido un lapsus a dos meses para el final de Liga. A dos puntos de conseguir el objetivo primordial, el acceso a la Champions, y a un partido de lograr un título, el Sevilla ha destituido a Manolo Jiménez. Lo ha hecho, además, sin un plan ‘B’ definido, pues la baza de Luis Aragonés le ha fallado.

Coge el timón Antonio Álvarez, miembro de la secretaría técnica y ex segundo entrenador de Joaquín Caparrós y de Juande Ramos. Pero la manera en la que se ha producido su nombramiento es el reflejo del despropósito. El jueves simplemente se le había designado para que se sentara en el banquillo ante el Villarreal, este domingo. Unas horas más tarde se le ha confirmado como entrenador hasta final de temporada.

Unas formas que no concuerdan con el método de trabajo del Sevilla desde que Del Nido y Monchi están al mando, allá por el 2002. Su trabajo ha resultado casi impecable. Han conseguido grandes beneficios económicos, limpiando la deuda de 40 millones de euros que se encontraron al llegar, sin perjudicar el progreso deportivo. Pasito a pasito han convertido a un equipo asiduo a la zona media de la tabla, incluso ascensor a finales de los 90, en uno de los punteros de España y de Europa.

Con negocios como los de Baptista, Reyes, Sergio Ramos o Alves, de los que han sacado un gran rédito, y fichajes que continúan como Palop, Kanouté, Adriano, Renato o Luis Fabiano, más una buena política de cantera (Jesús Navas, Diego Capel, Perotti), el Sevilla se ha hecho un hueco entre los grandes. Aunque ha habido errores sonoros en materia de fichajes (Romaric, Koné, Duscher), los aciertos ganan por mayoría. Por eso resulta desconcertante una decisión a la desesperada como es la destitución de Manolo Jiménez a tan poco tiempo para que acabe la temporada.

El “Wenger del Sevilla”, como más de una vez le apodó Del Nido, no cumplió las expectativas en cuanto a juego, lo que precipitó su divorcio con la afición. Pero es cierto que la sala de máquinas con la que contaba no resultaba del todo atractiva. Con Renato como único mediocentro de toque poca brillantez se le podía dar a un equipo que basaba su juego en su demoledora pegada. Aún así Jiménez, menos en la doble eliminación en los octavos de Champions iba cumpliendo objetivos. Quizás por eso no se merecía continuar la próxima temporada, pero sí mantener su puesto hasta la final de Copa. Era la decisión que correspondía con el ejemplar libro de ruta marcado por el Sevilla.

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