Histórico
10 marzo 2010Jose David López

El entierro europeo del Real Madrid

cristianoSon seis años repitiendo decepciones y ante tal dinámica de despropósitos, la culpabilidad deja de tener un protagonista acentuado para dividirse (o multiplicarse) en el entorno madridista. El Real Madrid ha vuelto a caer eliminado en los octavos de final de la Champions League siendo esta vez el favorito y un gran candidato al título por su condición de local en una hipotética final, lo que acrecienta el dolor del madridismo a estas horas.

Lo hace ante el Lyon (que alarga la maldición gala), un equipo en plena reestructuración al que se le ‘robó’ su máxima estrella pero que, como ya hicieran Arsenal, Roma o Liverpool, ha desdibujado a los blancos con la receta más ancestral del deporte rey, el orden y la inteligencia. Su condición de equipo de ‘clase B’, porque pese a quien pese desde la capital se veía la cita de esta noche como algo más que accesible, no ayudó a preparar el choque, a trabajarlo en el césped y ni tan siquiera fue favorable para derrumbarlo en la primera mitad antes de que Claude Puel decidiera mover ficha antes que Pellegrini (al que crucifica este resultado como se verá en la prensa desde ahora). Analizamos las claves del entierro europeo del Real Madrid, el más doloroso de los últimos tiempos.

- Un buen once, aunque sin organización: Lo primero que había que solventar antes de saltar al césped era la alineación que presentaba Manuel Pellegrini. El chileno optó por Granero, Guti y Lass como jugadores en la medular. El ‘pirata’, opción preferida a Diarra, entró poco en juego, acabó sustituido y se empecinó en buscar una vez tras otra el interor, evitando ampliar las dimensiones del césped y ayudando al sistema defensivo del Lyon en la primera mitad. De nada servía que Cristiano apareciera muy abierto en banda zurda (¡qué manía esa de colocarle a pierna cambiada¡) pues Kaká y Granero cruzaban miradas continuamente, lo que evitó mayor claridad de ataque con el paso de los minutos. Guti empezó muy bien con varios pases que encerraron a los lioneses, muy temerosos de inicio pero prácticos como la situación requería.

- La pegada desaparece en las grandes citas: Si algo tiene este Madrid, o por lo menos el que había llegado esta noche al Bernabeu, es acierto de cara al gol y una facilidad pasmosa para encontrar grandes cifras goleadoras (veinte tantos en los últimos cinco encuentros de Liga). Sin embargo, más allá de que en su primera ocasión acertara a batir a un siempre fiable Lloris, se estrelló una vez tras otra en la falta de contundencia, un mal que no se había mostrado en exceso esta campaña, donde sólo se había quedado sin marcar lejos de su estadio y en tan sólo tres ocasiones (Camp Nou, Molinón y Reyno de Navarra). El pasado domingo, pese a la èpica remontada, ya se evidenció un enorme descenso en el acierto y la contundencia en el remate final, algo que le condenó ante el otrora dictador galo, ya que en la primera mitad Higuaín, Cristiano y Kaká, los hombres de ataque, tuvieron claras ocasiones para haber resuelto la eliminatoria. No fue así y los minutos le pesaron entre individualidades absurdas.

- Desastrosa lectura de la situación: Cuando en el primer cuarto de hora, sin muchos brillos, la eliminatoria ya está igualada, es momento de sacar la experiencia, demostrar la competitividad del bloque y crecer en torno a un colectivo unido. Juntar líneas, abrir el campo, controlar la posesión y hacerse dueño del juego, que vio como el Lyon creció entre las dudas blancas. Guti perdió fuelle y con las ocasiones desaprovechadas, el rival se atrevió a dar dos pasos al frente e intimidar. En ese momento se reflejó la debilidad y la falta de unión existente en el Real Madrid, incapaz de reaccionar, de leer bien lo que el choque demandaba. No había sólo que marcar, para lo que se exageró e cuanto a nerviosismo, fútbol directo y falta de elaboración, sino mantener a Casillas alejado del foco.

- Puel ganó la partida a Pellegrini: De inicio, más por el empuje del ambiente que por méritos propios, el Real Madrid encajó mejor en el choque, aunque el Lyon jamás perdió la colocación. Aquella fue su mejor receta para vencer a los arreones blancos que, sin gol esta noche, dieron una segunda vida al cuadro del Gerland. El Lyon sólo necesitaba previsiblemente un gol y el tanto de Cristiano no rompía en exceso sus planes. En lugar de frenar impulsos, los blancos se avalanzaron y Puel vio una salida concreta, reubicar su medular, dar mayor énfasis ofensivo y empaque desde segunda línea, porque fue allí donde ganó la eliminatoria. La lesión de Boumsong dio una idea a Puel, que retiró a Makoun y dio labores creativas a su medular ya que Kallstrom y Gonalons no eran tan defensivos, sino perfectos complementos de ataque por sorpresa. Así llegó el cambio de mando, las ocasiones lionesas y el gol de Pjanic que, más allá de exaltar ese poderío de llegadores, reflejó el caos madridista pues el margen de reacción ante el dominio visitante superó el cuarto de hora. Pellegrini estuvo lento y no acertó. Un año más, la Décima (que se ha convertido en presión), tendrá que esperar.

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