Histórico
31 marzo 2010Jose David López

Arshavin o el ruso de corazón culé

arshavinNo es precisamente en Rusia donde el fútbol de Occidente encuentra más adeptos. Tras numerosos problemas bélicos y políticos que generaron una larga lista de historias con marco incomparable por aquellos que luchaban por la libertad, el fútbol ruso encontró estabilidad con el nacimiento de la Russian Premier League. Como ya hemos comentado, la progresión sufrida en los últimos tiempos sacia el hambre futbolístico del ‘gigante’ ruso. Sin embargo, son los altos sueldos que manejan los mandamases del campeonato, los que permiten que la RPL mantenga un estatus equitativo año tras año y no pierda a sus mejores jugadores. Una táctica fundamental para el desarrollo del fútbol a nivel de clubes y selecciones pero, además, un escollo clave para el ensamble entre jugadores y afición.

Ajeno a ese sentimiento de fidelidad hay pocos jugadores rusos, pues en su gran mayoría, son el orgullo de su equipo y obtienen un caché que difícilmente podrían conseguir en otros rincones del planeta. El fútbol de Occidente se ha encontrado con todo tipo de trabas para introducir sus tentáculos en Rusia (hasta amenazas por carta cuando el Sevilla se llevó a Kerzhakov) pero poco a poco han ido saliendo de allí sus mejores jugadores. Zhirkov ya se gana su hueco en el todopoderoso Chelsea, Bilyaletdinov ha sido un fichaje clave por su rendimiento en el Everton mientras que Pavlyuchenko y Pogrebnyak tienen altibajos constantes en equipos de muy buen nivel. Sin embargo, el auténtico ídolo ruso, el crack que les llena de orgullo y aquél que roza la gloria con los dedos, Andrei Arshavin, siempre tuvo claro que su idea de fidelidad poco tenía que ver con la tierra que le vio nacer y mucho con sus sentimientos, culés desde su niñez.

El pequeño Andriusha tuvo una infancia humilde en San Petersburgo y la pelota no se iba a separar de él desde que cumpliera siete años. Fue allí cuando entró a la escuela Smena, famosa por haber dado cobijo a varios jugadores internacionales, donde evolucionó hasta que el Zenit lo recogió años después para introducirlo a sus categorías inferiores. Al cumplir doce años, los padres de Andrey se separaron y él tuvo que lidiar el momento más difícil de su vida, para lo que decidió dos cosas, no dejar sola a su madre y ganarse el jornal con la pelota.

Ese objetivo ganaba enteros con el paso de los días pero fueron sus largas horas de televisión en hoteles alquilados, los que le hicieron ver en el fútbol algo más que una obligación para sacar del bache a su familia. Se trataba de disfrutar, de sonreír con la pelota, de virtuosismo, espectáculo y placer para los ojos. Todo eso lo palpó del Dream Team, algo que le marcó de por vida como culé. Y es que por aquellos días de revolución independentista en la extinta URRS, el Barcelona de Johan Cruyff triunfaba en occidente tras conseguir levantar la Champions en la final de Wembley. En los Koeman, Laudrup, Stoichkov o Romario, el pequeño Arshavin se sentía inspirado, feliz por disfrutar de aquellos jugadores y asombrado por la astucia de un conjunto que se ganó para siempre su cariño.

Viendo el juego del propio extremo ruso, se aprecia rápidamente un gusto por la velocidad, el desborde, el toque aseado, la clarividencia y la pegada. Cualidades que desprende desde siempre y que protagonizó a gran escala en la ‘catársis arshavínica’ de Rusia durante la pasada Eurocopa. Allí se consagró pero el destino, pese a sus claras intenciones de vestirse de azulgrana, mandando mensajes semanales y citando una y otra vez su amor por jugar en el Camp Nou, no surtieron efecto. Andrei se convirtió en un Gunner más en enero de 2009 y, de manera casi incomprensible, los gigantes de España le dejaron escapar tras haberlo tanteado. Es más, todos sabemos el pozo que existe en la banda izquierda de Guardiola, por lo que con él, se hubieran acabado las dudas. Wenger apenas pagó 16 millones de euros y su rendimiento, algo frío en los primeros meses, ha alcanzado ya las cotas esperadas a falta de la estocada final.

Para ello tendrá que recordar su infancia y olvidar los recuerdos azulgrana que aún existan en su corazón, muchos a tenor de lo que él mismo ha comentado esta misma semana: “Será interesante jugar contra el Barcelona, especialmente en su estadio. He soñado desde hace tiempo jugar en aquel campo”. Lo hará ya mayorcito, con 28 años, aunque siempre es resolutivo y determinante en noches de máxima necesidad para los suyos. El ‘clon’ ruso de Messi reta al campeón, a su infancia y a los sentimientos. La Champions debe estar por encima de todo.

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