Histórico
19 febrero 2010José Mendoza

El instructor del ‘Pep Team’

rijkaard

Frank Rijkaard, preceptor del éxito actual del Barcelona, volvió este jueves a España para medirse al Atlético de Madrid de la mano del Galatasaray, su nuevo equipo. Tras un año sabático, el holandés tiene el reto de devolver al conjunto turco a la primera línea de su país, primero, y al mapa europeo, después. De momento, va por buen camino, pues lidera la liga turca y se mantiene con vida en la Europa League.

Con motivo de su regreso, conviene recordar su parte de culpa del esplendor del actual Barcelona. Rijkaard formó algo más que el embrión del hexacampeón, un adolescente al que no supo llevar a la edad adulta. Pero un adolescente superdotado al fin y al cabo. Recibió un club perdido y, tres años después, lo convirtió en campeón de Europa. Y lo hizo manteniendo siempre una filosofía de juego vistosa y brillante.

Llegó avalado por Cruyff pero también entre las dudas por su breve curriculum en el banquillo. Un corto periodo en la Selección holandesa y un descenso con el Sparta Rotterdam no invitaban al optimismo. Por ello no resultó extraño que se pidiera su destitución tras un horrible inicio. Pese a que el equipo llegó a ir 12º, se confió en él. Y entonces ocurrió. Llegó Edgar Davids, le situó por detrás de dos volantes, volcó a Ronaldinho a la banda y formó ese 4-3-3 que hoy en día es el padre nuestro del barcelonismo.

Luego llegaron los fichajes de jugadores como Deco, Giuly o Eto’o, o el crecimiento de Iniesta, para aportar el salto cualitativo definitivo. Cayeron entonces las dos Ligas y la Champions que le encumbraron, siempre con un juego equilibrado y ejemplar. Una versión más depurada que la del equipo de Cruyff, algo menos perfecta que la de Guardiola.

Pero se autodestruyó. Su política de autogestión acabó viciada y no supo deshacerse a tiempo de los mismos jugadores que le consagraron. Se impuso la autocomplacencia y se perdieron dos años de una generación única. Tuvo que llegar Pep para cortar por lo sano y elevar su mandamiento al siguiente nivel. Rijkaard cumplió cinco años en el Barcelona que dieron para mucho. Partió de cero, llegó a cien y se estrelló. Pero al menos dejó una estructura magnífica. El hexacampeonato también es suyo.

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