Histórico
16 febrero 2010Jose David López

Análisis Champions: Rooney y el ritmo del Milan

rooney

Cada institución tiene su liturgia fundamentada en pilares históricos que ilustran en gran medida el carácter que les define. Más allá de la heráldica y de sus connotaciones posteriores, la grandeza se logra con trabajo, dedicación, talento y suerte, pero también con ingenio y experiencia. La Champions reúne a los clubes más importantes del planeta, los otorga el don de la fama como heroína de un mundo que gira muchas veces a su alrededor y les idolatra durante noventa minutos en un césped que actúa de improvisado escenario de sus proezas. Este martes dos de los auténticos estribos del fútbol europeo, Milan y Manchester United, definirán la primera batalla de una eliminatoria que, quizás en tiempos no tan lejanos, significaría el último asalto al título. Ahora, dado el nivel competitivo, uno de los dos fracasará, empañando ese blasón histórico.

Y ninguno puede permitírselo. Unos porque son referentes del denominado mejor campeonato del mundo y el exponente del fútbol fiel, legendario y entregado de la distinguida Premier League. Los otros, porque viven en un inmortal proceso de renovación donde los héroes de antaño aguantan con la cabeza erguida las mismas críticas que hace casi una década. Los ingleses porque deben demostrar que la pérdida de su jugador estrella no ha fracturado el concepto de bloque que les hizo intocables. Los italianos porque su experiencia, determinación y saber estar fueron, y posiblemente volverán a ser un día, los pilares donde crecieron sus últimos éxitos.

Empiezo en Old Trafford, un escenario que últimamente refleja angustia y preocupación dado el calamitoso liderazgo de Malcolm Glazer, increpado ya sin tapujos por los graderíos, que piden su marcha tras dejar al club en la ruina. Extradeportivamente el club atraviesa el peor momento de los últimos años y, evidentemente, sólo los buenos resultados en el césped están aguantando el día a día en Manchester. Ahora todos entienden porqué un club como el mancuniano no pudo retener a Cristiano Ronaldo y se tuvo que ‘conformar’ con actores secundarios como Valencia, Owen, Obertan o el semi-desconocido Diouf para afrontar una campaña con muchos retos. Por suerte, la etiqueta de crack es sustituible y en apenas unos meses el ‘niño rebelde’, Wayne Rooney, explotó por completo para demostrar todo su potencial. Suma más goles que el portugués (a estas alturas de campaña cuando vestía de mancuniano en su mejor año), asiste, organiza, crea, inventa y, sobre todo, compite cada balón como si fuera el último. Está, según sus propias palabras, en el mejor momento de su carrera pero otorga a su equipo un ‘extra’ que, al menos para mí, marca la diferencia en esta eliminatoria, el ritmo.

Es cierto que no podemos ignorar las bajas de Giggs, Vidic y Anderson, ya que sobre todo los dos primeros son intocables en este tipo de partidos y obligarán a trastocar todo el planteamiento de Ferguson (me la juego por Park y Nani en bandas con Brown como acompañante de Ferdinand en la zaga). Sin embargo, la fluidez y velocidad del United es infinitamente superior a la que ahora puede alcanzar el Milan. Juegue Carrick, Scholes o Fletcher (un poco menos con el escocés), la capacidad distributiva, organizativa y de salidas de balón en busca de profundidad, es infinitamente mayor para los del técnico escocés. Han pasado además el peor momento de titubeo de la temporada cuando perdieron a todos sus defensas (excepto Evra), logrando no perder el tren del Chelsea y manteniendo el tipo en Europa. Su versión Champions, aquella que prefiere contener como visitante y aniquilar como local a base de este anhelado ritmo que pocos pueden alcanzar, le hizo perder ‘piropos’ en las últimas ediciones pero sigue siendo favorito (lleva 15 partidos consecutivos a domicilio sin perder en Europa) y llegan en buen momento.

Y resaltaba lo del ritmo por múltiples cuestiones, aunque sobre todo por una, la fragilidad del Milan cuando no tiene la pelota. Un equipo diseñado para sus ya veteranos mediocentros (Pirlo y Seedorf), fabriquen regalos que Ronaldinho y Pato (perdido en lesiones) llevaran a la red pero que dista mucho de encontrar ese camino como refugio a su cruda realidad. Nadie ignora que en Milanello corren épocas de ‘vacas flacas’ hasta el punto que el mismísimo Galliani comentaba estos días que las renovaciones de Abaté y Antonini (dos jóvenes que se han ganado sitio como titular últimamente y de los que hablaré en breve), responden al inicio de una etapa renovadora consecuencia de la falta total de liquidez financieras en las arcas de San Siro. Un gasto que se verá reducido y al que le costará más aún de lo necesario, revitalizar su plantilla con juventud, aires nuevos y un par de jugadores de primer nivel. Leonardo, que estuvo a un pasito de ser cesado, salvó su cabeza milagrosamente y ahora pide equilibrio. Unos días con los destellos de un Ronaldinho que intenta encontrarse y otros con la pegada de sus delanteros porque sea Pato, Inzaghi, Borriello (está tocado) o incluso Huntelaar, han ofrecido los goles justos para sobrellevar la crisis que intentan ocultar. Desde luego Beckham, que es uno de los protagonistas por enfrentarse al equipo de su vida, no es la salvación que algunos quisieron vender.

Pero la grandeza del Milan, como institución de primerísimo nivel histórico, es su impresionante carácter ganador. Sus jugadores podrán ser veteranos, estarán en la puesta debajo de sus carreras y no aguantarán el ritmo vertical del rival por momentos, pero su experiencia paliará este déficit en partidos de máxima exigencia. Así lo demostraron en el Bernabéu hace unos meses, pero también en las dos últimas Champions levantadas contra pronóstico y haciendo alarde de otro aspecto clave en estas eliminatorias, la concentración absoluta en cada momento. No conquistan pero son productivos. No gustan pero te golpean por auto-imposición. Además, tienen el factor psicológico a favor pues siempre han eliminado al United cada vez que se han cruzado en su camino.

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