Histórico
17 febrero 2010Jose David López

Análisis Champions: El peligro de un Bayern ‘tapado’

ribery-robbenFue en los años 70 cuando el fútbol alemán experimentó su particular nacimiento futbolístico al primer nivel. A pesar de la dura oposición del Gladbach, su principal enemigo y rival a batir en la antigua Oberliga, el Bayern de Múnich se convirtió en una potencia continental merced a tres Copas de Europa consecutivas (1973-1976) que le insertaron por la vía rápida en el Olimpo de los gigantes. Con aquella camiseta a rayas verticales rojas y blancas (que se verá en Baviera el próximo año como homenaje), los Muller, Beckenbauer, Maier, Breitner o Hoeness se encargaron de que toda Europa conociera la ‘Holy Trinity’, una generación irrepetible que basó su éxito en la efectividad y la fuerza. Desde entonces, en Baviera dejaron de ser desconocidos.

Sin embargo, la renovada Bundesliga (el campeonato más pasional, con mejor ambiente y mayor colorido de toda Europa), quedó un paso atrás respecto de los grandes campeonatos europeos y el Bayern tuvo que retroalimentarse año tras año de las estrellas de sus vecinos nacionales para mantener el tipo en Europa. Siempre contaba pero cuando en 35 años sólo se es capaz de levantar una Champions League (la del 2001 ante el Valencia en penaltis), el paso atrás queda reflejado y los proyectos desechados sin futuro en Europa se han multiplicado desde entonces. Pese a todo, la temporada del Bayern ha vivido hasta ahora dos picos opuestos. Estuvo a punto de ser eliminado en Turín, donde dio la cara y levantó la moral de un Van Gaal prácticamente sentenciado por entonces. Y desde allí, el esquema ha entrado en la dinámica ganadora, la confianza ha roto las dudas iniciales y en el Allianz creen por fin que su equipo está preparado para dar un paso adelante como antaño.

Y es que no hay nada más peligroso que un Bayern en calidad de ‘tapado’. Nadie duda de su capacidad, del desarrollo físico de sus planteamientos ni de la calidad técnica que atesoran algunos puntales de su plantilla, pero pocos apostarían por ellos como campeones en mayo. Van Gaal se gastó más millones que nunca en adaptar a su estilo la plantilla pero, curiosamente, la mayoría de sus fichajes han sido en balde y tras desechar de su once a jugadores recién llegados como Pranjic, Tymoschuk, Baumjohan o Braafheid, podría decirse que se ha rearmado en torno a la base ya existente y a la incorporación de dos canteranos a los que sólo él dotó de la confianza necesaria para su desarrollo completo (Muller y Badstuber). Los únicos fichajes altamente rentables y claves en su sistema han sido Mario Gómez y Robben. La lesión de Ribery, el hombre de moda y el crack que el mercado mima, permitió que Muller y Robben acompañaran al delantero pero cuando el galo volvió, Van Gaal se las apañó para darle entrada sin retirar potencial ofensivo. Así, aunque parezca un soberano error, ante Wolsburgo y Dortmund en las dos últimas jornadas de la Bundesliga, el cuarteto se mantuvo y, con él, las alternativas se multiplican. 24 goles en las siete jornadas anteriores hablan por sí solos del momento glorioso que atraviesan en Múnich.

Antes de llegar a este éxtasis, con muchos sudores y críticas, el Bayern mostró sus debilidades a pecho descubierto. Graves epicentros de error que, sin ser subsanados, sí han logrado esconderse en la maravillosa actuación de los cracks, aislándose y motivando un poder colectivo difícilmente alcanzable ahora mismo por otro equipo en Europa. El post-Kahn no se ha solventado, porque desde la marcha del mítico Oliver, el Bayern ha probado con Rensing y finalmente se ha quedado con Butt, al que sus actuaciones tampoco le darían la confianza de no ser por la falta de opciones y lo caro del mercado. Tan negro ven conseguir un nuevo arquero en Baviera, que pese a los rumores han terminado por renovar al portero-goleador de cara al próximo año. El otro ‘punto negro’ está en su pareja de centrales. Podría decirse sin temor a equivocarse que Demichelis (zaguero reconvertido) y Van Buyten, son mejores ofensivamente que en labores de marca. Su lentitud, falta de entendimiento y poca capacidad para sacar la pelota jugada, han traído de cabeza a Van Gaal, que probó innumerables jugadores hasta encontrar una cierta estabilidad con la pareja más goleadora de la Bundesliga (llevan siete goles de cabeza entre ambos). No olvidamos ese mal endémico del equipo a la hora de crear juego en la medular, donde la falta de un mediocentro de toque (no es Van Bommel ni el readaptado Schweinsteiger) ha sido motivo sistemáticos de ataques al club. Pequeños matices dentro de un estado de forma único ahora mismo en el continente.

Y es esa dinámica avasalladora del Bayern el que le otorga el favoritismo actual ante una Fiorentina en horas bajas. El proyecto viola viene de lejos pues ya por las subterráneas catacumbas de la Serie C y su desaparición, el objetivo era volver a colar a los toscanos en la punta de referencia del fútbol europeo o, al menos, acercarse a ella como se logró en los 90 con Batistuta, Rui Costa, Toldo y compañía. Eso se ha conseguido merced a un vertiginoso avance hasta Serie a y una estupenda regularidad bien trabajada en los despachos, donde se acertó en fichajes rentables que hicieron del cuadro firenze un perfecto aliado de aquellos que buscaban una segunda oportunidad o el despegue definitivo. Sin embargo, tras varios años como alternativa real en el Calcio, el salto a Europa acaba de llegar y justo en el momento en el que se da un paso más metiendo la cabeza en octavos, el equipo ha mostrado dudas, falta de contundencia y una desazón constante hasta poner en entredicho la labor de su ‘semi-dios’ Cesare Prandelli.

Y es que hace ya cinco años de la llegada del técnico al Artemio Franchi. Con él se ha llegado a la cúspide, se ha creado uno de los proyectos más serios jamás recordados en la Toscana y se ha logrado aspirar a metas inalcanzables hasta la fecha. Sin embargo, una serie de derrotas sistemáticas con apatía y falta de reacción (sólo un punto en las últimas cinco jornadas), ha promovido las primeras reacciones entre la hinchada, cabreada con un equipo que, pese a todo, tiene potencial. Es evidente que a la Fiorentina le falta gol (que debe estar pensando ahora Pazzini) porque Gilardino se ha estancado y es una víctima que no recibe balones de aquellos que manejan los hilos del equipo. Porque los viola son, ante todo, un equipo de toque, pase corto, mucho movimiento y constantes transiciones, lo que permite mucha libertad a llegadores y trequartistas como Mutu, Santana, Montolivo, Jovetic o Marcchionni. Estos han entrado en barrena (de hecho los dos primeros son baja para la eliminatoria junto al central internacional Gamberini) y el equipo se ha quedado sin creatividad ofensiva. Hasta Vargas, un auténtico crack a mis ojos, ha incorporado la pasividad a sus malas artes. Justo allí, en la zona de creación-golpeo, el mercado les ha proporcionado supuestas ‘salvaciones’ con la llegada de Bolatti, el prometedor Ljajic o el goleador Keirrison. Y es que la Fiorentina sigue empeñada en crear una pequeña galaxia de jóvenes promesas pues sus refuerzos siempre viran con el objetivo de una explosión a largo plazo.

Por tanto, más allá del potencial de cada plantilla y de cómo llegaron hasta aquí (el Bayern sufriendo hasta el último minuto y la Fiorentina ganando al Liverpool), la verdadera diferencia abismal que otorga favoritismo a los germanos es su dinámica victoriosa. El Allianz se prepara para disfrutar de un nuevo shown si la Fiorentina no levanta la cabeza a tiempo.

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