Histórico
13 enero 2010Jose David López

Jorge Jesús, ‘restaurador’ en Da Luz

jorge-jesus-benficaUna entidad que lidera la tabla en cuanto a número de socios por el mundo (nada menos que 200.000), no puede sino considerarse un ‘gigante’ universal, más cuando le respaldan dos Copas de Europa, equipos legendarios y 31 campeonatos nacionales como en el caso del Benfica. Sin embargo, hace muchos años que la actual Liga Sagres quedó instalada en un segundo escalón respecto a las principales competiciones ligueras del continente, lo que provoca que sus jugadores más salientes (casi siempre jóvenes promesas), acaben dando el salto tarde o temprano a un campeonato de mayor protagonismo y reputación.

Da igual que el Oporto gane la Champions como hace seis años, que la Academia del Sporting de Lisboa siga curtiendo generaciones de internacionales o que el propio Benfica reúna con regularidad a 65.000 Águilas en los graderíos de Da Luz. Los obstáculos son enormes e insalvables hoy en día. Allí, en el corazón lisboeta, el ‘equipo del pueblo’ está viviendo un año de renovación diferente, próspero en lo anímico tras años de decepciones varias y esperanzador en cuanto a resultados. El culpable máximo de esta bonanza y de la renovación satisfactoria de la parte roja de Lisboa, es Jorge Jesús, un técnico enérgico, singular en sus formas y peculiar en sus gestos sobre el césped.

Un hombre instruido en campos de arena, en el fútbol de aguijón en pierna y de agua mágica para la sangre (empezó en Tercera División) que tras más de dos décadas en los banquillos de medio país, coronó sus esfuerzos con la primera gran oportunidad a nivel nacional. Su estilo, grotesco para unos, efusivamente estimulante para otros, ha llenado de vitalidad y profesionalidad (algo perdido últimamente) al vestuario, inundando de optimismo el nuevo proyecto de un equipo incapaz de conseguir regularidad en la última década. En solo unos meses, Los Encarnados han cambiado drásticamente su panorama pues ahora lideren el campeonato (tras ganar al enemigo, Oporto, el pasado domingo).

Dicen los que le vieron jugar como profesional, que ponía más ímpetu y trabajo del que sus piernas merecían. Al parecer, le gustaba el trabajo de destrucción, explotaba como podía su garra y ejercía de carismático líder en el pesado entrenamiento diario. Aquellos rasgos de futbolista no llegaron a conocer la brillantez y tras criarse en el Sporting de Lisboa, fue cedido y traspasado eternamente durante 15 años de carrera. No sólo no levantó títulos ni se hizo regular en ningún equipo de primer nivel, sino que sólo pudo disputar unos 50 partidos en Primera División (7 goles).

Sin embargo, todo el empeño demostrado iba a crear un monstruo de la motivación, un psicólogo en quien apoyarse y un perfecto hombro donde coger fuerzas, esas que son difíciles de soportar cuando tus jugadores no llegan a final de mes. Y es que Jorge Jesús, como no podía ser de otra manera, tenía que ser técnico y empezar desde lo más bajo, en el modestísimo Amora de la Tercera División. Una década después de curtirse en el fútbol más arcaico y sensato que pueda existir, le llegó la oportunidad en Primera con el Estrella Amadora. En su primer año como debutante, logró la mejor clasificación histórica del equipo tricolor y aunque su aventura en el Guimaraes dos años más tarde no salió bien, el Amadora le recogió para volver a relanzarle. Desde allí, toda su trayectoria responde a la de un ambicioso con ganas de tener un proyecto de primer orden para sí mismo, ganándose ese derecho tras meter al Braga en octavos de la Copa de la UEFA y siendo 5º en la Liga Sagres.

Cuando Quique Sánchez Flores abandonó el Benfica, el técnico aterrizó deseoso y emocionadísimo en Lisboa, pletórico por haber cumplido el deseo desde que se partía el pecho gritando en aquellos campos de tierra. Tan claro lo tuvo el club lisboeta que pagó incluso los 700.000 euros de cláusula para liberarle de su contrato con el Braga, donde había encauzado un buen proyecto (algo que se puede ver ahora que el Braga es co-líder). Tal desembolso desde las oficinas de Da Luz evidenciaban la necesidad imperiosa de comenzar desde cero, con un técnico ‘guerrero’, comprometido, conocedor del fútbol luso como pocos y que levanta expectación sea cual sea el rincón que visite.

Para devolver la gloria a un histórico embarrado en la penumbra de sus últimos desastres, Jorge Jesús pidió jugadores específicos para resolver algunos puntos negros de su equipo. Mantener al central referencia (Luisao), a la ‘perla’ más prometedora (Di María) y contratar a dos ‘perros de presa’ en la medular (Javi García y Ramires). Ellos son cuatro ejes sobre los que funciona el inamovible 4-4-2 que planteó a su llegada pero ahora forman parte de un bloque perfectamente conjuntado que explota la visión de Aimar, su conexión goleadora con un renaciente Saviola, la potencia del killer ‘Tacuara’ Cardoso y la perfecta revelación del año, un David Luiz que atesora buena parte de las cualidades del central del futuro con su capacidad física, juego aéreo y carácter de líder. Goleando en Europa y arrasando con espectáculo y buen juego en Portugal, las impetuosas manos de Jorge Jesús, devuelven al Benfica al edén que nunca debió abandonar.

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