Histórico
24 enero 2010Jesús Camacho

Equipos Históricos: La ‘Holy Trinity’ del Bayern

bayern

Un 27 de febrero del año 1900, un hombre apellidado John y de nombre Franz (no podía llamarse de otra manera), lideró a un grupo de inquietos revolucionarios que se reunieron en el restaurante muniqués “Restaurant Gisela” para fundar el FC Bayern de Munich. Este grupo logró la separación del equipo matriz del MTV 1879, donde los jugadores tenían coaccionada su libertad y les abrió una nueva posibilidad en aquel Bayern Munich. Un equipo en el que otro Franz seis décadas más tardes convirtió al conjunto de la tercera ciudad de Alemania tras Berlin y Hamburgo por número de habitantes en uno de los mejores de la historia.

Y es que a inicios y mediados de los sesenta, comenzó a fraguarse ese legendario equipo que como muy bien definió Dettmar Cramer estuvo compuesto por la última generación de jugadores alemanes de la calle. Todo se inició cuando comenzaron a llegar al primer equipo de inferiores y otros conjuntos, una serie de futbolistas que marcarían época en el club, especialmente con la llegada de un joven jugador llamado Franz Beckenbauer.

Un puñetazo que cambió  el curso de la historia del fútbol europeo

El nombre Franz es una reminiscencia de los Emperadores de Austria y a este futbolista muniqués que marcó una época en la historia del fútbol le vino como anillo al dedo el citado sustantivo. Y es que Beckenbauer fue el Emperador del Bayern Munich y del fútbol alemán en la década de los sesenta y setenta. Para conocer un poco mejor la figura de Beckenbauer y su vinculación al Bayern debemos detenernos en un suceso crucial que propició la salida del elegante defensor bávaro de su club de origen, el SC Munich ’06 y su llegada al Bayern Munich.

Cuentan que en 1958, aquellos chicos del SC Munich’06 carecían de financiación para seguir adelante con el equipo y disputaban un torneo de categoría sub-14, tras el cual tenían pensado unirse al Munich 1860 que también participaba en el evento y del que eran fieles seguidores. Los planes de los chicos eran bastante claros hasta que llegó aquella final en la que el Munich’06 y el Munich 1860 se vieron las caras. En aquel partido Franz, que jugaba como delantero tuvo más que palabras con el mediocentro del 1860. Fue un encuentro bronco con graves incidentes y confrontaciones físicas llegando al punto de que uno de los futbolistas del TSV 1860 Munich le dio un puñetazo en la cara. Estos incidentes generaron un rencor evidente tanto en Franz como en sus compañeros por lo que todos sus planes se fueron al traste. Franz Beckenbauer, que entonces tenía 13 años, era seguidor del 1860 Munich, y su deseo era ingresar en el club pero el citado incidente, provocó un cambio de pensamiento en sus ideas de futuro y decidió ingresar en el Bayern Munich, un club por entonces más modesto.

Franz Beckenbauer, “El Kaiser”

En las filas del Bayern fue lo que Di Stefano para el Madrid, Pelé para el Santos o Cruyff para el Ajax. Y es que aunque debutó el 6 de junio de 1964 en un encuentro ante el Stuttgarter Kickers en la posición de ala izquierda, pronto dejó patente en la Liga Regional que era un futbolista de época. En 1965 vivió el ascenso del Bayern a la primera alemana, y a partir de aquí comenzó a cambiar la historia de su equipo y del fútbol alemán. Progresivamente Franz (que se formó futbolísticamente como un delantero) fue atrasando su posición y viendo cada vez el fútbol más claro.

Con Franz en clara progresión el Bayern pronto se convirtió en uno de los equipos punteros de la nueva liga alemana, ganando la Copa de Alemania en 1966-67 y logrando el éxito europeo en la Recopa de 1967. Beckenbauer se convirtió en capitán del equipo para la temporada 1968-69 y llevó a su club a su primer título de liga.

El “Kaiser” es en resumen uno de los jugadores más relevantes en la historia del balompié, con su llegada la figura del defensa quedó dignificada y se implantó de forma definitiva la figura del hombre libre. Un periodista alemán le bautizó con ese sobrenombre, para nada excesivo tal y como reconoce su compañero de equipo y selección Schwarzenbeck, «Katsche», uno de los que jugó más cerca de él: «Franz Beckenbauer no miraba el balón, sino que lo percibía con el pie». Lo cual era un problema para el resto del equipo, que también quería jugar. «Esos pases, sacados sin aviso desde la articulación del pie eran difíciles de reconocer y bastante difíciles de tomar». «Me alegra poder haber vivido en su era».

Beckenbauer no sólo ha sido el prototipo perfecto de hombre libre. También ha sido uno de los jugadores más inteligentes de la historia. Siempre era consciente de la situación de todo el equipo y cuando tenía el balón en los pies sabía que era lo mejor para los suyos.

Legendario Bayern

En las filas del B.Munich se dio a conocer en 1963, con 18 años. Por aquel entonces llegaba a un conjunto en formación que dominaría el fútbol mundial a finales de los sesenta y comienzos de los setenta con él como gran líder. A su llegada, el Bayern ya contaba con un joven portero llamado Sepp Maier, un guardameta que demostraba en cada partido sus impresionantes reflejos y con un pequeño ariete llamado Gerd Müller que se desenvolvía en la punta y al que el entrenador Zlatko Chajkowsky llamaba el “molinero gordito“. Posteriormente aquel apodo un tanto jocoso se transformó en “Torpedo Muller“, un calificativo que resumió a la perfección las condiciones de un delantero todo potencia, agilidad y remate.

Sepp Maier

En referencia a Maier debemos destacar que llegó a los catorce años y su debut con el primer equipo del Bayern se produjo en 1964, con solo 20 años, una edad en la que agarró la titularidad para no volver a perderla durante el resto de su carrera. Entre 1966 y 1979 “Die Katze” (el Gato), jugó 473 partidos de la Bundesliga, sin perderse ni uno solo. Un accidente automovilístico le sacó de los terrenos de juego, pero para entonces era ya una leyenda, uno de los porteros más laureados de la historia. Portero sobrio pero muy elástico, dotado de unos reflejos impresionantes. De peculiar indumentaria con esos pantalones hasta las rodillas y unos enormes guantes, tenía una gran capacidad para atajar los disparos más difíciles. Era un auténtico muro de contención, gracias a su elasticidad y reflejos, que lo hacían único en su puesto. Fue uno de los pilares de aquel equipo legendario.

Gerd Müller

Sobre Müller hay que destacar que llegó al club en 1963 y su debut con el primer equipo del Bayern se produjo el 18 de octubre de 1964, en un Bayern Munich 3-0 Friburgo. Gerd tenía 18 años, 11 meses y 15 días.

Hasta entonces Gerd había sido un cazagoles que apuntaba alto en Noerdlingen y cuando llegó al Bayern tuvo que partir de cero. Y es que inicialmente Tschik Cajkovski no confió demasiado en él, pero poco a poco pulió los defectos de Gerd a base de latigazos en la prensa. Primero, justificando su eterna suplencia. ‘No puedo colocar a un pequeño elefante entre purasangres’ y luego buscando la motivación con frases punzantes como ‘Este chico es un molinero gordito’.

Afortunadamente esas dudas del técnico fueron pasajeras y Müller se convirtió en un futbolista indispensable para él, no en vano antes de morir, Chajkowsky reconoció que fue el goleador más grande que conoció en su vida.

Cuando Cajkowsky le dio la oportunidad tras una plaga de lesiones en 1965, Gerd no la desaprovechó y confirmó los mejores augurios que existían de su natural y única condición goleadora. Aquella condición heredada de los Rahn. o Morlock.

Su impresionante estela de goles le hizo acreedor al apelativo de “Bomber der Nation” (bombardero nacional) aunque su peculiaridad física (bajito y corpulento) le valió para ganarse también el apodo de “Kleines, dickes Müller” (gordito Müller). En referencia a ello Müller siempre comenta lo siguiente: “Me gustaba más lo de “bombardero”. “Gordito Müller” me llamaba mi antiguo entrenador Cajkovsky, pero lo decía de forma cariñosa”.

Auténtico ariete goleador que aprovechaba cualquier hueco para marcar, compensaba su escasa estatura con su oportunismo y agresividad ante la defensa contraria. Si había un balón suelto dentro del área, Torpedo Müller estaba allí para atraparlo revolverse y disparar, esa era su función y lo hacía a las mil maravillas. Su tren inferior era realmente impresionante y el auténtico motor del “bombardero” alemán

Müller formó la columna vertebral junto a Maier y Beckenbauer del mejor Bayern de la historia, un conjunto con el que lo ganó prácticamente todo.

Santísima Trinidad-Bayern

Si para el Manchester United la tripleta compuesta por Best, Law y Charlton fue “The Holy Trinity” para el Bayern la columna vertebral que formaron Müller, Maier y Beckenbauer fue denominada “La Santísima Trinidad”, aunque para Franz era “el gran eje”.

El entendimiento que mostraban sobre el terreno de juego, Beckenbauer y Müller era casi celestial, juntos perfeccionaron el uno-dos. Franz mostró una infalible habilidad para encontrar a los hombres de adelante con pases a las espaldas y ahí aparecía la figura de Müller para dinamitar el partido.

Los técnicos

Aquel Bayern estuvo dirigido primero por el ya citado Tschik Cajkovski (1963 a 68) que optó por dirigir al equipo de forma espontánea, dejando que los jugadores labrasen su propio camino, luego llegó Brnko Zebec (1968 a 70), que era totalmente opuesto e hizo un gran trabajo con aquellos grandes futbolistas. Les enseñó a pensar y a trabajar de forma metódica, introduciendo el profesionalismo y llegando a prohibir la cerveza (algo que no gustó a todos). A Zebec le sucedió en el cargo Udo Lattek (1970 a 75), que fue continuador del método, aunque de una forma menos estricta e incorporó al club a dos grandes futbolistas como Paul Breitner y Uli Hoeness cuando se encargó del Bayern en 1970. Lattek rejuveneció y fortaleció la plantilla convirtiendo al Bayern en un equipo aún más potente, además consiguió la contratación de otro legendario jugador, Kart-Heinz Rummenigge en 1974.

Por último Dettmar Cramer (1975 a 77), se encargó de dirigir los designios del club en su etapa final, una etapa en la que el conjunto acusaba un tanto ya la edad de algunos de sus componentes pero en la que pese a ello lograron dos Copas de Europa más, en 1975 y 1976.

Brillante palmarés

La trayectoria de este equipo indefectiblemente sustentado por “La Santísima Trinidad” y dirigido por varios técnicos durante su periodo de reinado fue en definitiva brillante. En su primer año en la Bundesliga, la temporada 1965/66 el Bayern consiguió su primer título nacional (la Copa de Alemania). Al año siguiente volvió a ganar la Copa y en el 67 inició la conquista de Europa venciendo en la final de la Recopa a uno de los mejores Rangers de la historia..

Conquistaron 4 Bundesligas en 1969, 72, 73 y 74, 4 Copas de Alemania, 1966, 67, 69 y 71, 1 Recopa y 3 Copas de Europa consecutivas.

Primera Copa de Europa

La primera en la temporada 1973/74, en una final que pasará a la historia. El Bayern empató  ante el Atlético de Madrid gracias a un disparo desde el centro del campo en el minuto 92 de partido. En el partido de desempate disputado al día siguiente, el Bayern consiguió su primera Copa de Europa al ganar, esta vez sin paliativos por 4-0 con dos goles de Hoeness y dos goles de Torpedo Múller. Aquel extraordinario equipo estuvo formado por: Maier, Hansen, Breitner, Schwartzenbeck; Beckenbauer, Roth, Torstensson, Zabel, Gerd Müller, Hoeness y Kapelman.

Segunda Copa de Europa

Su segunda Copa de Europa la conquistaron a la campaña siguiente (la 74/75), derrotando en la final al Leeds United 2 a 0 con goles de Roth y Gerd Müller.

Tercera Copa de Europa consecutiva

La tercera Copa de Europa consecutiva fue conquistada en la temporada 75/76 al derrotar al Benfica en cuartos de final, al Real Madrid en semifinales y vencer 1 a 0 al Saint Ettienne con gol de Franz “Toro” Roth, que siempre marcaba en los partidos importante, por lo cual se ganó el apodo de “Mister Copa de Europa”, en la gran final disputada en Glasgow.

Arrasaron

De esta forma tan brillante cerraba su dominio arrasador un equipo que basó su éxito en la efectividad, la fuerza y además el fútbol control de una extraordinaria generación de futbolistas entre los que destacaron especialmente la llamada “Santísima Trinidad”, a los que se les unieron futbolistas grandiosos como Uli Hoeness, Roth, Breitner, Schwarzenbeck… que a su vez formarían buena parte de la columna vertebral de la Selección Alemana que tumbó a la “Naranja mecánica” en el Mundial de Alemania de 1974.

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