Histórico
27 enero 2010Ariel Judas

Deconstructing Robinho

robinho

El Rey de la Bicicleta. El soldado incondicional de Dunga. El mejor producto de la academia de Vila Belmiro desde Pelé en adelante. El fantasista que jamás terminó de cuajar en el Real Madrid. El de los cuarenta preservativos. El internacional más querido por la afición de Brasil en los últimos años. El enfant terrible que se marchó ofendido y en medio de la indiferencia del público español. El adolescente que quería ser una de las grandes R de la historia del Barcelona y sumarse al club de Romário, Rivaldo, Ronaldo y Ronaldinho. El crack que quería tomarse revancha fichando para el Chelsea y tuvo que conformarse con ser el antojo de un nuevo rico de la Premier. El hechicero de la ginga endemoniada. El hombre que vivió 41 angustiantes días cuando secuestraron a su madre. El juguete roto que no acepta no ser un fijo en el once titular del Manchester City. El fichaje conflictivo rechazado por el vestuario más sólido de Europa. El nostálgico que cree que solo puede reconducir su carrera regresando al Santos.

Robinho ha sido, es, y continuará siendo percibido en infinidad de modos diferentes a uno y otro lado del Atlántico. Su más que posible regreso al fútbol de su país en los próximos días significará un notable retroceso en su carrera para muchos analistas, y probablemente estén en lo cierto. Su salida del equipo de Roberto Mancini incluso podría equivaler al punto final de la experiencia europea para el extremo que cautivó a medio mundo cuando dictó cátedra de malabarismos en su debut con el Madrid frente al Cádiz. Si su confesión a Rádio Bandeirantes debe traducirse como un punto de inflexión -el que inicia la trayectoria descendente- en su foja de servicios, me gustaría reflexionar sobre lo que Robson de Souza ha significado hasta ahora para el fútbol mundial.

Bastante por encima de Kaká -su alter ego en más de un sentido- Robinho ha sido el jugador más importante del fútbol que se juega en Brasil durante la primera mitad de la pasada década. Tras iniciar su carrera a muy temprana edad en las ligas barriales de fútbol sala, fue rápidamente captado por los ojeadores del Santos y comenzó a ser la estrella de los equipos juveniles del cuadro de Vila Belmiro. Con apenas 18 años debutó como profesional del primer equipo del Peixe en un partido ante el Corinthians por el Torneo Rio-Sâo Paulo del año 2002.

El Brasileirâo de ese año fue consagratorio para Robinho. Bajo las órdenes del entrenador Emerson Leâo -y acompañado por otro talento casi sin experiencia como Diego- sería el líder de una renovada versión de los Meninos da Vila que se quedaría -tras casi dos décadas sin títulos para el Santos- con el campeonato de primera división. Tras un 2003 un tanto decepcionante, en 2004 el equipo portuario volvería al primer plano brasileño y sudamericano de la mano de sus dos jóvenes figuras en 2004.

Esa temporada fue una de las mejores en toda la carrera del de Sâo Vicente hasta el día de hoy. Robinho -que volvió a conducir al Santos a la obtención de un nuevo campeonato nacional- marcó 21 goles en 36 partidos y fue elegido como el mejor futbolista de la primera división de ese año. El Real Madrid, tras su descomunal performance, lo convertiría en el fichaje estrella del mercado de invierno de la Liga 200/2005, en una opeación que estuvo marcada por el secuestro extorsivo de la madre del delantero.

El resto de lo que ha pasado desde ese momento hasta ahora es historia conocida. Tras una irrupción estelar bajo el mandato de Vanderlei Luxemburgo, la llegada de Fabio Capello al equipo merengue le fue relegando cada vez más dentro del plantel galáctico. Y así -pese a sus excelentes actuaciones con la selección brasileña- Robinho vio como sus minutos de juego vestido de blanco eran menos a medida que la temporada avanzaba. El timing y la forma en la que se produjo su salida del equipo español tal vez se haya convertido en el peor error de su carrera. El brasileño jamás ha conseguido hacer pie dentro de la liga inglesa y la afición Sky Blue pronto perdió la paciencia con él.

Dentro de los terrenos de juego el último momento de alegría profunda y de gran desempeño lo vivió con la camiseta de la selección de su país, durante la Copa América del año 2007 organizada por Venezuela. En momentos en los que Dunga comenzaba a plantear muchas dudas como entrenador de la Verdeamarelha y las dos grandes figuras del fútbol brasileño por ese entonces -Ronaldinho y Kaká- no quisieron ser de la partida, Robinho se puso el equipo al hombro y consiguió ganar el campeonato, ser el máximo goleador, y ser designado como el mejor futbolista del certamen. Esa actitud le ha valido el cariño de toda la afición nacional, y la gratitud eterna del seleccionador, quien prácticamente nunca le ha dejado fuera de las convocatorias a partir de ese momento. En horas bajas como las que vive por estas horas el aún jugador del Manchester City, el papel de Dunga puede ser fundamental en la recuperación del internacional.

En mi opinión, Robinho ha sido hasta hace no demasiado uno de los mejores cinco futbolistas del mundo, compartiendo grupo con Cristiano Ronaldo, Leo Messi, Ronaldinho y Kaká. Hoy está muy lejos de todos ellos, incluso del gaúcho, que parecía hasta hace un par de meses una causa perdida. Sin opciones aparentes en Europa (algo que no me termino de creer del todo), el atacante está dispuesto a prácticamente comenzar de cero nuevamente en su país,  jugando para el equipo de toda su vida. La apuesta parece demasiado arriesgada. Si bien el Brasileirâo ha realzado muchísimo su nivel en las últimas tres temporadas, el grado de excelencia y de exigencia de una liga europea de primer nivel no pueden ser replicados de momento en Sudamérica.

Robson de Souza necesita reinventarse para volver a ser Robinho. Y cree que el Santos es su lugar en el mundo en estos momentos. Tal vez sea más simple de lo que todos pensamos y tenga razón. En ningún lugar como en su antiguo club se lo mimará más. Allí es -después del Dios Padre Pelé- una suerte de Mesías que devuelve con la sola mención de su nombre a toda la nación santista a sus momentos más gloriosos. Ojalá que esta jugada le salga bien, como cuando tocaba de primera con Diego en el gramado del vetusto Vila Belmiro.

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