Histórico
12 enero 2010Jose David López

Ben Arfa o la humildad perdida

ben-arfa1

Reacción frente a la adversidad, gran fortaleza mental y el apoyo de aquellos que te rodean, son varios pilares fundamentales que todo adolescente atraviesa en esos años sinuosos y dubitativos. Claves que se multiplican por mil cuando la meta del trabajo diario pasa por convertirse en futbolista profesional y, desde luego, mucho más sensible al caos cuando las destrezas juveniles prevén un jugador de futuro. Los focos, los elogios y los contratos millonarios aparecen en escena, tumbando la humildad de aquél niño que un día de estreno tocó la pelota con el simple y vano deseo de divertirse.

Quien puede mantener la presión tendrá opciones de triunfar, pero no quien se ve superado o confunde sus habilidades, que jamás dan derecho a pasotismos, rebeldías o ejercicios de soberbia que esconden una enorme fragilidad emocional. Este análisis psicológico transcurre durante los años inmaduros de un joven jugador y son determinantes para realzar sus características deportivas pues lo encumbran o lo entierran. Y dentro de la lista negra de jóvenes promesas que no han alcanzado cumplir las expectativas creadas durante sus primeros contactos con el fútbol profesional, jamás pensé encontrarme a Hatem Ben Arfa.

El aún joven extremo de Clamart (suburbio parisino a pesar de su ascendencia tunecina), se formó en esa famosa escuela de cracks llamada Clairefontaine. En el centro de tecnificación de la Federación francesa, de donde han salido nombres como Anelka, Gallas o Saha en los últimos tiempos, Ben Arfa mejoró sus cualidades hasta el punto de que el Olympique de Lyon se lo llevó al Gerland con apenas 15 añitos. Pues bien, quien escribe, recuerda perfectamente la primera vez que pudo verlo en acción como lionés (el verano del año anterior lo había visto ganando el Europeo Sub 17 en una final ante España en la que, entre otros, estaban Nasri, Benzema o Cesc) pues fue una auténtica exhibición. Verano de 2005, supercopa francesa ante el Auxerre en el coqueto l’Abbé-Deschamps y un espectáculo de desborde, velocidad, regate y asistencias llaman la atención del personal y, desde luego, la mía. El Lyon ganó contundentemente (4-1) y tres de los goles salieron de las botas de aquél pequeño extremo que se movía con habilidad y desparpajo casi por cualquier zona del campo. Tremendo.

Evidentemente, ante aquél escándalo de partido y tras haber disfrutado con una joven promesa como jamás recordaba (ni recuerdo), mis ojos le persiguieron por activa y pasiva hasta que, como no podía ser de otra manera, fue entrando poco a poco en los planes de un equipo creado por canteranos. Pese a que sus habilidades eran incuestionables, Ben Arfa nunca pudo asentarse completamente en el Gerland. Se habla de su carácter, de su apatía, irregularidad y, cómo no, de su desagradable trato a técnicos y compañeros que viven cotidianamente junto a su arrogancia. No cumplió sus propias expectativas y con el afán de no perder tiempo, de no encasillarse o frenar su carrera, dio un paso al frente hacia Marsella, enemigo lionés pero, sobre todo, entidad condenada a ‘metamorforsearse’ sin éxito cada verano.

Su traspaso sorprendió pues el Lyon no suele vender a sus estrellas, a sus canteranos y, desde luego, mucho menos a un rival directo. Ese cambio que debía llevarle a liderar el nuevo proyecto del Velodrome (una de sus misiones era suplir a Nasri precisamente), se convirtió en la peor de las pesadillas. Sus regates han perdido magia, los rumores no hacen sino hablar de sus polémicas y no de sus virtudes en el césped y, desgraciadamente, esos aires de grandeza le han llevado a ser apartado y expulsado del equipo por Didier Deschamps ya en alguna ocasión. Está en el mercado desde hace meses y su marcha en verano (ahora nadie paga en efectivo), está casi asegurada.

El ‘chico rebelde’ de Clamart tiene todo aquello que cualquier adolescente quisiera para sí mismo, pero aquella humildad y sacrificio de las tardes lúdicas en busca de un balón que patear, quedaron muy en el olvido para su orgulloso carácter. 22 años son pocos. Son adolescentes, inmaduros y desordenados pero suficientes para desvelar a aquellos que sustentan su persona en cimientos firmes. La grandeza premia la sencillez y castiga la petulancia. Que se lo digan a Anelka…

Contacta con El Enganche




Nuestras redes sociales

 

Contacta con nosotros

Puedes ponerte en contacto con El Enganche a través de este formulario.

Envíanos tus consejos, dudas, quejas o sugerencias para ayudarnos a mejorar. Rellena el formulario y haznos llegar tu mensaje. #yosoyenganche