Los Faraones de Hasan Shehata son, por tercera vez consecutiva (siete en toda la historia) campeones de África tras imponerse en la finalísima de Luanda a Ghana. Choque lento, cumpliendo las previsiones de un planteamiento defensivo para los de Rajevac como todo el torneo y con la posesión egipcia por decreto aunque sin profundidad ni ideas. En la recta final, justo cuando Egipto parecía más cansada y las Estrellas Negras se acercaban con asiduidad, una pared entre Zidan y Gedo (máximo goleador del torneo) decidió el campeonato y daba la gloria a Egipto que, sin ninguna duda, es el mejor equipo de la historia del fútbol africano.
Veintiún días de colorido, pasión, alegría y esperanza pero también de dolor, sufrimiento, decepción y calor, mucho calor. Angola despedirá la CAN 2010 con el duelo que, a priori, mayor espectáculo podría ofrecer desde la perspectiva histórica pues se enfrentarán Egipto y Ghana, las dos selecciones con más entorchados del continente. Los Faraones optan a su séptimo título y al tercero de ellos de manera consecutiva, algo que nadie jamás ha logrado. Las Estrellas Negras buscan su quinto éxito africano, aunque con mucha más necesidad pues no lo levantan desde 1982. Una finalísima de contrastes en cuanto a filosofía, experiencia y planteamientos, pero tremendamente igualada desde el punto de vista competitivo.
Los actuales campeones llegaron a Angola con la misma intención que las últimas ediciones, la de levantar el título a base de defender con la pelota, mecanizar sus ataques y definir con mayor contundencia que ningún otro rival. Y todo eso logró llevarlo a la práctica desde el primer día, justo cuando los analistas esperábamos un grupo con una idea aprendida pero necesitado de sus piezas básicas, aquellas que se quedaron en la enfermería por lesión y que mermaban sobremanera el colectivo que había brillado en años anteriores. Y es que pese a que las bajas eran tan importantes como Zaki (delantero estrella), Abou trika (la mágica y el ídolo nacional) o Shawky (el mejor de sus mediocentros), el ‘profesor’ Shehata no decepcionó en la búsqueda de soluciones.

La historia del fútbol mundial ha dejado numerosos escándalos de personajes polifacéticos y singulares ya sea por sus salidas de tono, su carácter engreído o por sus hazañas antideportivas lejos de los terrenos de juego. Desde Vinnie Jones a Billy Bremer pasando por Gascoigne o Dennis Wise. Todos dejaron fiel reflejo de esta personalidad dubitativa en el fútbol inglés pero ninguno de ellos representaba un modelo, un ejemplo para su club y, desde luego, mucho menos para su país. Todas sus absurdas estupideces marcaron una época pretérita pero cuando pensábamos que aquellos personajes habían abandonado el día a día del fútbol inglés, apareció John Terry.
Nunca hubiéramos pensado hace unos años que aquél prometedor zaguero que se iba haciendo grande producto de sus incuestionables cualidades defensivas, podría ocupar tantas y tantas hojas de polémicas en torno a su persona, a sus maniobras lejos del césped y, desde luego, a todo lo que rodea a su vida privada. No sería de nuestra incumbencia si el bueno de Terry hubiera dejado el fútbol a un lado porque, de ser así, el ‘corazón’ ya tendría trabajo y la prensa deportiva dejaría de preocuparse por semejantes sandeces. Pero por desgracia, John Terry es el capitán de la selección más antigua del mundo y el icono del club que lidera la Premier League.
Si a uno le da por observar los escudos de algunos de los clubes de irlanda, se dará cuenta de la presencia en varios de los pertenecientes a conjuntos de la ciudad de Dublín (El Bohemian, el Shelbourne, el University College de Dublín o UCD, y el ahora extinto Dublín City) del mismo símbolo repetido, tres castillos llameantes. ¿De donde proviene el mismo? Como más de uno habrá supuesto, del escudo de armas de la ciudad. En su origen el mismo solo estaba presente un castillo, y en lugar de llamas, sus almenas estaban coronadas por soldados.
Posteriormente adquirió su estructura actual, con el siguiente significado (discutido por alguno): Los castillos nos hablarían de las antiguas puertas de la villa, mientras que las llamas serian recordatorio del celo en la defensa de la misma por sus ciudadanos, algo que nos vuelve a recordar la leyenda a los pies del escudo: “Obedientia Civium Urbis Felicitas”, la obediencia de los ciudadanos es la felicidad de la ciudad… Seguir leyendo…
Sabemos que los años no pasan en balde ni tan siquiera para las ‘viejas glorias’ del fútbol y que la edad es ese mal endémico que nos equipara sea cual sea nuestro rango social, fama o equilibrio mental (que también hay que tenerlo en cuenta). Sin embargo, aquellos que durante años fueron esclavos de gimnasios, entrenamientos diarios y fisioterapeutas de prestigio, casi siempre mantienen una visión de la vida muy natural, eternamente vinculada con el amor propio a su cuerpo. Y digo ‘casi’ porque casos como el de Mats Magnusson echan por la borda tal raciocinio.

Varios ojeadores de clubes importantes han visitado este invierno Anoeta movidos por lo que decían sobre un joven zurdo francés que está ilusionando a la afición donostiarra. Se llama Antoine Griezmann, tiene 18 años y se ha convertido en un complemento de lujo para esa delantera de la Real Sociedad que tanto reparte su gol. Este extremo lleva 5 tantos en 19 partidos (13 de titular), los mismos que Carlos Bueno y sólo uno menos que Imanol Agirretxe, el máximo goleador del equipo vasco.
Griezmann ha sido la incorporación del juvenil más brillante. Destacó en la pretemporada siendo el mayor artillero del verano (5 goles) y por eso se quedó en el primer equipo. Rápidamente le elevaron a las alturas y sonó para Manchester y Liverpool. Quizá por ello la Real quiere renovarle en cuanto pueda, a pesar de que tras la pretemporada firmó hasta 2013. Su cláusula actual es de 30 millones de euros.