Histórico
9 diciembre 2009Francisco Ortí

Producciones FIFA presenta…

mundialdeclubesTodavía no había amanecido y la casa estaba en absoluto silencio. Tenía que ser muy sigiloso para que nadie me oyera y abortara mi misión. A oscuras, bajé de la cama con mucho cuidado, recogí las provisiones que había dejado preparadas la noche anterior y camine a hurtadillas hasta el salón. Una vez allí faltaba el paso más complicado: encender el televisor y ser lo suficientemente rápido pulsando el mute para acallar cualquier conato de ruido. Lo conseguí, o, al menos, eso creo. Ya sólo quedaba disfrutar del éxito de misión.

Esta aventura corresponde a uno de los primeros recuerdos futbolísticos de mi infancia. El objetivo no era otro que seguir en directo un partido bautizado con el sugerente nombre de Copa Intercontinental y en la prensa se decía que quien lo ganará sería proclamado como mejor equipo del mundo. ¿Acaso se podía aspirar a más? Además, uno de los aspirantes era español: el Barcelona de Johann Cruyff, al que recordaba por haberme impresionado tras su paso por Mestalla. Así comenzó mi idilio con un torneo que me llamada la atención de manera especial. No sólo por su horario diferente, o su estirada periodicidad, si no también porque cada año me permitía descubrir a un equipo de más allá del Atlántico del que jamás había oído hablar.

Tal vez esta particular afición por la extinta Copa Intercontinental sea el motivo de mi escaso afecto hacia el torneo que la engulló años después: el Mundial de clubes. Impulsado por necesidades económicas y una ambición globalizadora, la FIFA decidió darle un lavado de cara al torneo continental. Su idea era abrir las puertas a clubes de otros continentes y no retringirlo a equipos sudamericanos y europeos. El proyecto, que vio la luz en 1999, sufrió durante sus primeros años de vida su escaso atractivo deportivo, pero la FIFA insistió en su realización a sabiendas de los ingresos televisivos que podría reportar.

Toyota había comprado los derechos de la Copa Intercontinental en 1998, por lo que el repentino cambio de planes de la FIFA no encontró el beneplático de la automovilística japonesa. Así, la FIFA se vio obligada a desarrollar su torneo desde la ilegalidad. En el 2000 cobró vida el primer Mundial de Clubes con los participantes elegidos a dedo. El torneo se disputó en Brasil y lo disputaron, entre otros, el Real Madrid. Pasó sin pena ni gloria y si por algo es recordado es porque ofreció lo mejor de Nicolás Anelka como jugador del Real Madrid.

Para la segunda edición de su prefrabricado torneo tenía pensado hacer algo grande. Eligió España como sede, invitó a 16 equipos y anunció premios millonarios para el ganador. Contaba con el respaldo económico de una potente empresa, pero todo se fue al garate. La bancarrota de ISL mandó al traste las esperanzas de Joseph Blatter y amenazó la supervivencia del Mundial de Clubes, pero Toyota volvió a aparecer salvadora. La empresa japonesa accedió a abrir las puertas del torneo y desde el 2005 Tokio se convirtió en la sede del nuevo Mundial de Clubes.  La internacionalización del torneo no trajo consigo novedades en su palmarés y continuó intercalando ganadores sudamericanos con europeos.

En el 2009 la FIFA ha dado una vuelta de tuerca más. En la edición de este año, el Mundial de Clubes rezuma más que nunca tufo a intereses económicos y se ha mudado a Abu Dhabi, la cuna de los petrodólares. Este miércoles, la caja de caudales se abre de nuevo para empezar a recaudar. Al Ahly y Auckland City inauguran un torneo, que se presenta como la ocasión ideal para que el Barcelona se quite su espina clavada con la Copa Intercontinenal. La misma que arrastra desde que perdió ante el Sao Paulo el día de mi furtiva misión.

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