Histórico
29 diciembre 2009Jesús Camacho

Matt, el Djinn de Guernsey

matthew_le_tissier_caricatureLa palabra “fidelidad” deriva de la palabra fidelitas (latín), y su significado es servir a un dios. La citada acepción es una de las que podríamos encontrar en el diccionario de la RAE, donde también comprobaremos que fidelidad es el cumplimiento de una palabra dada, la lealtad de una persona fiel, que jamás traiciona la confianza puesta en ella y tiene en alta consideración el sentido del compromiso y del deber.

Es en definitiva un alto valor moral que me coloca en el camino correcto para recordar a una leyenda del fútbol inglés a los que los Saints le ejercieron verdadera fidelita en el más puro sentido y expresión de la palabra. Una fidelidad que se convirtió en recíproca puesto que este futbolista al que el Victorian former ground (The Dell) recibía con el grito “he is God, Le God”, se mantuvo firme a una palabra dada y a sus colores permaneciendo impasible a los ‘cantos de sirena’ que le llegaban desde varios puntos de la geografía esférica mundial.

De nombre Matheew Le Tissier y de profesión genio, uno de aquellos djinn, de buen talante que se dedicaba a ayudar al ser humano con su condición fantástica, uno de esos seres dotados de propiedades, conocimientos, y cualidades, que los hacen distintos. Un ser de fuego que se convirtió en mitológico gracias a la magia que desprendían sus botas. Para mí uno de los futbolistas más talentosos que he visto y creo sin dudarlo uno de los jugadores más talentosos de la historia del fútbol inglés.

Curiosamente un tipo de aspecto desgarbado, sin mucha pinta de futbolista, para nada un ejemplo de atleta, tal y como él mismo reconocía: -Me llamaban Le God, pero podría haber sido Matt The Fat [Matt el gordo]. Bebía tanta cerveza antes de los partidos que a veces me pesaba el culo. También me pasaba con las hamburguesas y el chili (…) Cuando me llamaban Dios, no sabía qué decir, sobre todo si me cruzaba con un cura…Yo no era Dios, claro.

Pero en cambio con tanto talento para dar como para mantener entregada a una afición y en mi caso impaciente por visionar el resumen de cada jornada de la Liga inglesa. Un futbolista que nació a medio camino entre Francia e Inglaterra, en Guernsey, una isla situada en el Canal de la Mancha y una Liga en la que brilló con la camiseta del modesto Southampton, donde luchó por sobrevivir en la Premier. Allí su magia voló por espacio de quince temporadas desde 1986 a 2002, en las que jugó más de 500 partidos y anotó más de 200 goles (lanzó 50 penaltis y sólo erró uno).

Fueron quince años de ensueño destacando de forma muy especial la etapa comprendida entre 1989 y 1995, seis años en los que The Dell además de ser testigo de aquel gol antológico al Blackburn, se rindió a sus pies y en los que el halo de santidad que corona al balón que aparece en el escudo del Southampton, se hizo presente sobre el césped. Y es que claro en una ciudad que te traen recuerdos como la fastuosa botadura del Titanic hacia la muerte y te recibe con la frase ‘Welcome to Southampton, you’re entering the country from Le God’ -Bienvenido a Southampton. Está usted entrando en el país del Dios-, solo podía ejercer su condición divina sobre los terrenos de juego un djinn andante con nariz de duende que dejó para el recuerdo sus goles, la mayor expresión de su arte, de ese engañoso deambular que le caracterizó y de su intima relación con el balón, objeto que desplazaba con precisión de cirujano y con el que sembraba el terror de los arqueros por su potente, certero e inolvidable disparo. Gracias ‘Mister Le’

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