Histórico
19 diciembre 2009Jose David López

Los Verón, cuarenta año estudiando ‘brujería’

los-veronArtículo escrito en la previa de la última final de la Libertadores.Lo rescatamos aprovechando la final del Mundial de Clubes entre Estudantes y Barcelona.

Será por la pasión, la manera tan singular de vivir el fútbol o simplemente porque su sangre no les permite tratar el deporte con rectitud y sin entenderlo como una fiesta en todo su esplendor. El fútbol argentino es único por cientos de razones (a cual más peculiar) pero sobre todo, nutre buena parte de su mística en los apodos que a lo largo de su historia han servido para identificar a su estrellas. Basta con un rasgo físico, una jugada llamativa, un gol interesante, un apellido especial e incluso un parecido razonable (o imaginario) con un animal. Uno de los más exclusivos (hay jugadores que comparten seudónimo) lo ofrece Estudiantes de la Plata que más allá de su misterioso pasado ‘pincharata’, ofrece cobijo en su vestuario a una ‘Gata’, un ‘Gallo’, al ‘Chapu’, al ‘Colorado’, un ‘Samurái’, un ‘Chavo’, una ‘Caldera’ y, por supuesto, una ‘Brujita’.

Juan Sebastián Verón es el ejemplo perfecto de esta simbiosis entre fútbol y antroponomía de los apodos. El enganche estudiantil arrastra uno los motes más emblemáticos, indiscretos y particulares de Argentina que, curiosamente, tiene raíces ancestrales y naturaleza hereditaria. “Si ven una ‘Bruja’ montada en una escoba, ése es Verón, Verón, Verón está de moda”, coreaban a finales de los 60 los hinchas de un Estudiantes de la Plata enloquecido con la figura de Juan Ramón Verón, la ‘Bruja’, uno de los jugadores más destacados en la historia del club León. Ramón, padre de Sebastián, sabe lo que es levantar por sí mismo, a lo grande y con sus goles, la Copa Libertadores que ahora, 40 años después, su hijo intentará repatriar. Esta es la historia de un apodo, su familia y cuatro décadas de ‘brujas’ en La Plata.

En 1968, Juan Ramón Verón era uno de los cracks de la época, una estrella, virtual antecesor de Maradona y un delantero que ahora valdría millones de euros en Europa. Era un punta zurdo, habilidoso, rápido, desequilibrante y con la puntual cualidad de anotar una gran cantidad de goles decisivos para un equipo cuya hinchada fanatizaba con su ídolo por cada rincón continental. Eran los años previos al ‘gigante’ de La Plata pero para llegar a los mejores años de la entidad hicieron falta goles claves y allí, como no, apareció la ‘Bruja’. En el vetusto estadio de 57 y 1 (ahora en remodelación), con el público entregado desde horas antes de duelo, Verón padre se hizo con el corazón eterno de los estudiantiles. Al borde del primer tiempo, con todo Palmeiras refugiado en su campo para asegurar el título de la Libertadores en una final de infarto, Verón hizo una jugada sensacional por banda derecha, encaró a tres rivales por el camino y disparó cruzado ante la salida del meta. Aquello, junto a un gol posterior, dejó la definición del torneo en un obligado e intenso tercer partido en territorio neutral. Diez días más tarde, en Montevideo, Verón dejó mudo el Estadio Centenario cuando, en una contra, la ‘Bruja’ esquivó con gambeta, dribló al arquero y culminó de derecha para dar la primera Copa Libertadores a Estudiantes de La Plata.

los-veron-2Apenas meses más tarde, en la final de la Intercontinental ante el poderoso Manchester United de Bobby Charlton y George Best en el mismísimo Old Trafford, Verón apareció de nuevo. El León venía de vencer por la mínima en su estadio (1-0) pero el Teatro de los Sueños era inexpugnable en aquellos años y sus estrellas parecían imposibles de superar. Un testarazo de Verón a los siete minutos tras un centro de Madero, silenció el templo inglés y aquél sueño se consumó. Estudiantes fue un preciso engranaje en el cual cada jugador cumplía una función específica, estudiada cuidadosamente desde el banco y ejecutada con precisión asombrosa en el campo de juego. Una noche épica.  El poder del bloque obró el milagro y la ‘Bruja’, como estrella, no se cansaría de ganar puesto que el éxito en la Libertadores fue alargado dos años más, contribuyendo a los mejores años de una entidad que hoy busca un éxito similar.

Osvaldo Juan Zubeldía era el técnico de aquél Estudiantes, un grupo muy unido y casi perfecto en lo táctico que con una actitud humilde y trabajo incansable, no encontraba objetivos inalcanzables ni misiones imposibles. Ahora 40 años más tarde, los Pincharatas vuelven a toparse con una finalísima y, curiosamente, el lema es el mismo: ‘La unión hace la fuerza’. Si a ese bloque compacto dirigido exitosamente por Alejandro Sabella y que tanto recuerda al de entonces, le sumamos un icono hereditario durante décadas, el título se acerca más y si en el 68 fue una ‘Bruja’, en el 2009 bien puede ser una ‘Brujita’. Al contrario que su padre, Sebastian sí triunfó en Europa (al menos en momentos puntuales), jugó Mundiales, se topó con los mejores jugadores del mundo y su nombre siempre estará acompañado de muchos ceros pero, curiosamente, es el Verón sin Libertadores, algo que ahora pretende emular a toda costa. Se instaló como ídolo en su regreso a Estudiantes y es, desde entonces, el referente del sentimiento al que se unen jugadores en un gran estado de forma (Andújar, Ré, Desábato, Gastón Fernández, Boselli…) y al que sólo le queda un paso para entrar en la historia.

Los Verón, en La Plata y a través de Estudiantes, son parte de una de las mejores páginas del fútbol argentino. Una página con un final abierto que este miércoles tras el 0-0 de la Ida y en Belo Horizonte, puede seguir acumulando éxitos…

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