Histórico
11 diciembre 2009Ariel Judas

El Flamengo campeón, el fútbol carioca aún deuda

flamengo¿Cuánto vale lo que ha conseguido el Flamengo sobre el venerable césped del Maracanâ? Muchísimo en lo deportivo, está claro. Ser campeón de la primera división de Brasil -más allá de lo que puedan asegurar los detractores de la Série A- significa el regreso del equipo carioca a la primera línea del panorama internacional. Si ese logro se consigue diecisiete años después de la obtención de la última corona, el valor es aún más grande para el cuadro con la mayor torcida del país.

Tras cinco temporadas consecutivas de hegemonía paulista -en las que dominaron el Santos, el Corinthians y, fundamentalmente, el Sâo Paulo- los Rubro-Negros han ganado un Brasileirâo que ha premiado su constancia, que ha castigado la desidia o la falta de acierto del Sampa y del Palmeiras, los dos equipos mejor armados para coronarse en este 2009.

En inferioridad de condiciones económicas con respecto a sus máximos rivales en esta liga, endeudado, en medio de una interna política voraz, y con un entrenador y un plantel que han sido menospreciados hasta hace poco más de un mes, el Flamengo ha conseguido darse una oportunidad de oro para intentar equiparar en el terreno de juego -de manera estable, prolongada- a la jerarquía que la mera mención de su nombre genera.

La gran figura de la versión 2009 del Mengo no ha sido Adriano. Tampoco el incombustible Rambo Petkovic. Ellos han sido muy importantes en la gesta rojinegra, sí. Pero a quien hay que destacar -muy por encima de todos los demás- es Andrade, el entrenador que tomó el equipo de manera provisional cuando Cuca se marchó a mitad de temporada.

Hombre de la casa, de esos que conocen al dedillo la cantera y la manera de sentir de la Gávea, Jorge Luís Andrade da Silva fue hasta el presente más un bombero que alguien que fuera considerado de manera seria por el club. El entrenador -que como jugador ganó cinco títulos de liga para el Flamengo- ordenó al equipo. Le dio sosiego, calma, y una mirada en perspectiva. Solo así ha sido posible escalar desde la decimocuarta posición hasta la obtención del título de liga en la última jornada, casi sin sufrir tropiezos. Andrade sabe que pocos confiaban en él cuando tomó al primer equipo.  También es consciente de los comentarios humillantes que se vertieron en su contra dentro y fuera del club. Y ahora -con la copa de campeón en la mano- sabe que ha vencido el pulso al prejuicio que ha intentado contaminar su gestión.

Con un montón de frustraciones acumuladas desde 1992, al seguidor del Mengâo se le hizo un nudo en el estómago cuando el domingo por la tarde un Grêmio versión B, programado para evitar que el Internacional pudiera ser campeón con un tropiezo del conjunto carioca, se adelantó con un gol de Roberson en a los veinte minutos de juego. Por unos minutos, el Colorado se sintió campeón gracias a la inesperada e involuntaria colaboración de su máximo rival y -fundamentalmente- merced a la contundente victoria que estaba fraguando frente al Santo André, que terminó perdiendo la categoría.

Pero el Flamengo, en el que el Emperador y Pet estuvieron bastante apagados, de a poco se fue recomponiendo. Sobre la media hora de juego el central David consiguió la igualdad para llevar algo de tranquilidad a medio Brasil. Otro defensa, Ronaldo Angelim, fue quien -sobre la mitad de la segunda parte- marcó el segundo gol Rubro-Negro, que cerró el marcador final y desató la locura en el Maracanâ.

La victoria del Flamengo desbarataba cualquier posibilidad de sus rivales de ser campeón. Los dos equipos que tuvieron mayores chances quedarse con el título en distintos momentos de la liga -el Sâo Paulo y el Palmeiras- reaccionaron de manera bien diferenciada en la última jornada de competición. El Tricolor Paulista no tuvo piedad de un desvalido Sport, al que terminó goleando. El Verdâo, que fue puntero de la Série A durante la mitad de las jornadas del torneo, terminó perdiendo frente a un Botafogo que luchó con el cuchillo entre los dientes para conseguir quedarse en la máxima categoría.

La temporada del Palmeiras y el Sâo Paulo en este Brasileirâo son dignas de análisis. El equipo de Paléstria Italia estaba predestinado a hacer algo grande, y acabó protagonizando uno de los peores papelones de su historia. Los Alviverdes comenzaron la temporada con Keirrison y Diego Souza en pleno estado de forma, y con un brillante -como casi siempre- Vanderlei Luxemburgo en el banco de suplentes. La forma casi intempestiva en la que K9 se marchó de Brasil creyendo que -tal vez- formaría parte de la plantilla del FC Barcelona, y la crítica que Luxa efectuó a dicha operación terminaron con el entrenador en el paro temporal. A partir de ese momento, el equipo entró en una trayectoria descendente -más anímica que de nivel de juego en muchos momentos- que ni un entrenador de los quilates de Muricy Ramalho pudo detener. La caída del domingo frente al Botafogo fue el peor de todos los posibles cierres de temporada para la afición palmeirense.

El sorpresivo despido de Ramalho por parte del Sâo Paulo ha sido otro de los momentos culminantes de este campeonato. Club y entrenador habían formado una dupla prácticamente invencible, que había sido capaz de dominar y ganar con mano militar las últimas tres ediciones del Brasileirâo. Un primer tercio de liga malo arruinó la luna de miel permanente que prometía ser la unión entre Muricy y el Sampa. Ricardo Gomes -el nuevo entrenador- dio la sensación de poder clonar el estilo de su predecesor, especialmente cuando el Palmeiras comenzó a flaquear. Pero el equipo, acostumbrado a no dejar con vida a sus oponentes en la recta final de la liga, dio dos chances al Flamengo, que el nuevo campeón supo aprovechar.

Tan malo ha sido el cierre de la temporada para el Palmeiras que -pese a haber dominado la tabla de posiciones durante buena parte del año- la caída en el Engenhâo le dejó fuera de la Copa Libertadores del año próximo. La clasificación a ese certamen hubiera servido como premio consuelo frente a un título de liga que se escurrió de las manos del Verdâo. Y el hecho de haber terminado cediendo su plaza en la última jornada al Cruzeiro ha sido una de las mayores decepciones en la historia reciente del club paulista. La escuadra de Belo Horizonte derrotó a domicilio al Santos y terminó por clasificar a la competición sudamericana más importante a nivel de clubes por su mejor diferencia goleadora.

El fútbol del país cinco veces campeón del mundo tendrá el año próximo una representación muy potente en la Libertadores. El Corinthians -que aseguró hace tiempo su clasificación al ganar la Copa do Brasil- estará acompañado por el Flamengo, el Internacional, el Sâo Paulo y el Cruzeiro. El Atlético Mineiro, otro de los grandes animadores de este Brasileirâo -especialmente en la primera mitad del campeonato-, tampoco clasificó al torneo continental, y deberá conformarse con ser parte de la Copa Sudamericana, en el segundo semestre del año próximo, una competición a la que también ha ido a parar un deprimido Palmeiras.

La última jornada de liga comenzó con dos equipos ya descendidos: el Sport y el Náutico. Los equipos de Santo André, Botafogo, Fluminense y Coritiba -en ese orden- eran quienes tenían mayores posibilidades de perder la categoría el domingo. El Ramalhâo fue el tercero en sellar su billete con destino a la Série B, al ser goleado por el Inter. El Fogâo celebró por todo lo alto su victoria ante el Palmeiras, que le certifica como un equipo de primera. Y el Flu -que en la competición local sumó un invicto de once partidos en la recta final- igualó 1-1 frente a la Coxa y terminó enviando al club paranense a la segunda división, en un partido que terminó con un durísimo enfrentamiento entre los seguidores del equipo local y la policía.

El fútbol de Río de Janeiro sigue estando en crisis, como señalamos hace no demasiado. El título de liga que el Flamengo acaba de ganar no cambia en esencia el statu quo del balompié en Brasil. Los equipos paulistas seguirán siendo los más fuertes en el terreno competitivo y económico (especialmente en el caso del Corinthians en el año de su centenario). Los representantes de Porto Alegre -previsiblemente- seguirán dando batalla, como ocurre casi todos los años. Y a un Cruzeiro -animador habitual de cada temporada- se le puede sumar un Galo que puede solidificar la presencia de Belo Horizonte en la lucha de poder a nivel nacional.

Pero este Brasileirâo 2009 sí que puede valer y servir como un catalizador, como la excusa perfecta pare relanzar a los cuatro grandes cariocas. Una de las capitales del fútbol mundial no puede darse el lujo de tener a uno de sus hijos dilectos jugando en la segundona (como ocurrió este año con el Vasco da Gama), ni tener un par de representantes de su cuarteto de oro penando hasta la última fecha por conseguir la permanencia. La Cidade Maravilhosa -que, entre el Mundial de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, será la metrópoli del deporte mundial en la primera mitad de la próxima década- necesita de un fútbol fuerte y creativo, bien diferenciado del músculo paulista, y de la practicidad gaúcha, que desde hace años diseñan y le dan forma al juego de la primera división de la mayor potencia sudamericana.

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