Histórico
27 noviembre 2009Ariel Judas

Última imágenes del naufragio

cappaCuatro jornadas antes de que finalice el Torneo Apertura, Ángel Cappa presentó su renuncia como entrenador de Huracán. El entrenador nacido en Bahía Blanca, que estuvo a punto de coronarse campeón del último Torneo Clausura, puso punto final a su utopía quemera con una frase que vuelve a ponerle en el centro de la polémica. Una vez más, pese a que otro de sus proyectos deportivos se hunde, el estratega vuelve a autoproclamarse como uno de los pocos exponentes o representantes del sentimiento y la identidad del fútbol argentino. Ángel Cappa al 100%.

“Lo más importante que dejamos con Huracán fue haber revivido el sentimiento de nuestro fúbol, la alegría de saber que nuestra identidad futbolística no está muerta, que el tiki tiki es lo mejor que le pudo pasar al fútbol argentino en los últimos veinte años”, dijo tras dirigir su último entrenamiento al frente del Globito hace apenas unas horas.
Poco tiempo después de perder en el último partido del Clausura ante Vélez la punta y el título de liga, dijo que el plantel entrenado por Ricardo Gareca “no juega al fútbol”. Ahora, cuando Huracán es el anteúltimo clasificado del Apertura y apenas ha conseguido diez unidades en quince partidos disputados, Ángel Cappa sale de escena arrojando a diestra y siniestra el agua bendita del tiki tiki (o tiki taka, de acuerdo con la nomenclatura del desaparecido Andrés Montes) sobre la numerosa grey de aficionados y periodistas, que han erigido un altar dialéctico en torno de la aparentemente sacrosanta e incorruptible figura del entrenador.

En su blog asegura que a lo largo del año que ha estado a cargo del equipo se ha convertido en un hincha más del cuadro de Parque Patricios. Y no hay por qué no creerle. Pero haber dejado a Huracán cuando solo resta un mes para que el actual campeonato llegue a su fin genera más daños que beneficios al castigado club del sur de la ciudad de Buenos Aires, que ahora debe salir en búsqueda de un nuevo director técnico que quiera hacerse cargo de un hierro caliente. El Globo cayó el pasado domingo ante su máximo rival -San Lorenzo- por 0-2, y tal vez esa fue la gota que colmó el vaso. Creo que el entrenador tenía (tiene, en definitiva) el respaldo suficiente del club, de la hinchada y de gran parte del establishment mediático argentino para poder terminar el 2009 en paz. Pero, y esto es comprensible, a nadie le gusta ser la cara de la derrota, ni siquiera a Ángel Cappa, uno de los entrenadores que más relativiza (al menos en su discurso) el valor de la victoria.

Poco feliz -y, en definitiva, alejado de la realidad- ha sido eso de decir que el año que ha estado al mando de Huracán (seguramente, tomando en consideración muy especial lo acontecido en el primer semestre de 2009) ha sido lo mejor que la ha pasado al fútbol argentino en las últimas dos décadas. Don Ángel pasa de largo de un montón de hechos relevantes que han fortalecido al balompié de su país, y que han tenido lugar desde 1989 en adelante.

Dejando de lado a aquella selección de Carlos Bilardo que -jugando muy mal, pero con mucho amor propio- llegó a la final de la Copa del Mundo de 1990, se me ocurren varios highlights del fútbol argentino durante los últimos veinte años. El River de los Cuatro Fantásticos entrenado por Américo Rubén Gallego; el Vélez de Carlos Bianchi que ganó la Copa Libertadores y la Intercontinental; todas las alineaciones con las que Ramón Díaz ganó un montón de campeonatos al frente del equipo Millonario; las selecciones juveniles con las que José Pekerman consiguió tres títulos mundiales Sub-20; el inigualable Boca de Carlos Bianchi, que ganó nueve coronas a nivel nacional e internacional; el Estudiantes que ganó el Torneo Apertura 2006 al mando de Diego Simeone, y el Pincha que ganó la Libertadores en 2008 con Alejandro Sabella en el banco de suplentes; la selección, el Newell’s y el Vélez entrenados por Marcelo Bielsa; el Lanús de Ramón Cabrero, ganador del Apertura 2007; el Independiente y el Newell’s del Tolo Gallego, ambos campeones; la selección de Alfio Basile que ganó la Copa América en 1991 y 1993; el Boca del Coco que ganó cinco títulos en el plazo de dos años; el Rosario Central que ganó la Copa Conmebol en 1995 de Ángel Tulio Zoff… Seguro que me estoy olvidando de más de un equipo que merece ser incluido en este rápido recuento de las pasadas dos décadas en Argentina.

Muchas de estas alineaciones arriba enumeradas han sido tan buenas o mejores que el Huracán subcampeón del Clausura 2009, y todas han sido más trascendentes que el Globito del primer semestre de este año. Pero ninguno de sus mentores se ha autoproclamado como el gestor del producto más feliz del fútbol albiceleste contemporáneo, como Ángel Cappa acaba de hacer en su agridulce despedida de esta semana.

Cappa solo admite una forma de leer el deporte del que vive; la suya. Y está convencido de que esa visión es la que mejor se ajusta al estilo argentino. La realidad (esa que se puede verificar hemerotecas y videotecas) demuestra que -salvo en épocas de César Luis Menotti- el fútbol bien jugado y, al mismo tiempo, ganador ha pasado bastante lejos de la dogmática visión del hoy desempleado y mediático entrenador.

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