Histórico
6 noviembre 2009Jose David López

Solna, la envidia del fútbol sueco

aikLa Universidad de Loughborough creó hace unos años un concepto para definir a las ciudades que cumplen con una serie de características generadas por los efectos de la globalización y el crecimiento de la urbanización. Acuñaron el término ‘ciudad global’, que reseña a aquellas urbes que tienen un efecto directo y tangible en los asuntos mundiales a través de algo más que el medio socio-económico, con influencia en términos de la cultura o la política. En Suecia, un país ejemplar en asuntos sociales, la ciudad global por antonomasia es Estocolmo. La capital cuenta con todo tipo de opciones alternativas, culturales y de ocio pero según los analistas de Loughborough, les falta una cosa para ser la ciudad ideal. No se trata de un restaurante 5 estrellas, una fábrica de oro ni un museo real, sino una referencia deportiva con la que se reconozca a la ciudad en todo el mundo.

Y es que aunque la capital es la gran urbe nacional, su motor económico y el epicentro absoluto de una formación universitaria ejemplar para toda Europa, las referencias deportivas del país no encuentran su mejor acomodo en Estocolmo. Tres equipos en horas bajas como Hammarby (descendido como colista este año), Djurgardens (se la jugará para no descender en la promoción a pesar de ser siete veces campeón nacional) y Brommapojkarna (el más modesto que ha salvado la categoría esta campaña por los pelos), son incapaces de generar grandes titulares futbolísticos en la prensa nacional, esa que curiosamente estos días vanagloria las gestas y hazañas del ‘vecino’, el querido AIK Solna.

A escasos kilómetros de la capital se encuentra la sede del recientemente coronado campeón del fútbol sueco y próximo representante del fútbol escandinavo en la Champions League. El AIK (abreviatura del impronunciable Allmänna Idrottsklubben), está considerado uno de los tres ‘gigantes’ del país, es el equipo que mayor número de veces ha disputado las competiciones nacionales a lo largo de la historia y la entidad que mayor arraigo deportivo levanta en el país ya que su historia no sólo identifica a los futboleros, sino a los atletas, baloncestistas, golfistas,  profesionales de balonmano o hinchas del hockey (muy famoso por aquellas tierras). Es conocido como el Club Deportivo del Pueblo por su pasado multi-disciplinar y aunque el fútbol es su referencia, fue el éxito de otras disciplinas lo que animó a sus fundadores a crear la sección balonpédica allá por 1896.

Y es que cuando uno habla del fútbol sueco, lo hace elogiando la belleza e historia del mítico estadio Rasunda, sede del AIK y uno de los estadios que mejor generan esa atmósfera pasional del fútbol de antaño. Allí, este pasado domingo se vivió una auténtica fiesta con pantallas gigantes para unir fuerzas y buscar su undécimo título liguero, el que estaba en juego en el también famoso Gamla Ullevi de Gotemburgo, donde Goteborg y AIK optaban al campeonato en la última jornada. Los locales llegaban con un punto menos, obligados a vencer y con el apoyo de su afición para tumbar las esperanzas de los de Solna, colocados desde principios de campaña en la primera plaza. Pese a adelantarse con un gol de Thomas Olsson a la media hora, el AIK sacó su casta y no sólo igualó el marcador con un tanto del brasileño Antonio Flavio, sino que redondeó su gesta con un segundo gol de Daniel Tjernstrom que supuso un nuevo título para el equipo Gnaget. Un nuevo milagro con el fútbol como único protagonista.

Y es que Solna está muy lejos de ser considerada ‘ciudad global’ como su vecina Estocolmo, ese ente eternamente superior que todo lo ensombrece y que empequeñece sus virtudes. La coqueta ciudad dormitorio tiene apenas 60.000 habitantes, todo ellos apasionados por su club y fieles a unos colores pues sólo así se explica que una localidad tan minúscula, logre aglutinar cada semana en su estadio a 20.000 personas (la media más alta de toda la Allsvenskan). Ellos son el alma del club, la razón de su supervivencia y los que portan el dorsal número 1 pues la institución decidió que nadie mejor que ellos para defenderlo a muerte y ordenaron retirarlo hace décadas en honor a todos ellos.

Deportivamente el club confió hace apenas un año en un cambio, un giro a su política bajo un proyecto liderado por el semi-desconocido Mikael Stahre, un técnico jovencísimo (apenas tiene 34 años), que ya había triunfado anteriormente en las categorías inferiores del país y que incluso había ganador varios campeonatos juveniles con el AIK. Una única experiencia como entrenador en el modestísimo Vasby United, al que ascendió al segundo escalón del fútbol sueco (Superettan) en su primer año y colocó en mitad de tabla con el equipo más joven del torneo en el segundo, le sirvió para convencer al AIK de que era el mister ideal para la deseada progresión de los de Solna, que necesitaban recuperar el nivel de finales de los 90, su época dorada más cercana. El riesgo era mayúsculo pero con un par de fichajes y confiando en la base cosmopolita que ya había dejado detalles en el club años anteriores, ha sabido sacar un rendimiento ejemplar.

En la plantilla conviven dos argentinos como Ortiz y Obolo, un inglés como Kenny Pavey, un holandés como Jos Hooiveld, el joven brasileño Flavio, el internacional esloveno Burgic y hasta un exótico en toda regla como el liberiano Dulee Johnson. Todos ellos han tenido un papel clave (sobre todo Obolo con nueve goles), y han ejemplificado que el poder del AIK reside en el grupo y no en las individualidades. El portero Orlund, el veteranísimo capitán Tjernstrom o el sueco de origen ugandés Mutumba, han aportado estabilidad a un colectivo maduro y experto (su edad media es bastante alta pese a las características de su técnico) que ha destacado principalmente por su estupendo trabajo defensivo. Desde el Rasunda se oyen aún los gritos de campeón, unos gritos que este fin de semana quieren el ‘doblete’ en la final de Copa precisamente contra un Goteborg en busca de venganza.

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