Histórico
3 noviembre 2009Francisco Ortí

Nereo Rocco: El ‘patrón’ de Trieste

rocco

Con motivo del duelo de Liga de Campeones entre el Real Madrid y el Milan recuperamos un artículo publicado anteriormente en memoria del gran entrenador rossonero Nereo Rocco.

El hospital de Trieste acostumbra a ser un lugar tranquilo donde reina el silencio, aunque no siempre es así. Unos gritos quiebran la normalidad. Las voces proceden de la habitación en la que está ingresado el paciente más famoso del centro. No hay que alarmarse. Los gritos no son de dolor. Lo que se escucha son instrucciones tácticas y protestas contra el árbitro mientras dirige un partido que se está desarrollando en su mente. “¿Cuánto falta para que acabe el partido?”, apremia el enfermo. Su equipo está ganando ese encuentro imaginario por la mínima y defiende la corta renta con esfuerzo, tal y como había sucedido en innumerables ocasiones cuando era entrenador de fútbol profesional. Y era uno de los mejores.

Ese enfermo hospitalizado por cirrosis y bronconeumonía era Nereo Rocco, el gran entrenador italiano que lideró al AC Milan durante la década de los sesenta hacia dos Copas de Europa, dos Recopas, una Copa Intercontinental y cinco Scudettos. Sin embargo, más allá de los títulos, el mayor logro de Rocco fue idear el estilo de juego que ha hecho famoso al Calcio. Se le considera el inventor del Catenaccio (cerrojo en italiano). Rappan fue el precursor de ese estilo defensivo cuando en 1938 desarrolló lo que un periodista suizo bautizó como Cadenazz, pero a Rocco se le adjudica el descubrimiento del líbero y la creación del verdadero Catenaccio. “El Catenaccio es el sentimiento italiano llevado al fútbol”, explicó el excelente periodista Gianni Brera, amigo íntimo del Parón (patrón en el dialecto de Trieste). Nereo Rocco fue más tajante a la hora de adjudicarse la paternidad del Catenaccio: “Sólo nosotros con el Padova y luego con el Milan practicamos el auténtico Catenaccio. Los otros hacen un fútbol prudente”. Queda claro.

Nereo Rocco siempre fue diferente al resto hasta en el nombre. Originalmente se apellidaba Rock como herencia de un padre nacido en Viena, pero durante el régimen de Mussolini se obligó a la italianización de los nombres y Rock se convirtió en Rocco. Nereo se crió en Trieste, compaginando sus primeros pasos como futbolista con su trabajo como carnicero. Siempre intentó ocultar su doble vida a sus compañeros de equipo, aunque gracias a su labor en la carnicería desarrolló un potente físico que se convirtió en su mejor rasgo como futbolista.

Con futbolista, Rocco tuvo una carrera discreta. Ingresó en el Triestina recomendado por su amigo Piero Pasinati. Allí permaneció durante siete temporadas y debutó con la Nazionale italiana, con la que sólo disputó un partido. Tras estallar la Segunda Guerra Mundial, Rocco se marchó al Nápoles y posteriormente pasó al Pádova. En 1945 regresó a Triestina, donde colgó las botas e inició su carrera en los banquillos. Dirigió a la Triestina (con el que alcanzó el subcampeonato) y al Treviso, hasta que en 1953 decidió aceptar un reto que parecía imposible: salvar al Padova. No sólo logró la salvación, sino que durante las ocho temporadas que ocupó el banquillo padovano convirtió al equipo en uno de los más temibles de la Serie A gracias a su férreo estilo de juego. El Panzer Football Club, como fue apodado el Padova de Rocco, se convirtió en la sensación de Italia.

Fruto de ello, el Milan llamó a su puerta en 1961. En San Siro Nereo Rocco se convirtió en leyenda. El Catenaccio comenzó a fabricar títulos tanto en Italia como en Europa, como acreditan las dos Copas de Europa rossoneri durante la época (1963 y 1969), y se convirtió en el estilo oficial del fútbol italiano. Rocco radicalizó su faceta defensiva ante los medios de comunicación y le gustaba venderse como un tipo duro. “Patea a todo lo que se mueva sobre el césped, y si es el balón, paciencia”, aseguran que declaró el entrenador italiano antes de un partido. Pese a sus declaraciones y su aspecto rudo, quienes compartieron vestuario con él afirman que trataba a los jugadores con gran cariño, como si fueran sus hijos, y su favorito era el gran Gianni Rivera.

Rocco contaba con un once repleto de gladiadores y confiaba ciegamente en hombres como Giovanni Trapattoni y Cesare Maldini, pero su debilidad era Gianni Rivera. El pequeño mediapunta italiano era el único que escapaba de la sobredosis de tiza a la que Rocco sometía a sus jugadores antes del partido para que no se cometieran errores en el férreo entramado defensivo dibujado para frenar al rival. “Rivera es nuestro Stalingrado”, bromeaba el italiano sobre su protegido. Nunca permitió que otro equipo se lo llevara, pese a que fue duramente discutido durante la época.

Entrañable, duro, divertido, estricto, Nereo Rocco falleció el 20 de febrero de 1979 habiendo creado un estilo de juego que despierta las mismas contradicciones que su propia personalidad. Unos le amarán por inventar el Catenaccio, otros le odiarán por destruir el fútbol. Lo más probable es que a Nereo Rocco le diera exactamente igual lo que se dijera de él. “¿Qué gane el mejor? ¡Esperemos que no!”. Ese era El Parón.

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