Histórico
12 noviembre 2009Ariel Judas

Navidad con puertas abiertas en La Bombonera

Es casi un hecho que River y Boca no participarán de la Copa Libertadores del próximo año. La debacle deportiva, económica e institucional que vive el equipo millonario tal vez hace que esta situación no resulte tan novedosa ni inesperada. Los del barrio de Núñez hace tiempo que no están ni se les espera en el ámbito de la alta competición internacional. Pero el universo xeneize está revolucionado, herido, y preocupado. El club de la Ribera ha sido el que más veces ha ganado el principal campeonato continental para los equipos sudamericanos en la última década, y quedar fuera de la Libertadores en 2010 puede implicar bastante más que un revés deportivo para Boca.

Las arcas del club -lógicamente- sufrirán sin los ingresos excepcionales que están acostumbradas a percibir cada temporada por su participación en la Copa. Y, como acaba de señalar el ex presidente Mauricio Macri, sin ese dinero a la dirigencia boquense se le muy difícil seguir pagando contratos como los de sus máximas estrellas dentro del terreno de juego -Juan Román Riquelme y Martín Palermo- y fuera del gramado -como Carlos Bianchi, quien actualmente es el manager o secretario técnico de la entidad porteña-.

Tras una gestión plagada de altibajos -y con una cosecha pobre de puntos- como fue la de Carlos Ischia, Boca sentía que tenía una bala de plata guardada en la recámara. A todo el mundo le parecía atinado y natural que quien se hiciera cargo del primer equipo fuera el Virrey (el director técnico más exitoso de la historia del club), quien ya se encontraba trabajando en los despachos de la Bombonera. El regreso de Bianchi al banco de suplentes era anhelado por todos menos por el ex goleador. Su amistad de años con Ischia fue una traba importante. Pero también el “no” llegó porque fue el entrenador quien hace casi diez años hizo la fragua sobre la que se construyó este equipo que lo ganó todo pero que, como todos, tiene fecha de caducidad. Y Bianchi fue consciente -más que nadie- que la plantilla necesita un nuevo génesis, nueva sangre. Y él -de una manera entendible, tal vez- no quiso hacerse cargo de la poda que era necesaria para que Boca volviera a dar frutos.

Así, cansados de pedirle al Virrey que aceptara volver a ser el entrenador, los dirigentes aceptaron la solución intermedia que el manager puso sobre la mesa: él continuaría en funciones ejecutivas, aunque siguiendo de cerca lo que Alfio Basile -el viejo-nuevo entrenador escogido- hiciera. Coco, con un histiorial reciente en Boca que avalaba los sueños de nuevos campeonatos teñidos de azul y oro, sería el encargado de comenzar la limpia en Casa Amarilla y de enderezar el rumbo deportivo del equipo. Ese era el plan, seguro. Pero no funcionó según lo esperado.

Una gira europea planificada a las apuradas terminó por dejar a un equipo veterano casi sin baterías. Mientras Basile veía que pocos de los refuerzos que él había pedido se sumaban al plantel, y que Bianchi daba salida a algunos jugadores jóvenes que tal vez le hubieran venido bien en este Apertura y en la Sudamericana, el Coco hizo pause al corte de algunos históricos, como Hugo Ibarra, a quien se terminó renovando. Se equivocó el manager y también lo hizo el director técnico. Y Boca llegó al inicio de ambos campeonatos de la peor de las maneras posibles. Y se notó todo tan pronto, que Basile estuvo a punto de dejar su cargo en las primeras de cambio.

Sin posibilidades reales de ganar el torneo local, la hinchada se aferraba a la posibilidad de sumar los puntos suficientes que les permitieran alcanzar la clasificación a la Libertadores, el campeonato que mejor le sienta al club últimamente. Pero los resultados cosechados recientemente están poniendo a la Doce y al resto de la nación xeneize frente a una realidad triste y cada vez más concreta. La de un 2010 sin presencia internacional. Lo único que puede hacer un equipo como Boca ante una situación como esta es reciclarse. Reinventarse. Tan pronto como le sea posible. Nutrirse de su cantera -una de las mejores de la primera división argentina- y hacer tres o cuatro contrataciones dentro del mercado local o sudamericano para volver a parecerse al que fue hasta no hace demasiado. Quitarse lastre de dólares y de años de encima.

Carlos Bianchi es uno de los mejores entrenadores de los que puede presumir el fútbol argentino, pero como manager no ha hecho nada destacable en casi un año de gestión. Si no desea volver a sentarse en los banquillos, creo que su fecha de caducidad en Boca está marcada. Lo mismo que la de Alfio Basile, a quien su salida de la selección argentina le ha dejado tocado, sin capacidad de reacción, irreconocible. Siempre se le describió como un hombre de mucho genio. Hoy, pretende hacer gracia con su cada vez más frecuente frase de “silenzio stampa“ cada vez que los resultados no acompañan. Y gracia no hace ni un poco, para qué nos vamos a engañar. ¿Traerá Papá Noel esta Navidad un cheque indemnizatorio para ambos? “Chi lo sa“, responderían el Virrey y el Coco en la lengua de sus padres a esa pregunta.

Desde el inicio de este Apertura el presidente del club, Jorge Amor Ameal, no hace más que atajar los penales que los periodistas le lanzan cada vez que preguntan por la renovación de las dos máximas figuras del actual equipo, Palermo y Riquelme.

El Loco acaba de cumplir 36 años y todo hace pensar que terminará su carrera como máximo goleador histórico del club en 2010. Se ha convertido en un pedazo de historia viviente de la pasión xeneize y resultaría muy raro colgar los botines en otro sitio. Llegado el caso, solo se me ocurren como posibles destinos de retiro Estudiantes de La Plata -el equipo donde se formó, y del cual es confeso hincha- o alguna franquicia de la MLS, donde su amigo Guillermo Barros Schelotto ya ha intentado llevarlo. De todos modos, pase lo que pase con Boca y Palermo en estos últimos partidos del Apertura, la relación entre ambas partes no parece depender de que el equipo esté presente en la Copa Libertadores en el primer semestre de 2010.

Lo de Román es más complicado. Su contrato expira en Junio del año próximo. El fallecido presidente Pedro Pompilio lo repatrió hace un par de años desde su exilio en el Villarreal, a cambio de 15 millones de dólares. En su momento, las cuentas cerraban. Hoy no. Después de muchísimos años, el balance de Boca se ha escrito con números rojos. El salario que percibe hoy en día Riquelme está fuera de las posibilidades reales de cualquier club de Argentina. Y los 2,5 millones de billetes verdes que podría pagarle el Corinthians por un año de contrato quedan en un barrio aún más lejano. En la Bombonera nadie se atreve a colgarle el cartelito de “se vende” al enganche de manera pública, aunque en privado muchos dirigentes admiten que desprenderse del Torero sería un alivio enorme para las finanzass boquenses. La prensa brasileña asegura que el club ya autorizó al dorsal 10 a negociar con el Timâo, e incluso se especula con el hecho de que Ronaldo ya se habría comunicado en más de una ocasión con Riquelme para intentar convencerle de su pase al gigante paulista.

Mientras se recupera de su lesión, Román espera que los hechos tomen su camino lógico. Que la oferta de Corinthians se concrete (este jueves podría producirse en Buenos Aires la primera reunión oficial entre los emisarios del club brasileño, los representantes del volante y los dirigentes de Boca) y, si las cifras cuadran, comenzar a imaginarse jugando el Paulista, la Libertadores y el Brasileirâo con la camiseta del Timâo centenario y galáctico el año próximo.

Fuera de las competiciones internacionales, el Boca modelo 2010 será -de manera forzada- bastante diferente al de las últimas temporadas. A día de hoy, el equipo ha sabido envejecer con dignidad. Y ha podido estar a la altura de los mejores de Sudamérica durante una década de manera ininterrumpida. Ahora, en épocas de alcancías flacas o vacías, a la dirigencia xeneize le toca repensar la ingeniería del equipo y devolverlo cuanto antes al primer plano sudamericano. Cambiar, para que nada cambie. Seguir siendo -con un elenco renovado- uno de los equipos más grandes del planeta.

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