Histórico
22 noviembre 2009Jesús Camacho

Equipos Históricos: La Campana de Uruguay

campanauruguay

Aprovechamos la recién consumada clasificación de Uruguay para Sudáfrica 2010 con un artículo homenaje a una de sus épocas más gloriosas. Uruguay es historia viva de este deporte y aquí lo reflejamos.

El Río de la Plata es un estuario del Océano Atlántico en América del Sur formado por la unión de los ríos Paraná y Uruguay, que sirve de frontera en todo su recorrido entre la República Argentina y la República Oriental del Uruguay. A sus orillas fue llevado por Mr. Poole, (el “papá del football”), y por aquellos ‘locos’ ingleses encargados de perfeccionar la red ferroviaria y los servicios de Aguas Corrientes de Montevideo un extraño deporte llamado football.

Y de sus aguas y en respuesta a tanto inglés surgió aquel otro “fútbol criollo”, de las entrañas del Montevideo Football Club y el Uruguay Athlétic Club, rivales encarnizados que acabaron por fusionarse y fundar Club Nacional de Football para plantarle cara al poderoso Albion inglés.

Dos décadas después el “fútbol criollo” acababa con la supremacía inglesa e imponía su estilo, su gambetta, su música, sus quebradas y su carácter mostrándose al mundo. Y es que en la década de los años veinte hubo un claro dominador en la historia del fútbol mundial, un equipo que como ya apuntamos se forjó en el amplio estuario del Río de La Plata y llevó con brillantez su fútbol celeste por el mundo.

Al desgranar esta historia estamos retrocediendo en el tiempo para que todos aquellos que aún no son conscientes de ello sean conocedores de la importancia que tiene en la historia del fútbol y dónde se encuentra la verdadera base del fútbol del continente americano: concretamente al sur de Brasil, en el ancho estuario del Río de La Plata, en la costa Noreste, Uruguay y su capital Montevideo, un país que ha ganado cuatro títulos Mundiales (2 JJOO y 2 Campeonatos Mundiales) y 14 títulos sudamericanos; y en la orilla opuesta Argentina y su capital Buenos Aires (Bicampeones del Mundo) y 15 Campeonatos sudamericanos. Por lo que si sumamos los títulos de uno y otro y siempre que reconozcamos la majestuosidad del fútbol brasileño, podremos comprobar que el Río de La Plata es la arteria principal del balompié en el continente americano. Se puede decir sin temor a equivocarnos que a sus orillas han crecido muchos de los grandes protagonistas de la historia del fútbol. Es más concretando podremos constatar que en proporción de población y territorio, es aún más meritorio lo conseguido por Uruguay y su capital: Montevideo.

Fútbol del 12

Para muchos este grupo de futbolistas uruguayos práctico el fútbol más bello que jamás se ha visto en Uruguay, el conocido popularmente como el “fútbol del 12″. Con la intención de reflejar la grandeza de esta magnífica generación de jugadores charrúas nos moveremos en una parcela de tiempo comprendida entre 1923 y 1930, en la que Uruguay conquistó nada más y nada menos que 3 Campeonatos sudamericanos (1923, 24 y 26), 2 Campeonatos Olímpicos (París 1924, el recordado Colombes) y (Ámsterdam 1928) y por último un Campeonato del Mundo, el conquistado en 1930 en Uruguay, en el estadio Centenario, en el que “La Campana uruguaya” se doctoró y se convirtió ya en legendaria.

Generación de oro

De la sensacional hornada de jugadores destacaremos en especial a cinco de ellos:

Ángel Romano: un puntero izquierdo excepcional pero además debemos de considerarlo como un ‘todocampista’, puesto que por encima de todo a Romano le gustaba jugar al fútbol. Capaz de ser un magnífico organizador, marcar como nadie a los puntas más veloces, regatear a todo el equipo rival o convertirse en un frío y calculador definidor. Era como dicen en Sudamérica un crack de toda la cancha.

José  Leandro Andrade: “La maravilla negra”, apodó con el que le bautizó la prensa francesa en Colombes 1924. Un portento físico y técnico, con movimientos felinos, fue famoso por sus goles de tijera. Ágil, fibroso y elegante. Dominaba ambas piernas, actuaba como medio defensivo interrumpiendo limpiamente los ataques rivales y explotando al máximo su gran manejo de balón.

Pedro Cea: “el Vasco”, pionero de los centrocampistas de hoy, de gran fuerza pero dotado de una buena condición técnica y una excepcional visión de juego. A pesar de que jugaba por el ala izquierda, su mejor pierna era la derecha y era sumamente eficaz tanto en ataque como en defensa. Sus goles con la selección charrúa fueron determinantes para la conquista de varios títulos.

José  Nasazzi: “El Mariscal”, el Gran Capitán, a pesar de no ser la estrella de su equipo es el máximo exponente de la inigualable generación de jugadores charros de la década de los años veinte y treinta que consiguieron los mayores triunfos en la historia del fútbol uruguayo.

Excelente defensa, de gran temperamento, poseía una técnica increíble para marcar, además de utilizar esa técnica para dar juego a sus compañeros.

Héctor Scarone: un delantero adelantado a su tiempo, ambidiestro, buen cabeceador, gran dribbling e infalible a balón parado. Fue nominado el mejor jugador del mundo en la década más gloriosa del fútbol uruguayo.

Muchos lo consideran el mejor jugador uruguayo de todos los tiempos. Su calidad técnica e imaginación le valieron el apodo de “El Mago”.

A estos futbolistas podríamos sumar los nombres de Petrone, Mazzali, R.Figueroa, Castro…

JJOO de Paris 1924, Stade Colombes

En 1910 Argentina ganó el primer Campeonato Sudamericano no oficial y seis años después y pese al cisma el seleccionado de la Asociación, Uruguay se proclamó en 1923 campeón del primer Campeonato Sudamericano oficial de la historia. Este gran éxito obligó a Don Atilio Narancio, el denominado “Padre de la Victoria” y por entonces Delegado de Nacional, a cumplir su promesa. Y es que Don Atilio había prometido que si eran campeones sudamericanos concurrirían a las Olimpíadas de París.

Pero no fue una tarea fácil y es que Uruguay no tenía afiliación olímpica y la Asociación no tenía fondos. Aún así Atilio Narancio hipotecó su casa y confió ciegamente en las posibilidades de los también conocidos como los líricos muchachos del “Mariscal”.

Numa Pesquera, Presidente de Nacional desde 1923, firmó un cheque en blanco. Nacional aportó 6 jugadores: Andrés Mazzali, Santos Urdinarán, Alfredo Zibechi, Héctor Scarone, Ángel Romano y Pascual Somma. Otros que también acudieron pasarían posteriormente a Nacional: Pedro Petrone, José Nazzasi, José Leandro Andrade y Pedro Cea.

Fue así  como comenzó todo, Uruguay zarpó del puerto de Montevideo rumbo a los JJOO de París. La FIFA. asumió por primera vez en 1924 la tarea de organizar el torneo de fútbol dentro del marco de los Juegos Olímpicos. Con 22 participantes, se había alcanzado un récord de inscripción.

De ultramar se presentaron los equipos de EE.UU. y Uruguay, de esta forma el combinado uruguayo se convertía en el primer equipo originario de Sudamérica en realizar una gira por Europa. Una gira que comenzó en España, el 10 de abril de 1924, en la que los charrúas dejaron su sello, como lo demuestra el hecho de que vencieron todos sus encuentros (nueve) y las opiniones que suscitó su fútbol entre los periodistas españoles. Uno de ellos tituló lo siguiente:

–“Por los campos de Coya, pasó una ráfaga olímpica…”

Uruguay probó  suerte en Europa y dio a conocer un fútbol novedoso, y es que pese a que el fútbol partía desde un mismo origen (Gran Bretaña) y unas idénticas reglas básicas, el tipo de fútbol era muy distinto al practicado en Europa por entonces.

El combinado charrúa vivió numerosas anécdotas de las que podemos destacar especialmente la que tuvo como protagonista a la selección yugoslava. Yugoslavia que era su más inmediato rival en el torneo olímpico, envió a varios “espías” al entrenamiento de los uruguayos, algo que ya sabían los sudamericanos, que con gran astucia realizaron una pésima práctica en la que tropezaban unos con otros, y mandaban todos los pases a las nubes. Así que los yugoslavos informaron que superar a Uruguay era cosa fácil.

Uruguay logró  su objetivo y le dio una auténtica paliza a Yugoslavia, vencieron 7 a 0 y dejaron a todos boquiabiertos con su fútbol, los goles de Pedro “Vasco” Cea y Pedro Petrone y en especial por su figura: José Leandro Andrade, un futbolista bautizado por la prensa francesa como “La Maravilla negra” o “La Perla Negra”.

Dicen los que le vieron jugar, que Andrade unió el magisterio del fútbol con el del tango y es que al parecer José Leandro dio tanto espectáculo en la cancha, donde deslumbraba con sus fintas y su talento, como en la alta noche parisina.

El equipo uruguayo que aunó su genuina academia con su depurada técnica, su garra y temperamento, superó en su siguiente partido por 3 a 0 a EEUU, con tres tantos de Petrone. Posteriormente 30.000 espectadores vieron los cuartos de final entre Uruguay y Francia (5:1). Los sudamericanos derrotaron a Holanda en las semifinales y la selección charrúa se plantó en la final ante Suiza.

La final

El 9 de junio de 1924 en el mítico Stade Colombes de París, abarrotado por 60.000 espectadores, (10.000 hinchas tuvieron que quedarse afuera por falta de espacio, lo que provocó algunos incidentes en el que hubo heridos de gravedad), Uruguay se enfrentó a Suiza en la final de los JJOO. El colegiado francés Marcel Slawick, fue el encargado de dirigir el encuentro.

La alineación que presentó el técnico charrúa fue la siguiente: Mazali; Nasazzi, Arispe, Andrade, Vidal, Ghierra, Urdinarán, Scarone, Petrone, Cea y Romano. Por su parte el conjunto suizo saltó al terreno de juego con la siguiente formación: Pulver; Reymond, Ramseyer, Oberhauser, Schmiedlin, Pollitz, Ehrenbolger, Pache, Dietrich, Abegglen y Fassler.

Uruguay dominó  de principio a fin el choque y se adelantó en el marcador en el minuto 27 de la primera mitad, el autor del citado tanto fue Petrone; el “Vasco” Pedro Cea hizo el segundo en el minuto 18 de la segunda parte y Ángel Romano hizo el tercero en el 36 de la segunda parte.

La vuelta olímpica

Este magnífico equipo liderado en la cancha por Héctor Scarone y secundado por auténticos cracks como José Nasazzi, José Andrade, Pedro Cea, Pedro Petrone, Ángel Romano… se hizo acreedor con todo merecimiento a la medalla de oro de los JJOO y entró para siempre en la historia del fútbol.

Uruguay con su fútbol técnico y de pase corto jugó a placer ante una Suiza que no pudo hacer nada para frenar el juego de los charrúas, que vencieron por tres goles  a cero.

El equipo charrúa fue original hasta en la celebración puesto que lo hicieron con una vuelta al estadio, encabezada por José Nasazzi y denominada desde entonces “la vuelta olímpica”, una invención atribuida desde entonces a la historia del fútbol uruguayo y que se ha extendido por todo el mundo.

Tan impresionados quedaron los espectadores parisinos que acudieron a Colombes que el histórico partido se cita como el que más influyó en el desarrollo del estilo de juego del fútbol francés. Aquel país de tan solo 3 millones habitantes acababa de dar una lección de juego al fútbol europeo y se consagraba Campeón del Mundo, puesto que por entonces los JJOO era la única competición mundial de fútbol.

Fútbol y música

Ya se cumplen 85 años de la espectacular exhibición de Uruguay en Colombes, pero para muchos no ha transcurrido un solo día, puesto que los 60.000 espectadores franceses que acudieron al Stade Colombes, pudieron comprobar insitu como el tiempo se paraba para degustar el juego charrúa y para que el equipo oriental se adjudicara el título, y diera su vuelta triunfal

Mazzali, Nasazzi, Arispe, Andrade, Piriz, Gestido, Arremont, Scarone, Borjas, Cea y Figueroa fueron los once “olímpicos”, a quienes Juan Rodríguez y Francisco Brancatti dedicaron su vals Campeones Olímpicos, grabado por el primero en discos Electra con acompañamiento de guitarras.

Fútbol hecho música y canción, fútbol tango, José Andrade dibujando cortes y quebradas en Colombes y en los locales nocturnos de la Ciudad Luz.

Brillante trayectoria

A estos dos primeros títulos le siguieron 2 Campeonatos sudamericanos más, en 1924 y 1926 y en 1928 lograron hacerse con su segunda corona olímpica al vencer en la final a Argentina en Ámsterdam. En la citada final tuvieron que ir a un encuentro de desempate puesto que en el primer choque empataron a uno y en el segundo y decisivo encuentro se impuso Uruguay 2-1 con un decisivo gol de Scarone. De esta forma Uruguay daba continuidad a su reinado en una final anticipada de lo que se viviría en 1930 en el estadio Centenario de Montevideo.

Campeones del Mundo

En 1930 pusieron el colofón a su claro dominio con la conquista de la Copa del Mundo disputada en Uruguay y festejada en el estadio Centenario de Montevideo. El Gobierno uruguayo consciente del hito histórico que se viviría en Montevideo, construyó un hermoso coliseo acorde con la importancia de la cita y con la categoría de la generación que les había hecho vibrar y había llevado el nombre de Uruguay y el fútbol sudamericano del ancho estuario del Río de La Plata por el mundo entero.

“La campana de Uruguay” entró definitivamente en la historia del fútbol. Aquel mítico equipo estuvo formado por: Gestido, Nasazzi, Ballestero, Mascheroni, Andrade, Fernández, Dorado, Scarone, Castro, Cea e Iriarte.

Dorado de Uruguay, marcó el primer tanto de una final por un mundial.  Argentina al final del primer tiempo se fue a los vestuarios con la ventaja por 2-1. Peucelle y Stabile marcaron los goles argentinos. Pero los Uruguayos salieron más luchadores que nunca en la segunda mitad y consiguieron tres tantos más por medio de Cea, Iriarte y Castro, al llegar el final del partido.

Se impusieron por 4-2 a Argentina en la final y aunque las estrellas de aquel equipo eran Castro, Andrade, Cea, Scarone y Nasazzi solo los cuatro últimos más Santos Urdinarán y Pedro Petrone estuvieron presentes en todas las conquistas y conformaron sin dudarlo la columna vertebral de la generación de oro del fútbol uruguayo.

Jules Rimet  entregó el trofeo “Victoria de alas de Oro” (Victoire aux ailes d’or) que proclamaba como Campeones Mundiales a los  uruguayos,  el capitán José Nazassi recibió el trofeo una estatua de oro macizo y cuatro kilos de peso, esculpida por el francés Abel Lefleur. Al día siguiente de la famosa victoria, el 31 de julio fue proclamado Fiesta Nacional en Uruguay.

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