Histórico
24 noviembre 2009Francisco Ortí

El hombre de las siete vidas

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Pocas cámaras le apuntarán a él. Enfocan a Samuel Eto’o. Pocos micrófonos querrán escuchar sus palabras. Prefieren las de José Mourinho. Las teclas de los portátiles tampoco escriben su nombre. Se centran en las lesiones de Zlatan Ibrahimovic y Lionel Messi. Cuando el balón eche a rodar esta noche en el Camp Nou los centelleantes flashes cubrirán de luz a los Diego Milito, Andrés Iniesta o Maicon. Mientras, pocos recordarán que allá donde nadie mira se encuentra Thiago Motta, quien también vivirá un partido especial ante el Barcelona.

A Motta poco le importa que se olviden de él. Está acostumbrado a vivir en las sombras. A buscar su lugar en el mundo del fútbol con trabajo duro. Ha pasado toda su carrera alejado de las portadas y para llegar donde se encuentra ahora no ha sido gracias a calles principales ni atajos. Ha tenido que mancharse en oscuros callejones, y siempre sin protestar. Es un gato callejero. Y, como tal, también tiene siete vidas.

En el imaginario popular se mantiene que los gatos tienen siete vidas. Nueve para los siempre singulares británicos. Esta creencia nace como consecuencia de la capacidad de los gatos para sobrevivir a grandes caídas. Explicado en términos científicos poseen “una profunda capacidad del sistema nervioso para repararse a sí mismo”. Thiago Motta no es un gato, pero comparte esa cualidad con ellos. El ahora centrocampista del Inter de Milán ha sufrido mucho con las lesiones a lo largo de su carrera deportiva. Sus rodillas, las que ahora trabaja a diario en el gimnasio, fueron un lastre para él y le costaron su puesto en el Barcelona y, posteriormente, en el Atlético de Madrid.

Tras su anodino paso por el Vicente Calderón, Motta fue considerado como un cadaver deportivo. Pocos hubieran apostado algo por él. Quizás sólo un hombre acostumbrado a vivir de ilusiones como el presidente del Giochi Preziosi lo haría. Y así fue. Enrico Preziosi, quien también es presidente del Genoa, fue el único que confió en ese juguete roto que era Thiago Motta y lo reclutó para su ilusionante proyecto.

En el Stadio Luigi Ferraris Motta comenzó una nueva vida. Lejos de las lesiones, de las salidas nocturnas, y de rumores alucinógenos, el brasileño volvió a brillar sobre un terreno de juego. En España se había acostumbrado a jugar en posiciones retrasadas (llegó a jugar de central), pero el técnico Gasperini le otorgó la batuta del equipo y él, agradecido, lo dirigió hasta puestos de Europa League. “El técnico Gasperini me dio la libertad y me regaló una nueva vida” -confiesa Motta- “he trabajado duro para recuperarme y volver al primer plano. Gracias a la gente de Génova pude hacerlo“.

Gracias a sus buenas actuaciones en Génova, José Mourinho solicitó su fichaje para el Inter de Milán. El portugués confía plenamente en Motta, al que le concede responsabilidades ofensivas en un equipo al que le sobra músculo.  Con el cariño de sus dos últimos técnicos el gato callejero ha vuelto a creer en sí mismo y se ha reclicado como unos de los puntales de un grande como el Inter de Milán. Motta se marchó espoleado del Camp Nou, y este martes regresa con una nueva vida, en el mejor momento de su carrera. “Ahora soy feliz”.

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