Histórico
16 noviembre 2009Jesús Camacho

Balones de Oro: Ruud Gullit, el Tulipán Negro (1987)

gullit-1987Originarios de Asia Menor y Central, los tulipanes adoptados por los holandeses como símbolo nacional, embellecen la campiña holandesa con interminables hileras que tamizan una línea del horizonte tan solo alterada por pequeñas casas de techo rojo y molinos de viento, testigos privilegiados de una bella escala cromática del blanco al negro que se muestra en todo su esplendor en primavera. Una postal inevitable y un paisaje que podría representar la diversidad multicultural y capacidad de integración del pueblo holandés. Un multiculturalismo probablemente en crisis en los últimos años pero un pueblo que siempre tuvo en aquel rincón del hemisferio norte claros ejemplos de tolerancia y lucha por la diversidad.

Es en este punto donde comienza y finaliza esta historia, una historia de lucha y superación con una fecha marcada en rojo en el calendario: diciembre de 1987.
Aquel día un tipo de color que destacaba por su melena rastafari y un profuso bigote aparecía enchaquetado en la gala de honor de la revista France Football, para recoger el Balón de oro que le coronaba como mejor jugador europeo del año y dedicar unas merecidas palabras al por entonces preso político Nelson Mandela. Ese futbolista de tan solo 25 años se llamaba Ruud Gullit y no había hecho más que comenzar su cátedra futbolística y su lucha por la igualdad y reconciliación racial.

Procedente del PSV acababa de llegar a Milán con un pasado brillante en su país, donde había mostrado su arrolladora potencia y eficacia como jugador, y al ser preguntado por el tal Mandela, al que había dedicado tan prestigioso galardón, el futbolista natural de Ámsterdam de ascendencia africana -de Surinam- contestaba lo siguiente:  “es un futbolista con inquietudes políticas”.

Irónica e inteligente respuesta, pura lucha contra el ‘apartheid’, por Mandela y aquel sueño de construir “la nación del arco iris”, como la bautizó el arzobispo Desmond Tutu, premio Nóbel de la Paz. Ese mismo ‘desconocido’ que años después, siendo ya una personalidad mundial le dijo: “Ruud, tengo muchos amigos ahora. Cuando estaba en la cárcel, tú eras uno de los pocos que tenía“.

Dicen que entre partido y partido este futbolista admirador de Bob Marley, de veloces y goleadoras piernas, imponente físico, vuelo e impacto rastafari con el balón, cantaba guitarra en mano junto al grupo Revelation Time su sencillo más famoso ‘Not the dancing kind’ y luego ‘South Africa’ en apoyo a Mandela.

Comprometido con la causa resulta paradójico el hecho de que le viéramos nacer para el fútbol en 1979 en las filas del HFC Harlem, conocido como el Harlem Pequeño. En aquel entonces un joven de 16 años llamado Ruud Dil –apellido de su madre- adoptaba el apellido paterno para comenzar su leyenda como jugador profesional. Harlem F.C. le vio nacer como defensor en la posición de stopper, luego el Feyenoord donde coincidió con Cruyff –compañero suyo en la 83/84- le ayudó a crecer como futbolista en la medular del conjunto de Rótterdam. Allí su potencia arrolladora unida al crecimiento técnico-táctico que experimentó le sirvió para adquirir mayor consistencia y contribuir a la conquista de dos copas KNVB, una liga (Eredivisie) y una Copa holandesa.

Posteriormente 400 mil libras le llevaron a las filas del PSV Eindhoven, conjunto que le consolidó como el mejor futbolista holandés del momento y que le permitió engordar aún más su palmarés con dos ligas, dos copas KNVB y un trofeo al mejor jugador

Primeros reconocimientos individuales y la antesala de su despegue definitivo como jugador, aquel año 87 en el que todo comenzó. Y todo comenzó porque el Milan que venía de dos descensos emergía de sus cenizas gracias al poder económico de Berlusconi y la revolución técnico-táctica de un joven técnico llamado Arrigo Sacchi.

Una revolución que se cimentó en el tridente holandés formado por Gullit, Rijkaard y Marco Van Basten y la incorporación de una excelente generación de futbolistas italianos como Maldini, Costacurta, Baresi, Donadoni, Carlo Ancelotti…

Con la camiseta rossonera le llegó la maduración futbolística, Ruud mostró la enorme progresión experimentada desde aquel año 79 en el que comenzó a jugar como stopper. El imponente futbolista holandés fue pieza clave a nivel ofensivo en un equipo en el que como todos también trabajó a destajo en el plano táctico. Teniendo como referencia el balón, fue pieza diferencial en un equipo que defendía zonalmente a la perfección, con todos los jugadores cerca del balón y sin hacer desplazamientos de más de 20 metros.

Era elMilan de Sacchi el de la asfixiante presión llevada al punto máximo, el de Franco Baresi, que tiraba el fuera de juego y dejaba en evidencia los sistemas tácticos de sus rivales. El Milan de Costacurta y Maldini, que cortaban y cortaban, de Ancellotti, que corría y corría, de Rijkaard y Donadoni, que tocaban y tocaban y de Gullit y Marco Van Basten, que marcaban la diferencia.

Un equipo de leyenda en el que Ruud fue martillo devastador, la excelencia física, la eficacia, el gol, el vuelo marcial y el implacable remate de cabeza. San Siro le bautizó como el ‘Diabolo Rasta’ y sus gradas se poblaban de gorras con rastas de pega, con las que los hinchas homenajeaban a su ídolo. Hasta en tres ocasiones su rodilla le hizo crack y muchos le quisieron retirar pero en otras tantas logró resucitar.

Muchos nos aficionamos al fútbol viéndoles jugar y otros recordaron viejos tiempos en los que una ‘Naranja Mecánica’ les enseñó que el fútbol podía ser total. Si para San Siro fue el ‘Diabolo Rasta’ para la selección ‘oranje’ era el ‘Tulipán Negro’, el capitán de aquella selección que nos enamoró en la Euro 88 y nos dejó para el recuerdo una memorable final ante la URSS en la que Ruud hizo un golazo de cabeza y Marco nos regaló uno de los mejores goles de la historia.

De Diabolo a Tulipán, un torbellino de fútbol que pasó por Europa y le dio al Milan en seis temporadas, 4 títulos de liga, 2 Copas de Europa y una Copa Intercontinental (’90).

Recuerdos imborrables de una carrera que también dejó momentos intensos con la camiseta de la Samp y que puso fin en la Premier, con la camiseta de un Chelsea aún de capital inglés.

Icono del fútbol europeo de comienzos de los años ochenta y noventa, ese futbolista que un 13 de septiembre de 1987 en Pisa hacía su primera aparición en el Campeonato italiano y comenzaba su leyenda resolviendo el partido en el minuto 73.

Otro “holandés volador”, un futbolista rebelde pero con causa, su progresión la perfecta representación del fútbol total, futbolista único, lucha personal, de igual a igual, de tulipán a tulipán, ejemplo de tolerancia e integración racial. El segundo holandés en recibir un Balón de oro tras Cruyff, al que sucedió en el citado galardón y predecesor de otro genio llamado Marco Van Basten.

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