Histórico
25 noviembre 2009Jose David López

¿Cómo entiende el fútbol el Bayern?

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21 Bundesligas, 14 Copas alemanas, 4 Copas de Europa y 2 Intercontinentales ilustran la grandeza del fútbol en Baviera, en Múnich, en el epicentro del fútbol germano por antonomasia. Un espectacular Allianz Arena, la nueva Ciudad Deportiva del antiguo Säbener Strasse (residencia del Bayern desde 1990) y las arcas más solventes de todo el país, se reúnen en un club levantado por y para siempre por aquellos que un día defendieron la elástica muniquesa. Se reúnen pues todos aquellos condicionantes que asegurarían, cuanto menos, un buen camino hacia el éxito pero la crisis deportiva azota con fuerza al gigante teutón, lo entierra en la Bundesliga tras una panda de clubes contestones (Leverkusen, Schalke, Hamburgo o Hoffenheim) que buscan su parte dentro de un pastel que un día fue netamente propiedad bávara y que ahora ilustra mejor que nunca el caos del otrora indiscutible dictador germano. De paso, en Europa el escalón ocupado está cada día más bajo.

Hace apenas dos campañas (sin contar la actualmente en juego), el Bayern inició una nueva filosofía de mercado. Contrariamente a su dinámica de retro-alimentarse de su propio campeonato, fichando a todas las estrellas emergentes que el resto de clubes explotaba y que fue su seña de identidad durante décadas, expandió sus redes, amplió horizontes y se convirtió en un club comprador allá donde hubiese un jugador potencialmente atractivo.

Casi sin oposición y sorprendiendo a más de uno, logró cerrar a dos jugadores cuyo caché y estilo estarían más relacionados con otro tipo de fútbol pero la realidad es que la dupla Ribery-Toni, no tardó en demostrar su peso y potencial en el césped, lo que les volvió a coronar en Alemania. Sin embargo, el problema, el mismo de siempre, no se erradicó y aún hoy colea como el mal endémico de un ente incapaz de entender la realidad del fútbol actual. Incapaz de entender su gran obstáculo. La base de su deterioro.

Con ese título (pese al descalabro europeo), se limpiaron del recuerdo dos graves crisis vividas con Magath o el idolatrado Hitzfeld (que incluso regresó poco después para salvar el caos) pero cuando el club decidió contratar al héroe nacional del 2006, Jurgen Klinsmann, toda Alemania creyó entender que el gran Bayern volvía. No hace falta decir que tanto el ex seleccionador alemán como el polémico y singular Louis Van Gaal en estos momentos, padece las consecuencias de un fútbol arcaico, falto de creatividad, de diseño, de organización y de alguna alternativa ofensiva variada que no sea el siempre arcaico balón largo y las acciones a balón parado. En Múnich nunca fueron amigos del mediocentro creador sino de un hombre de carácter, pleno de facultades físicas y con mucha capacidad de llegada al área rival pero el fútbol, en su afán por mejorar y competir día tras día, ha defenestrado ese rito que en Baviera aún hoy no son capaces de renovar.

No hay mejor explicación que un ejemplo que, durante años, hemos podido observar en el Bayern. Lucio, ese central tan ofensivo, tan alocado en labores defensivas y con la inercia del mismísimo Roberto Carlos, dejó para la galería cientos de arrancadas de valor con la pelota en sus pies buscando una meta que pocas veces encontró con sentido. Acabó estrellándose no menos de cien veces pero su afán no decaía. El motivo no era otro que la falta de claridad y el poco sentido lógico en el fútbol practicado por su equipo. Sin mediocentros creativos, sin opción a empezar una jugada con sentido, sin criterio con el balón en los pies y obligado a buscarse sus propias opciones, Lucio acabó desesperado y el Bayern ahogado en un mar de penas. Hace veinte años bastaba con tener un killer de área, una defensa rocosa y un portero caracterial pero ahora hay que tener sensatez, imaginación y desborde, algo de lo que adolecen en el Allianz. Lucio, por cierto, sigue sufriendo este problema en el Inter de Mourinho por el mismo motivo (más allá de que su ahínco ofensivo ya es insultante).

Sin embargo, no por su claridad y por la necesidad absoluta de encontrar un eje de operaciones para su juego, el Bayern ha sabido solventar ese problema. No era el argentino Sosa (ya de vuelta en Estudiantes), no lo será jamás Ottl (un comodín sin más), tampoco el ‘superado’ Baumjohann, Demichelis (que alguna vez actuó en la medular), el joven Kross (que ahora disfruta de libertad en Leverkusen) o la reciente estrella Muller. Además, el club, en una decisión absurda, dejó marchar a su mejor hombre en este sentido, el jugador con mayor claridad, Zé Roberto. Ninguno de ellos puede tener el cargo por más que la directiva quiera encontrar un ‘jefe’ en ellos por lo que, pese a intentarlo fallidamente con Tymoschuk este verano (incomprensible que Van Gaal le esté colocando a veces en la banda derecha) pero, sobre todo, ningún jugador merecería el castigo de querer llevar las riendas muniquesas con Van Bommel de compañero. El holandés tiene carácter, experiencia y fuerza para llevar la capitanía pero no para ser el líder técnico de un equipo demasiado hermético. Su portería, por cierto, tambien ha recibido todo tipo de críticas.

Con Robben recordando sus múltiples lesiones, Ribery fuera durante meses por molestias (y a un paso de salir del club este verano próximo) y continuas declaraciones de los jugadores contra el esquema de juego que plantea Van Gaal, el enésimo proyecto bávaro hace aguas y este miércoles puede saltar por los aires. El Bayern Munich recibe al Maccabi Haifa sabiendo que, aún si gana como está previsto, quedará fuera si la Juventus supera a domicilio al Girondins de Burdeos (con las bajas de Gourcuff y Chamack), que ya está clasificado. Sería el final de Louis. Un capítulo más dentro del pretérito defecto del fútbol en Baviera.

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