Histórico
29 octubre 2009Jesús Camacho

Platini “Le Roi” (1983-1984-1985)

michel-platini2El 21 de enero de 1793, por 361 votos a favor, 288 en contra y 72 abstenciones, fue sentenciado a muerte en la guillotina Luis XVI el último rey de Francia. De esta forma se ponía fin a la monarquía absolutista en Francia, un país que no volvió a otorgar su corona y cu cetro dorado hasta más de siglo y medio siglo después, cuando un joven nacido en Jouef (Nancy) por su virtuosismo con el balón se convirtió en depositario del talento y heredero de la corona europea que ostentó con firmeza Johan Cruyff.

Entonces Michel Platini se convirtió en “Le Roi” porque como muy bien dijo Pelé: “Aunque no corriera mucho, a diferencia de Cruyff, y no tuviera demasiada corpulencia física, me gustaba su cerebro, el organizador que era sobre el campo. Era un jugador de cabeza en sentido amplio. Su forma de brillar con Francia y con el Juventus, así como su destreza en la ejecución de las faltas lo convirtieron en el mejor futbolista europeo de los años ochenta”.

Su huella fue imborrable, Giovanni Agnelli, su mentor en la Juve dijo el día que se marchó: “Hoy es un día muy triste, otra parte de nuestra vida que viene y se va. Platini quedará en nuestra memoria como uno de los jugadores más grandes del Juventus”.

Y tienen mucho peso estas palabras porque Agnelli le puso al frente de su Imperio bianconero y porque sobre su figura mucho se ha hablado y se debe de hablar. Y es que nos remontamos a los años ochenta, una década en la que el fútbol produjo genios como Zico, Platini y Diego Maradona. Mucho se discutió en Italia sobre qué jugador merecía el nº1 mundial y Platini lo portó durante un tiempo hasta que Diego explotó y despegó hacia otra galaxia. De lo que no cabía la menor duda es que Platini en Europa y en Francia fue “Le Roi”.

Por edad Platini se encuentra ya entre los futbolistas con los que comencé a disfrutar con este deporte y os lo digo porque el debate entorno a su figura y su estilo de juego fue amplio. Sobre Platini se apuntó que era un tanto frío en el terreno de juego, que parecía no disfrutar jugando pero lo verdaderamente importante es que hacía disfrutar tanto a sus compañeros como a los aficionados. En este caso hablamos de un genio del que Trapattoni dijo en una ocasión: “Michel formaba parte de esa categoría de magníficos jugadores que consideran la preparación física un poco superficial, porque decía: ‘No vamos a disputar los 5,000 metros en los Juegos Olímpicos, así que hay que jugar con los pies'”.

Y a fe que lo hacía por ello os rogaría encarecidamente que no le compararais a Zidane, hablando de genios es absurdo establecer cualquier tipo de comparación. Se os ocurriría por ejemplo comparar a Einstein con Edison o a Gandhi con Aristóteles. Cada uno ha tenido su tiempo, su estilo y su personalidad, sin duda únicos, ese es el mejor homenaje que le podemos hacer y la mayor muestra de respeto que podemos tener con ellos. Respeto y admiración como la que le tuvo Zidane, que tenía en Francescoli a su debilidad pero que a su vez profesaba gran admiración por su compatriota: “Cuando era pequeño y jugaba con mis amigos, siempre elegía el nombre de Platini. Los nombres de los otros ídolos de mi infancia dejaba que se los repartieran mis amigos”.

Así fue este futbolista natural de Jouef pero con sangre piamontesa, lugar del que provenía su familia, en concreto sus abuelos. Francesco, un albañil que emigró de aquellas colinas cercanas a Novara para buscar fortuna en Francia. Allí en Joeuf también nació su padre, Aldo Platini, que era un apasionado del fútbol y que según cuentan tenía ese estilo que caracterizó a Michel, puesto que al parecer fue un gran medio aunque solo jugara al fútbol como aficionado y acabara por ejercer como entrenador en su tiempo libre. Precisamente este hecho no podemos pasarlo por alto en la carrera de Platini puesto que cuando Michel acabó ingresando en el Jovicienne de Joeuf,  se convirtió en maestro y mentor de su hijo. Aldo fue duro con él porque siempre intuyó para su hijo, desde que empezó a tocar la pelota, “un destino fuera de lo normal”. Por ello y cada vez que cometía un error importante le hacía dar veinte vueltas al campo, así comenzó una rutina que acabó por convertir en método de trabajo puesto que Platini acabó puliendo su precisión y su juego hasta límites sobrenaturales.

Michel fue un chico travieso, mal estudiante, que dio mucha guerra, su padre fue testigo de ello pero a su vez vivió en primera persona su sacrificio y su afán de superación: “Michel nunca ha elegido el camino más fácil. En su vida futbolística lo ha hecho todo. Ahora acaba de destronar a un hombre que llevaba años dirigiendo el fútbol europeo. Eso no es propiamente fútbol, pero a la postre hace que me dé todavía más cuenta de todo lo que ha conseguido. Me siento orgulloso, está claro, y su madre también. Estamos orgullosos de haber traído al mundo un chico como él, porque desde que era joven, a pesar de todo, nos las ha hecho pasar moradas”.

Si bien no heredó la fuerza y la garra piamontesa en el terreno de juego, si que heredó el tesón y la perseverancia de ese pueblo, tesón que Michel Platini «Le platine» como le conocían en Francia, demostró desde pequeño cuando en Joeuf en la Rue Saint-Exupery afinó su puntería una y otra vez eligiendo distintos objetivos, primero con un perro llamado Fufi, que fue su primer guardameta, luego con la puerta del garaje vecino a su casa, que fue su primera portería, y por último con todos y cada uno de los postes telegráficos que tenía a su alrededor, que eran usados como diana sin cesar por un chico de siete años que tenía el firme propósito de alcanzar la perfección en el toque de balón.  Precisamente y en referencia a ese can llamado Fufi, un periódico parisino publicó unas bonitas líneas en las que se contaba de forma magistral que el gran Zoff había hecho bien en conocer la historia de Fufi, porque ese perro se había encargado de parar todos los balones que Zoff no había podido atrapar en los entrenamientos con “Le Roi”.

Platini marcó  una época, hizo campeones a Nancy, Saint-Etienne y Juventus, la “Vecchia Signora” a la que llegó para ser el “regista” el solista de un grupo de leales como Scirea, Favero, Brio y compañía, acostumbrados a avanzar y retroceder a golpe de catenaccio, de músculo, pero al que Platini hizo sonar con dos instrumentos de afinación: el balón y su cabeza. Esa cabeza en la que aglutinaba tanto talento y tanto fútbol como para llegar a decir en una ocasión: ” En el campo, en plena acción, si cierro los ojos, puedo ver donde están colocados los demás 21 jugadores”. Y ese balón con el que marcaba, daba pases de gol a sus compañeros y hacia moverse a su equipo.

Un número diez de época que formó una legendaria sociedad con Boniek y que llevó a la “Juve” a la conquista de una Copa de Italia, dos Campeonatos de Liga, una Recopa de Europa, tres trofeos ‘cappocannonieri’, una Supercopa de Europa, la Copa Intercontinental y la Copa de Europa de 1985, aquella de infausto recuerdo disputada en Bruselas, en la que en el estadio de Heysel perdieron la vida numerosos seguidores de la Juve y el Liverpool.

Aquí  en España posiblemente le recordemos con cierta desazón porque su figura nos “tele transportará” al año 84, por aquel gol a Arconada en la Eurocopa de Francia, pero yo prefiero recordarle por aquella media de lujo que formó con Gires y Tigana en la selección. El equipo azul del gallo que pese a sufrir una doble decepción tras ser eliminada en los Mundiales de 1982 y 1986 por Alemania Federal, nos dejó momentos memorables, primero en España 82 con aquel empate a tres ante los alemanes y luego en México, del que aún recuerdo ese otro empate a un gol entre franceses y brasileños.

En definitiva aquí queda la historia de Platini, “Le Roi”, ese chico que a la edad de diecisiete años fue a probar a Metz y en el examen médico al someterse a la espirometría, la emoción le llevó a tal grado de ansiedad que casi pierde el conocimiento y dio como resultado la exigua cantidad de tres litros de aire, por lo que fue rechazado por debilidad y con un disparatado diagnóstico de “insuficiencia cardiaca”. Disparatado por lo que luego llegó a ser, por lo que consiguió, por convertirse en el primer futbolista de la historia en conseguir tres Balones de oro de forma consecutiva y por marcharse el 17 de mayo de 1987, en uno de sus mejores momentos, a los 32 años de edad, con el depósito desbordante de talento pero según su criterio vacío de combustible y motivación para seguir deleitándonos con su fútbol.

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