Histórico
12 octubre 2009Jesús Camacho

Equipos Históricos: El ‘Wunderteam’ austriaco

wunderteamEl Danubio es el segundo río más largo de Europa, después del Volga. Nace en la Selva Negra de Alemania de la unión de dos pequeños ríos, el Brigach y el Breg, atraviesa diez países europeos y a sus orillas y especialmente a su paso por Viena y Budapest se formó la inolvidable “Escuela del Danubio”, los primeros retazos del “Fútbol Total” escenificados entre otros por el “Wunderteam austriaco” y “Los Mágicos Magyares”.

Quizás para muchos el fútbol austriaco sea un auténtico desconocido y tan solo nombres como Polster, Prohaska, Ernst Happel y Krankl les pueda venir a la memoria a la hora de hablar de Austria, pero en la década de los treinta surgió un maravilloso equipo de fútbol que fue conocido con el apelativo del “Wunderteam Austriaco”. Dicho equipo y según palabras de quizás el técnico que más supo del “Futbol total”, Rinus Michels, es el pionero de tan célebre y conocido estilo de juego. Según Michels, Holanda no fue la primera en practicar el fútbol que a él le gustaba sino que antes el “Wunderteam Austriaco” y luego los “Mágicos Magyares” de Hungría les enseñaron el camino.

Jimmy Hogan y la “Escuela del Danubio”

Como hemos citado anteriormente el “Wunderteam Austriaco” surgió en la década de los treinta de la mano del técnico Hugo Meisl, un técnico que había destacado por su capacidad organizativa y de dirección puesto que junto a Delauney fue uno de los impulsores de la creación de una gran competición mundial, ensanchando las fronteras de una competición de la que él había sido principal impulsor en 1924, la Copa de Europa Central o Mitropa.

Dejando a un lado su trabajo directivo, Hugo Meisl fue el creador del famoso “Wunderteam”, nombre con el que se bautizó a la selección de Austria entre 1931 y 1935. Pero antes de adentrarnos en el estudio de aquel mítico equipo debemos abordar un hecho fundamental que propició una evolución tan positiva del juego que ha perdurado en su base fundamental hasta nuestros días. El precursor de la citada idea fue Jimmy Hogan la persona más influyente en la carrera de Meisl como técnico, él le transmitió lo que fue llamado fútbol de estilo escocés, raseando en todo momento el balón y jugando con pases cortos. A Jimmy Hogan se le considera el creador de la “Escuela del Danubio”, su legado al mundo del fútbol le convierten en el padre del llamado “fútbol moderno” al que por entonces también se le conocía con el sobrenombre de “fútbol moqueta”. Hogan por tanto es una figura histórica fundamental en la evolución del juego y la persona que más influyó en los conceptos técnico/tácticos de Meisl y de aquel Wunderteam austriaco. Y es que Meisl acostumbraba a mantener largas conversaciones mientras tomaba café con Hogan, al que acabó por llevarse a su país

En Austria, Hogan, además de regalar su filosofía introdujo una serie de innovaciones como la dieta proteínica de los futbolistas, reduciendo el consumo de carne y aumentando la fruta y los hidratos de carbono, una circunstancia que como se ha demostrado es vital para el rendimiento de los deportistas y componen la sólida base alimenticia que les permite seguir un exigente entrenamiento diario.

Hugo Meisl y su “Wunderteam”

Hugo Meisl asumió el cargo de seleccionador 22 de diciembre de 1912, debutando con una victoria en Génova ante Italia 1-3. En su primera etapa como seleccionador permaneció tan solo dos años al frente de Austria, puesto que la I Guerra Mundial se cruzó en su camino y Meisl estuvo cinco años sirviendo en el ejército.

Posteriormente en 1919 volvió a asumir el cargo de seleccionador y fue entonces cuando gozó del tiempo necesario para poder poner en práctica todo lo que debatía con su gran amigo Jimmy Hogan. El cenit de su trabajo lo vivió a principios de la década de los años treinta, cuando las piezas encajaron a la perfección y Austria se convirtió en la que está considerada como la mejor selección de la historia de antes de la Segunda Guerra Mundial. Meisl, inteligente donde los haya, aceptó el reto y confió en las ideas de Hogan y juntos pudieron ver sobre la cancha aquella extraordinaria Austria que basó su juego en un 2-3-5, dispuesto en ‘W-M’, en el que el mediocentro creativo jugaba un papel fundamental.

El ‘genio': Mathias Sindelar

Sería en el periodo de tiempo comprendido entre 1931 y 1935 cuando el legendario Wunderteam de Meisl ofreció su extraordinario repertorio futbolístico. El proyecto se basó esencialmente en dos nombres, el primero el de Hugo Meisl y el segundo el de el conocido popularmente como der Papierene (“el bailarín de papel”) a causa de su aspecto delgado y frágil, el legendario Matthias Sindelar, también conocido como “Mozart” por su virtuosismo técnico y elegancia.

Este técnico puso en práctica la difícil concepción futbolística de que la mejor defensa es un buen ataque. Su equipo ejercía un continuo pressing ofensivo y basaba su éxito en la posesión del balón siempre mirando hacia la portería rival. Austria salía al terreno de juego sabiendo lo que iba a hacer y en gran parte también se debía a la mítica figura de Matthias Sindelar, considerado en su momento como uno de los mejores jugadores del mundo. El legendario jugador pese a ser delantero y llevar el nº9 a la espalda, era el director de orquesta y estaba escoltado en defensa por Karl Sesta y Franz Wagner, en la media por Josef Bican y Karl Zischek y por Johann Horvath y Rudolf Viertl en la punta de ataque. En definitiva el pressing ofensivo que desplegó desconcertó a sus rivales e hizo célebre la frase de “La mejor defensa es un buen ataque”.

Imponente racha de victorias

Hugo Meisl, solía decir: “Antes de incluir a un torpe, prefiero jugar con diez”. Sindelar enseñó al mundo cómo debía circular un balón sobre el terreno de juego y Austria con una victoria por 2-1 sobre Checoslovaquia, el 12 de abril de 1931, abrió una impresionante racha de 14 partidos invicta, consistente en 11 victorias y 3 empates. Fueron muchas selecciones las que sucumbieron ante la “Orquesta del Danubio”, Alemania, que sufrió dos goleadas ante los austriacos, 0-5 en Berlín y 5-0 en Viena, Hungría que sucumbiría 8-2 pero que quedaría marcada por la exquisitez de su fútbol y basaría su posterior éxito en los fundamentos del juego que pudieron degustar aquella noche. Y Escocia, que cayó por primera vez en el continente europeo el 16 de mayo de 1931 en Viena por 5-0 que supuso uno de los momentos culminantes del Wunderteam de Meisl.

Finalmente cayeron en el mítico Stamford Bridge londinense, el 7 de diciembre de 1932, cuando el conjunto de Meisl cayó en un épico y legendario partido 4-3 ante Inglaterra. Fue en la cuna del fútbol donde pisaron la lona pero cayeron dejando una impronta difícil de borrar que quedó grabada en la memoria histórica de los aficionados al buen fútbol. Posteriormente y antes del Mundial solo perdería otro partido ante Checoslovaquia, llegando a la cita con una impresionante racha entre 1931 y 1934, (de 28 victorias, un empate y dos derrotas en 31 partidos), anotando la escalofriante cifra de 102 goles. Poco antes del Mundial y para confirmar su candidatura al Campeonato, Austria venció 2-4 a Italia en el Estadio Mussolini de Turín.

Mundial de Italia de 1934

Con estos antecedentes cuando llegó la cita del Mundial de Italia de 1934 a nadie le extrañó que la selección de Meisl fuera considerada como una de las grandes favoritas. Lo tenían todo a su favor pero desgraciadamente se cruzó en su camino Italia y la figura de su técnico: Vittorio Pozzo. Pero antes Austria se encargó de superar a Francia 3-2, a Hungría en cuartos de final, al imponerse por 2-1 en Bolonia, en un encuentro que trascendió lo meramente deportivo y tal y como dijo Sindelar rayó la violencia, puesto que tras el mismo más de media selección austriaca acabó lesionada y con muchos problemas para afrontar el trascendental choque ante Italia. Si consideráramos el juego del Wunderteam como un veneno mortal, no cabe duda de que su antídoto estaría en la selección italiana de Vittorio Pozzo: ese antídoto se llamaba Luis Monti, que le hizo un marcaje espléndido a Sindelar en las semifinales de aquel Mundial.

Además de Monti, Italia tuvo como aliada a la lluvia que enfangó el mítico estadio de San Siro, a Giampiero Combi, guardameta italiano que hizo paradas antológicas y a su esquema táctico, que cortocircuitó el juego austriaco. Si a todo ello unimos a aquel ‘sospechoso’ arbitro sueco llamado Ivan Eklind, que acabó por noquear a la sensacional escuadra austriaca, a nadie le puede sorprender el injusto final que vivió el legendario conjunto de Meisl.
Pozzo le ganó la partida a Meisl e Italia se metió en la final al vencer 1-0 con el gol de Guaita a los diez minutos de juego. Por su parte Austria que quedó muy tocada y a las puertas de la gloria, acabó perdiendo en el encuentro por el tercer y cuarto puesto sin Sindelar y ante Alemania.

A partir de entones la amistad de Meisl y Pozzo se resintió, aquel gol hizo mucho daño y el magnífico técnico austriaco se sintió robado por lo que la vieja amistad sufrió un claro enfriamiento. Tal y como refleja la historia, Austria no volvió a ser la misma tras aquella decepción y pese a que fueron segundos en los JJOO de Berlín de 1936 (en los que cayeron curiosamente también ante su bestia negra: Italia) y a que cuatro años después jugaron las eliminatorias para el mundial de 1938, la anexión con Alemania que encabezó Hitler en los albores de la Segunda Guerra Mundial se encargó de acabar con la vida del legendario Sindelar y fue testigo de la muerte de Hugo Meisl el 17 de febrero de 1937.

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