Histórico
11 octubre 2009Jose David López

El día más grande del fútbol boliviano

bolivia-1993Este domingo, el colorido y ambiente de La Paz recibe con gran emoción a la selección brasileña. Pese al gran momento de la canarinha, que marcha líder de la fase eliminatoria y emana felicidad y decisión tras imponerse en la Copa Confederaciones, los Papis buscarán una nueva heroicidad (como la lograda hace meses cuando golearon con estrépito a la albiceleste). Sin embargo, en contra de lo que muchos piensen, aquella no fue la victoria más emotiva de su historia. Bolivia, liberada de presiones que tengan que ver con el pase mundialista (mposible de conseguir) desde hace meses, tiene una fecha que recordar (25 de julio de 1993), un escenario enclavado en el tiempo (el propio Hernando Siles) y protagonistas de similar caché para pensar en repetir gesta ante un ‘gigante’. Aquella que un día ya les hiciera grande.

Era la Bolivia de Xavier Azkargorta, el técnico más idolatrado en la historia del país y el mismo que actualmente sigue generando grandes reverencias cuando pisa suelo boliviano. El Bigotón, descubridor de talentos como Fernando Redondo o Shunsuke Nakamura (a ambos les hizo debutar al primer nivel), se aventuró a las Américas tras su paso por los banquillos españoles (es el técnico más joven en haber debutado en Primera con sólo 29 años). La Selección boliviana suponía un reto pues, como en la actualidad, estaba gravemente dañada por su economía, por la escasez de medios, inversiones y jugadores de nivel. La sombra de los ‘gigantes’ sudamericanos era demasiado alargada y tocó trabajar desde cero sobre una generación que, en palabras del propio Azkargorta “se quería poco, como todo jugador boliviano”.

Intentando ejercer de psicólogo, propuso un sistema de trabajo basado en el amor propio, en el orgullo individual “olvidando la bandera, el escudo, la afición o el país que se defiende”. Así, con un grupo en el que tenían cabida jugadores como Trucco, Cristaldo, Erwin Sánchez o Marco Etcheverry, inició con muy buena imagen su periplo en las eliminatorias de clasificación para el Mundial de USA 1994. El formato no era como el actual, sino que fue la última vez que los 9 equipos (Chile estada sancionado) quedaron divididos en dos grupos independientes que luchaban por 3,5 plazas, ya que el cuarto en el global de ambos grupos se enfrentaría a Australia en una instancia de repesca. Hay que recordar, además, que toda la fase se disputaba apenas en tres meses de plazo, no como el actual de más de dos años. Un partidazo tremendo sobre Venezuela en Puerto Ordaz (1-7), les otorgó el record a la mayor goleada a domicilio anotada hasta la fecha en eliminatorias mundialistas y, de paso, generó máxima expectación para la visita de Brasil en la segunda fecha.

La canarinha, dirigida por Carlos Alberto Parreira, estaba liderada por Cafú, Mauro Silva, Zinho, Raí o Bebeto y aunque llegaba necesitada de puntos tras haber empatado en la primera jornada con Ecuador, la confianza era máxima pues Bolivia no dejaba de ser un mero comparsa y Brasil aún no conocía la derrota en 40 años de eliminatorias mundialistas. La cita se descompensó en medio campo ya que los locales supieron no sólo controlar los avances de Leonardo y las arrancadas de Zinho, sino frenar el dominio de sus mediocentros e imponerse en la batalla física y creativa con Melgar y Valdivieso en contención. La calidad la fabricaban el ‘Diablo’ Etcheverry y Erwin, siendo el segundo el protagonista de la primera acción clave. El otrora jugador del Benfica y actual seleccionador boliviano, dispuso de una pena máxima que atajó con los pies Taffarel a diez minutos del final del choque.

Parecía, como tantas otras veces, que Brasil estaba destinada a sacar tajada pese a ser dominado peor cuando las esperanzas locales casi se derrumbaban, apareció la diosa fortuna, aliada con los bolivianos y personificada en el ídolo Marco Etcheverry. Una arrancada de potencia y ambición allá por el minuto 88 de un partido alocado y muy desdibujado tácticamente, generó espacios en la zaga brasileña que el ‘Diablo’, agotado y sin ideas, aprovechó para mandar un tímido centro al primer palo de la portería brasileña. Por causas inexplicables aunque históricas, Taffarel colocó mal su pierna de apoyo y, como si de la leyenda más inesperada se tratase, la pelota se rebasó la línea de cal (ver video). Aquella locura desató a los bolivianos que, ya en el descuento, encontrarían mayor premio con un segundo tanto, obra de Álvaro Peña tras una contra con excepcional pase de Etcheverry. El crack, ídolo de masas con sus entonces 22 años, declaró minutos después que estuvo a punto de retirarse debido a una lesión muscular a los diez minutos pero… “si salía, ¿Quien iba a meter el gol?”, bromeó.

Brasil sumaba así su primera derrota en la historia del certamen, mientras Bolivia desataba las pasiones y emociones de la fiesta deportiva más grande que se haya registrado hasta la fecha. Ese golpe moral encarriló el sueño mundialista pues, con la confianza por las nubes, derrotaron a Uruguay (2-0) y lograron el punto definitivo ante Ecuador (1-1) para culminar una proeza que les llevaría, con méritos propios, por primera vez a un Mundial (habían sido invitados en sus dos participaciones anteriores). Fue un día prácticamente irrepetible, una osadía con acento español que encontró clonación ante Argentina el pasado mes de abril (6-1) y que ahora pretenden clonar para devolver el ambiente esperanzador al Hernando Siles.

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