Histórico
17 octubre 2009Francisco Ortí

El Barcelona escapa con vida

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Un sabio dijo una vez que la vida puede ser maravillosa. El adiós de personas como quien acuñó esta expresión dificulta creer en ella, pero con partidos como el protagonizado por el Valencia y el Barcelona uno se obliga a pensar que el sabio tenía razón. No fue el espectáculo preciosista que se esperaba por los jugones que saltaron al terreno de juego, pero sí un encuentro vibrante al que sólo le faltaron los goles.

Durante los momentos previos al encuentro la atención la centró la titularidad o no de David Villa. La resolución del misterio sorprendió a todos. El asturiano se cayó de la convocatoria a última hora, y Unai Emery cubrió su ausencia de una manera totalmente inesperada. No fueron ni Zigic ni Miku los encargados de sustituirle, si no el francés Mathieu. El defensa saltó como interior izquierdo y Mata se convirtió en improvisado ariete.

El innovador esquema valencianista sorprendió a contrapié a Pep Guardiola y al Barcelona, que se mostró desconocido durante la primera mitad. La movilidad que aportaban los bajitos Mata, Silva y Pablo Hernández privó a Puyol y Piqué de una referencia clara en ataque y tuvieron problemas se sincronización. A ellos tres hubo que sumarle el inesperado protagonismo que asumió Miguel, llegando con insistencia desde el lateral derecho y realizando un poderoso despliegue físico.

El balón se convirtió en un objeto desconocido para un desconocido Barcelona. Impreciso, nervioso y huérfano de un referente ofensivo, el conjunto azulgrana no logró desplegar el estilo de juego que abandera con orgullo. El Valencia, también torpe en la construcción, supo encontrar en las imprecisiones culés a su mejor creador. Así, llegaron las ocasiones más peligrosas para el bando local, pero ni Pablo, primero, ni Mata o Silva después mostraron tener la frialdad de David Villa para batir a Víctor Valvés.

Así, el empate a cero campeó en el marcador hasta el descanso, pero a que el Valencia había realizado méritos para marcharse con ventaja en el marcador. El parón permitió a Guardiola reajustar piezas y reconstruir el Barcelona que aterroriza al mismo tiempo que seduce. Las nuevas instrucciones de Guardiola surtieron efecto en los azulgrana, quienes no recuperaron su mejor versión, pero se acercaron a ella y volvieron a sentirse cómodos con el balón en los pies.

Con el paso de los minutos el Barcelona fue asumiendo la iniciativa en el encuentro e imponiendo su juego. Así, aparecieron las primeras ocasiones a favor del Barcelona, mientras que el Valencia apostó descaradamente por buscar salir a la contra con balones altos buscando los centímetros de Mathieu y la velocidad de sus bajitos. Las dos apuestas propiciaron los mejores momentos del partido. Los niveles de adrenalina se mantuvieron altos hasta el desenlace del encuentro. Finalmente, los jugones no encontraron las llaves y el gol faltó a su cita, pero no el espectáculo, ni la emoción.

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