Histórico
17 octubre 2009Ariel Judas

Ansiedad oral, exceso verbal y otras hierbas

maradonaDiego Maradona consiguió el primer objetivo para el cual fue contratado por la Asociación del Fútbol Argentino al clasificar a la Albiceleste al Mundial de Sudáfrica. Con lo justo. Con la sensación de haber quedado en deuda en el plano futbolístico, incluso.

En una federación en la que impere el sentido común y la cultura del trabajo, el pase a la Copa del Mundo puede ser empleado como espaldarazo final, como voto de confianza para que -con tiempo- el cuerpo técnico consiga remedar los errores y elaborar soluciones y alternativas para produndizar en los aciertos. Pero el Diez -con sus declaraciones pronunciadas el miércoles por la noche en el Centenario- sesgó cualquier posibilidad de análisis futbolístico, de evaluación táctico-estratégica de cara a Sudáfrica 2010. Diego Maradona pone nuevamente en seria duda -de manera burda, rencorosa- su capacidad emocional y psicológica para seguir al frente de la selección argentina y de -mucho más complicado aún- conseguir el título de campeón con el equipo de su país.

FREAK SHOW

Eran las diez de la noche del miércoles en una glacial Montevideo. Argentina, tras un partido trabado, duro, complicado, conseguía derrotar a Uruguay y quedarse -en el último encuentro de la eliminatoria sudamericana- con una plaza para la Copa del Mundo del año próximo. Sin brillar -jamás lo hizo en todo el certamen-, jugando de manera inteligente en pos del empate o de la victoria que le diera la clasificación, la Albiceleste puso el partido en el congelador gracias a un Juan Sebastián Verón que -con toda la intención del mundo- hizo click en el mando de la slow motion y tiró de los piolines de la marioneta dos veces campeona del mundo. Un goleador freak, un abrazo freak entre Diego y el Doctor (“¿Pero cómo? ¿No era que estos dos estaban peleados a muerte?” gritaba uno, incrédulo y con la boca llena de spaghetti al observar esa escena tan bizarra), y la mayor expresión de freakismo maradoniano de la que yo tenga memoria en el terreno de juego y en las entrañas del venerable coliseo uruguayo.

Un Tres por Uno demoledor para la golpeada neurona de quien escribe.

“… un goleador freak…”

El nombre menos esperado, el menos tenido en cuenta por las redes adversarias. Jugó apenas diez minutos y el del miércoles fue su debut con la selección absoluta de su país. Su ingreso fue pitado por la hinchada uruguaya. El cambio del volante central de Huracán por Gonzalo Higuaín fue tomado como un acto de cobardía futbolera para los seguidores de la Celeste. La entrada de el Gringo fue recibida con un interno insulto por parte del público argentino. Lo cierto es que Mario Bolatti se aseguró su lugar en la historia del seleccionado, como lo hizo Ricardo Gareca en 1985. Con su gol, el cordobés le da a esta fea versión de la Albiceleste un nuevo sueño mundialista, justo cuando estaba a punto de despertar. Con su gol, además, el jugador de Ángel Cappa selló la primera victoria oficial de Argentina como visitante frente a Uruguay en treinta y tres años. Con su gol, el dorsal cinco tal vez vuelva a tener la oportunidad de regresar a Europa, tras su flojo paso por el Porto.

“… un abrazo freak entre Diego y el Doctor…”

Estas eliminatorias comenzaron con Alfio Basile como entrenador. Demasiados altibajos deportivos y una desconexión brutal entre el Coco y futbolistas muy jóvenes como Leo Messi y Sergio Agüero son el resumen del paso del actual cuerpo técnico de Boca Juniors por la selección. El tema se fue agravando, hasta que en la décima jornada, en Santiago de Chile, la Roja de Marcelo Bielsa le propinó un histórico peludo a los jugadores argentinos. Basile se quedó sin el respaldo de sus players y presentó su renuncia en el avión de regreso a Buenos Aires. Pese al mal juego, Argentina estaba cómodamente clasificada en las primeras posiciones de la eliminatoria.

La ruleta con los nombres para reemplazar al entrenador de la garganta con arena comenzó a girar. Y la bolita, que parecía que iba a detenerse en la casilla de Carlos Bianchi, finalmente lo hizo en la de Diego Maradona. Terror e ilusión. Rechazo y sensación de que -por fin- se saldaba una vieja cuenta con el astro. Todo eso junto significó la designación de Pelusa como seleccionador. Y se vio aumentado o reducido -dependiendo del lado de la raya filosófico-futbolística de la que estés- con la llegada de Carlos Bilardo como manager de la AFA.

La idea inicial (al menos la que se vendió originalmente) era la de que Diego contaría con la asesoría profesional del Doctor a lo largo de las eliminatorias. La realidad y las declaraciones vertidas por una y otra parte -especialmente en el último mes- dejaron en claro que el distanciamiento entre Maradona y Bilardo era cada vez más patente. La lista de convocados para el amistos frente a Ghana y la falta de presión de la federación argentina sobre el Manchester City fueron los últimos dos puntos de enfrentamiento público. Por eso, la presencia de Bilardo en el túnel de vestuarios, indicando los cambios que el equipo tenía que hacer en su opinión (y que luego se concretaban en el terreno de juego), y su lacrimógeno abrazo con Maradona al finalizar el partido merecen aún una explicación o aclaración.

“… freakismo maradoniano…”

El periodismo argentino -con razón o no- siempre ha sido mucho más pro Maradona que anti Maradona. Sea por reconocimiento histórica a la figura del que fue el mejor futbolista del país, sea por el hecho de estar siempre bien posicionados en la lista de favorecidos cuando el divo decide conceder una entrevista, el hecho es que la radio, la tele, la prensa argentina siempre ha tratado -en líneas generales- con delicadeza y respeto a el Diez.

Pero una cosa es reverenciar a una gloria futbolística, y otra intentar tapar el sol con un dedo. Esta selección no funcionaba cuando estaba al mando de Alfio Basile, y mucho menos lo hace ahora. Maradona no tolera la crítica profesional y, peor aún, la toma como un insulto personal.

El seleccionador -insisto- ha sido tratado con demasiada benevolencia por los periodistas de su país, quienes han ocultado o disimulado tanto como les ha sido posible las carencias de D10s. Maradona prefiere dormir la siesta antes que hacer una doble sesión de entrenamiento con sus convocados. Maradona tiene carencias como entrenador -especialmente en lo referente a lo táctico-estratégico- y acude a la ayuda de colegas: así Antonio Mohamed fue quien armó junto con Diego el equipo que enfrentó a Brasil en Rosario, Bilardo -tal vez con un grado de participación aún mayor- lo hizo el miércoles en Montevideo, y antes de los partidos frente a Paraguay y Perú el Diez -se dice- mantuvo largas charlas telefónicas con Miguel Ángel Russo y Edgardo Bauza. Maradona efectuó llamadas desesperadas en las horas previas al choque ante los de Chemo Del Solar para que los ahora criticados periodistas le pasen información sobre algún jugador que ni él ni sus ayudantes tenían controlado. Maradona no ha sabido manejar su relación con la AFA, pero tampoco ha sido capaz de controlar a una plantilla llena de figuras, lo que ha dejado a muchos de sus principales jugadores dudando sobre la conveniencia de seguir aceptando las convocatorias de la selección, como acaba de decir Carlos Tévez.

Maradona ha prendido fuego a la selección argentina en menos de un año de gestión. Pero -con la clasificación en el bolsillo- aún hubiese estado a tiempo de aplacar la situación. Todo era posible hasta que decidió dejar libre su incontinencia verbal y su ansiedad oral.

“Yo tengo memoria y ahora voy a recordar más que nunca”. Así comenzó Diego su rueda de prensa tras la victoria ante Uruguay. “Para los que me trataron a mí como una basura, hoy estamos adentro. A los que no creyeron en este proyecto, que la chupen… que la sigan chupando. Yo soy o blanco o negro… gris no voy a ser nunca”, remató. Tal vez allí esté el foco del conflicto. Maradona no acepta -o manifiesta ahora no aceptar- los grises, las tonalidades intermedias que existen entre decir “Sí, Diego” a todo lo que él haga y declare, o intentar tener una visión crítica y malintencionada sobre su gestión. De un plumazo -y esta vez es real- el Diez ha conseguido poner a toda la prensa deportiva de su país en su contra. Especialmente después de la agresión personalizada que el entrenador lanzó sobre Juan Carlos Pasman, periodista de América TV, de Buenos Aires.

Las críticas en contra de estas declaraciones de Maradona han arreciado. Desde los medios de comunicación. Desde la opinión pública. Y hasta desde los argentinos que viven fuera del país, quienes han reventado el fax y las casillas de correo electrónico de la AFA, solicitando un pedido de disculpas oficial y hasta el despido del actual cuerpo técnico.

Maradona ha sido entrevistado anoche por Víctor Hugo Morales en Radio Continental, donde -además de analizar el partido frente a Uruguay- aprovechó la ocasión para reafirmarse en sus declaraciones del miércoles. De momento, todo sigue igual… incluso para el presidente de la AFA, quien justificó los dichos de su empleado. En estas primeras horas del viernes, nada parece indicar que Diego pueda dejar de ser el entrenador de la Albiceleste, pero se hace difícil efectuar pronósticos sobre esta materia teniendo a figuras del sorpasso y del cambio de chaqueta verbal como los que tenemos en escena.

LA ALFOMBRA Y LA BASURA

“No hay que esconder las cosas bajo la alfombra” pidió Juan Sebastián Verón, cuando aún celebraba con sus compañeros la clasificación al Mundial. La Bruja -la voz cantante dentro del vestuario argentino, luego de que a Gabriel Heinze se le quitaran un par de galones- es uno de los pocos a los que Maradona escucha. A puertas cerradas, tras la victoria, arengó al cuerpo técnico, a Bilardo, al plantel y a la AFA a poner fin a las diferencias internas de aquí a la Copa del Mundo. Verón fue crítico -lejos de la presencia de la prensa- con la gestión del seleccionador y de la federación.

También lo fue con el desempeño personal de varios de sus compañeros. Javier Mascherano -bien lejos de los exabruptos de Maradona- abogó por recomponer la relación con el periodismo argentino, tras la catarsis del miércoles. Leo Messi reconoce a su llegada a España que aún está en deuda con su selección desde lo futbolístico. Bien por ellos tres y por el resto de sus compañeros de equipo, que han reclamado un poco de normalidad para la Albiceleste. Martín Palermo, Carlos Tévez, Martín Demichelis y Sergio Romero -entre otros- se han expresado en este sentido a lo largo del día de hoy en los medios de su país.

Que el árbol no nos tape el bosque. La selección argentina ha jugado rematadamente mal a lo largo de las dieciocho fechas de las eliminatorias de la CONMEBOL. Se ha clasificado al Mundial con mucha suerte, y una pizca de sagacidad y oficio. El equipo estuvo muy cerca de quedar sin ni siquiera la posibilidad de luchar por la repesca ante Costa Rica. Y tal vez lo tuviera merecido. Los jugadores son conscientes -más que Grondona, más que Maradona, más que Bilardo- de que (al mejor estilo de los Mario Bros.) el fútbol le ha dado a la Argentina una vida extra. Y me parece que con sus dichos y sus actitudes post partido las figuras del equipo han comenzado una revolución silenciosa reclamando normalidad. Entre el manejo quasi mafioso que de todo hace el presidente de la AFA, las carencias y urgencias del seleccionador, los grandes interrogantes que plantea la presencia del manager en el centro de entrenamiento de Ezeiza, y la decepción generalizada que esta selección ha implantado en el pecho de la afición argentina, volver a barajar y comenzar por la normalidad es una buena señal. Solo los jugadores -jugando bien- pueden salvar a la selección de un fracaso en Sudáfrica 2010.

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