Histórico
16 septiembre 2009Jose David López

Unirea y el respeto merecido

unireaLa Champions League es el mayor espectáculo del mundo del fútbol, la competición de mayor expectación, aquella que coloca a los elegidos en la historia y el sueño casi inalcanzable para aquellos clubes inferiores que de vez en cuando se dejan caer con humildad por Europa. Este miércoles Sevilla es el epicentro de ese sueño, de ese ‘otro’ fútbol que la máxima competición internacional también esconde y que sólo nos muestra en sus primeros capítulos. El Sánchez Pizjuán, escenario donde una noche de 1986 el fútbol rumano tocó cielo con el triunfo del Steaua Bucarest, vuelve a ser testigo de las desvergonzadas andanzas de uno de sus representantes. El equipo más afable de cuantos disputan la Champions: Unirea Urziceni.

Y este post no sólo tiene como objetivo presentar en masa a un club que viene de hacer historia en Rumanía y que ha quebrado el dominio de los ‘gigantes’ del país con la procacidad de un humilde que nada tiene que perder, sino reclamar respeto por parte de quienes ya han calificado al campeón rumano (pondría en mayúscula la palabra campeón) como un ‘equipo de amiguetes’. No puedo entender que un profesional del periodismo deportivo (no citaré nombres), sea capaz de decir en directo en televisión que el rival del Sevilla es un ‘paseo’ tratándose de la Champions y menos aún que, cuando conectan con la capital andaluza, el mismísimo Manolo Jiménez casi menosprecie a su dignísimo enemigo de este miércoles al admitir con sorna que desconocía su nombre, algo que no sólo habla de su nula preparación para el choque, sino de la poca cortesía de un técnico que contaba con todos mis respetos hasta ahora.

El para muchos impronunciable Unirea Urziceni es, ante todo, un desconocido que viene empujando a base de trabajo, una estructura basada en la experiencia de todos sus jugadores y la capacidad de sorpresa que ha sabido explotar en sus rivales. Y es que hace sólo cuatro años que el sueño que esta noche vivirá su máximo apogeo comenzó a tomar forma. El empresario de la construcción Dumitru Buscaruw, decidió invertir en el deporte que más alegrías le producía lejos del ladrillo y el cemento, con lo que en 2005 adquirió el Unirea, equipo que militaba por entonces en la Segunda División rumana (a la que había ascendido en 1989 ya que siempre estuvo en categorías inferiores) y que pertenece a la coqueta ciudad de mismo nombre situada a menos de una hora de Bucarest. Apenas unos meses más tarde, el club logró ascender al primer nivel, un objetivo que no habían logrado alcanzar en toda su historia y que iba a significar el impulso definitivo hacia un proyecto serio.

Buscaruw se dio cuenta de que su trabajo estaba dando frutos y para sacar máximo provecho de su inversión, contrató como director deportivo y máximo mandatario institucional del club a Mihai Stoica, famoso por sus grandes dotes organizativas en el Steaua Bucarest y en la federación rumana. Como perfecto conocedor de la realidad del fútbol nacional, que está en plena etapa de cambio debido a las inversiones económicas y a la llegada de numerosos extranjeros que están dando aires revolucionarios al campeonato, otorgó su confianza en un viejo conocido e ídolo del fútbol rumano, el ex lateral internacional Dan Petrescu. El otrora lateral del Chelsea pronto encontró estabilidad tras una primera campaña en décimo lugar y una segunda donde luchó por puestos europeos y llegó a la final de Copa (perdió contra el Cluj), lo que le dio crédito suficiente y le convirtió en ídolo de un club que ahora es conocido como el ‘Chelsea de Ialomita’ (distrito rumano de Montenia).

Dentro de sus limitaciones técnicas, el estilo de Petrescu no admite críticas para todo aquél que quiera alcanzar un éxito en la vida a base de seriedad, profesionalidad y alegría ofensiva en el césped. Balón al suelo, mucho desgaste físico, competitividad colectiva con multi-ayudas que reflejan el trabajo en bloque y, sobre todo, una capacidad sorprendente para aprovechar el factor sorpresa. Pese a la inversión de Buscaruw, encaminada al organigrama directivo y técnico de la entidad, la plantilla no cuenta con fichajes escandalosos, jugadores reconocidos o jóvenes con un talento que reconozcan lejos de sus fronteras. Es más, Petrescu (que juega con tres pivotes y junta mucho las líneas para presionar e imitar espacios) sacó su experiencia e inteligencia a la hora de saber rentabilizar sus euros y, como un auténtico mánager inglés que tiene todo el poder en su mano para hacer y deshacer, formó un bloque con los sobrantes que menospreciaban Steaua, Dinamo o Cluj. Los dio confianza, los resultados empezaron a llegar y el pasado mes de mayo se proclamaron sorprendentes campeones de Rumanía con 70 puntos, superando en tres al Timisoara y siendo el equipo menos goleado del campeonato.

Sólo la mentalidad ganadora de un técnico que puede ir ganando enteros en los próximos años y que podría tener futuro en Premier no demasiado tarde, otorgó esa confianza a jugadores con mucha hambre y solidaridad. Siendo detallistas y metiendo el bisturí en el seno del Unirea, no estaría de más destacar al joven portero lituano Arlaukis (internacional con 21 años), al ‘cerebro’ Apostol y al joven delantero Rusescu, aunque todos desde la más absoluta modestia. Un reto de un colectivo, de un grupo y de una piña que merece el mayor de los respetos. Ellos van a darlo todo.

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